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En la actualidad no hay consenso en Europa sobre cómo salir de la
actual crisis. Las políticas de austeridad de menor gasto público y
mayores impuestos son recesivas, empeoran los ingresos fiscales y hacen
más difícil pagar las deudas.
Andrés Solimano
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Santiago /
Economía – El último gran episodio de la
saga de la crisis europea es el rescate financiero al Estado español por
100 mil millones de euros para recapitalizar su sistema bancario,
medida adoptada el 9 de junio por parte del llamado Euro-grupo de
Ministros de Finanzas de la Unión Europea. Esta operación ha sido
presentada por el Gobierno español encabezado por Mariano Rajoy como un
“préstamo a una baja tasa de interés, sin condicionalidad”,
diferenciándose de los programas de rescate de Grecia, Portugal e
Irlanda. Lo que gatilló este rescate fue la delicada situación de la
banca española y la incertidumbre de la elección griega. La prima de
riesgo de los bonos españoles, en el momento de escribirse este
artículo, seguía subiendo ante los aumentos de morosidades con los
bancos en España.
Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) los bancos
españoles necesitan al menos 40 mil millones de euros en nuevo capital y
tienen carteras de mala calidad cercanas a 100 mil millones de euros.
El rescate español, a pesar de su foco estrictamente financiero, se
agrega a los “rescates macroeconómicos” de Grecia por 240 mil millones
de euros (con dos programas, en los años 2010 y 2012), Irlanda por 85
mil millones (2010) y Portugal de 78 mil millones (2011). A diferencia
de los otros programas, el rescate español no fuerza,
explícitamente,
a recortar el gasto público, despedir trabajadores, elevar la edad de
jubilación, subir impuestos ni otras medidas contractivas. Aparentemente
los países más grandes reciben un mejor trato (menos condicionalidad)
que los más pequeños a la hora de recibir ayuda financiera del exterior.
Sin embargo, España ya estaba implementando políticas de austeridad
antes del rescate. Actualmente un cuarto de su fuerza de trabajo está
desempleada y uno de cada dos jóvenes no encuentra trabajo, optando
muchos por emigrar, en múltiples casos a América Latina.
LAS DUDAS DEL RESCATE
El préstamo de los 100 mil millones de euros agrega a España cerca de
10 puntos porcentuales del PIB más de deuda, elevando su deuda pública a
cerca de 80 por ciento del PIB. El Estado español tendrá, en el futuro,
que pagar más intereses por sus pasivos financieros, desplazando otras
prioridades, como el gasto en educación, salud, seguro de desempleo e
inversión.
La crisis española, como varias de las ya mencionadas, no es una
consecuencia de la existencia del Estado de bienestar —el que, por lo
demás, ha existido por décadas— sino de la expansión enorme de la deuda
asociada al
boom inmobiliario y a una inflación de precios de
activos (propiedades, bonos, acciones) durante la fase de boom económico
anterior a 2008. La corrección del valor inflado de los activos que
supuestamente respaldaban la deuda ha evidenciado el verdadero
“emperador sin ropas” que había detrás de sistemas financieros
sobredimensionados y especulativos. Para evitar una contracción del
crédito generalizada, y quizás una corrida de depósitos, se han diseñado
estos programas de “rescate”, que más bien son de hundimiento al
pasarle al Estado las cuentas de las farras del sector privado. Es la
clásica socialización de pérdidas tras una fase de privatización de las
ganancias, observada en muchas crisis anteriores en el mundo.
En España, cuando entraron en problemas las cajas (bancos de ahorro que en gran parte financiaron el
boom
inmobiliario) se fusionaron en un gran banco llamado Bankia. Para
dirigir este último se nombró como su presidente a Rodrigo Rato, ex
director gerente del FMI; no obstante, este funcionario debió renunciar
recientemente al conocerse las pérdidas de Bankia, presentadas como
utilidades en el balance del 2011. En la actualidad el Banco Bankia
tiene necesidades de caja superiores a 20 mil millones de euros y el
caso se convirtió en un escándalo (un anterior director gerente del FMI,
el francés Dominique Strauss-Kahn, ha enfrentado otros escándalos y
procesos judiciales por abuso sexual). Por otra parte, es interesante
observar el ágil repliegue de bancos de gran calado, como el BBVA, que
anuncia la venta de sus rentables negocios de las administradoras de
fondos de pensiones privadas en Chile, Perú, Colombia y México. Por su
lado, el poderoso grupo Santander ha venido realizando consolidaciones y
ventas de participaciones accionarias en bancos en el Reino Unido,
Brasil, Estados Unidos y otros. Para ambos consorcios bancarios, América
Latina es decisiva como fuente de altas utilidades a nivel consolidado y
de un ambiente propicio, hasta ahora, para los negocios.
El caso español es muy relevante al ser una economía de gran tamaño (la
cuarta en importancia en Europa) y con múltiples conexiones con América
Latina y Chile, tras su intento de “reconquista económica” de la región
en los últimos veinte años a través de la muy agresiva política de
inversiones externas de los bancos mencionados y las multinacionales
españolas, operando principalmente en las telecomunicaciones y la
energía.
La crisis europea se inscribe en un patrón más amplio de crisis
financieras que se han constituido en uno de los rasgos salientes del
capitalismo globalizado, de carácter neoliberal, que surgió desde la
década de 1980. La lista es larga e incluye las crisis de la deuda
externa de América Latina a partir de 1982, de las cooperativas de
ahorro y préstamo en Estados Unidos (
savings and loans crisis),
de los bancos en varios países escandinavos a inicios de los noventa,
la de Japón, la mexicana de 1994, la asiática de 1997, la rusa de 1998,
la de Argentina y Turquía en 2001-2002, seguidas por la gran crisis
financiera y posterior recesión en 2008-09 y su secuela de alta
inestabilidad en Europa, agravada en el primer semestre del 2012,
particularmente en Grecia y en especial en España. La impronta de los
últimos treinta años ha sido la dominancia de un capitalismo financiero
con fortalecimiento de las élites económicas y el surgimiento de una
clase global de superricos (basta ver el listado de billonarios globales
de la revista Forbes). En contraste, es evidente el debilitamiento de
las clases trabajadoras y sus organizaciones sindicales y la aparición
de una clase media heterogénea, consumista y desideologizada. Se ha
avanzado en la privatización de la educación, la salud y otros servicios
sociales y se ha debilitado la democracia participativa. En un ambiente
de confusión conceptual ante una realidad muy cambiante, con el
resquebrajamiento de las aparentes certidumbres del neoliberalismo,
también han surgido movimientos sociales de carácter autónomo a nivel
nacional y globales críticos de la globalización neoliberal.
El triunfo en Grecia de Nueva Sociedad, de centro derecha, en la
elección del 17 de junio, con una plataforma moderadamente
proausteridad, no ha calmado a los mercados ya que el equilibrio
político en esa nación permanece incierto y las condiciones de la
economía son muy frágiles. Un escenario probable parece ser una
renegociación del programa de ajuste de febrero de 2012 en condiciones
menos duras… aunque también Europa “puede dejar” caer a Grecia,
forzándola a salir del euro, y concentrarse solo en salvar a España e
Italia.
CRISIS ECONÓMICA Y EL PODER DE LAS ÉLITES
La crisis del 2008-2009 en Estados Unidos y sus repercusiones en Europa
y a nivel global fue el fin de un período de expansión de más de
veinticinco años, acompañada de desequilibrios fiscales, de cuenta
corriente de balanza de pagos y sobre todo de un alto endeudamiento de
las familias, el Gobierno y las empresas. Particularmente notoria, en
este lapso, ha sido la influencia no solo económica sino también
política del sector financiero (Wall Street, en Estados Unidos; la City
en Londres, y los bancos en España, Francia, Alemania y otros países).
Las puertas giratorias entre ejecutivos y asesores de los bancos,
ministros de Hacienda, gobernadores de Bancos Centrales y reguladores,
crearon una cerrada élite tecnocrática-política que ha terminado
suplantando los mecanismos naturales del sistema democrático por los
intereses de la banca y las grandes corporaciones. Los ejemplos del
exclusivo círculo abundan: el presidente Barack Obama, del Partido
Demócrata, en Estados Unidos, tiene más oficiales provenientes de Wall
Street que cualquier otro de los gobiernos precedentes, incluidos
aquellos encabezados por presidentes republicanos. Mario Dragui fue alto
ejecutivo de Goldman Sachs antes de ser gobernador del Banco de Italia y
de, más recientemente, asumir como gobernador del Banco Central
Europeo. El primer ministro Lucas Papademous, en Grecia, también tenía
conexiones fuertes con el sector financiero y la academia.
Una característica del proyecto del euro es el desmedido poder que han
asumido las instituciones supranacionales que no rinden cuentas ante
ningún electorado, como son el Banco Central Europeo (BCE), el FMI y la
Comisión Europea, CE. Esta
troika ha sido capaz de imponer
medidas de austeridad con amplios impactos sobre el crecimiento, el
empleo, los salarios, los beneficios sociales. Recientemente, Berlín y
la
troika han convencido a los Gobiernos europeos de firmar el
Tratado de Estabilidad, Cooperación y Gobernanza en febrero del 2012, el
que aún está pendiente de aprobación por los parlamentos nacionales.
Este tratado pone una camisa de fuerza a la política fiscal a nivel
constitucional y disminuye las atribuciones de los parlamentos
nacionales y el Parlamento Europeo en las decisiones fundamentales de
política fiscal y económica de los países de la Unión Europea.
La
troika, en el 2011, promovió la remoción de los primeros
ministros en Italia (Silvio Berlusconi) y Grecia (Giorgios Papandreu).
Ambas autoridades cayeron en desgracia y debieron renunciar al quedar
sin “piso internacional”. La
troika —no el electorado en sus
respectivos países— decidió que estos eran líderes sin fuerza ni
credibilidad para imponer políticas de austeridad en sus territorios
nacionales, lo que dejó en evidencia el poderío político real de estas
instituciones supranacionales y de la canciller alemana Angela Merkel, a
la vez que la debilidad de las instituciones democráticas de estos.
PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS EN LA ACTUAL FASE DE LA CRISIS EUROPEA
A mediados del 2012 los puntos más neurálgicos de la crisis económica
europea se concentran en España (con un rescate que no convence) y en
Grecia (con Europa evaluando si es más caro ayudar a este país a
quedarse en el euro o a salirse). Las primas de riesgo de los bonos del
Gobierno de Italia permanecen muy altas, sugiriendo que este país puede
ser el próximo candidato a un rescate de la Unión Europea y el FMI.
En la actualidad no hay consenso en Europa sobre cómo salir de la
actual crisis. Las políticas de austeridad de menor gasto público y
mayores impuestos son recesivas, empeoran los ingresos fiscales y hacen
más difícil pagar las deudas. Se pide un cambio a políticas
procrecimiento. Por otra parte, se ha sugerido la creación de una unión
bancaria europea con un ente regulador central de la Unión Europea.
También se pide la emisión de euro bonos. En la actualidad el Banco
Central Europeo no puede prestar directamente a los Gobiernos, pero sí a
los bancos comerciales (a una tasa muy baja) que vuelven a prestar
estos recursos a tasas más altas y hacen una ganancia adicional. También
se plantea la necesidad de una unión fiscal y, al final, una especie de
Gobierno supranacional.
La democracia también se tensiona. El alto desempleo, los recortes de
beneficios sociales y las frustraciones de la juventud son caldos de
cultivo para el populismo, la xenofobia, la intolerancia y la violencia.
Además, esta crisis se desarrolla en contextos de alta desigualdad y
manifiesto poder de las élites. Ya se observa un fortalecimiento de los
grupos de derecha radical después de las elecciones en Francia y las
elecciones griegas. Por otra parte, la izquierda no socialdemócrata
también ha crecido en Francia (Melenchon) y Grecia (Tzipras). La actual
coyuntura también evoca los fantasmas de la historia en que el
nacimiento del nacional socialismo en Alemania y el fascismo en Italia
en los años veinte y su ascenso en los treinta coincidieron con severas
crisis económicas en Europa.
Otra fuente de tensiones en Europa es la hegemonía de Alemania en el
manejo de la crisis. El triunfo de Francois Hollande en Francia refleja
un intento de contrarrestar la fuerte influencia alemana, recuperando un
liderazgo más independiente, el que fue sacrificado por Sarkozy al
alinearse incondicionalmente a los dictados de Angela Merkel. La
ausencia de Gran Bretaña, que no optó por el euro hace una década y
siguió con la libra esterlina es también notoria. Otro punto de
vulnerabilidad es la ampliación de las fragilidades financieras de la
periferia europea (Grecia, Irlanda, Portugal) a naciones de mayor tamaño
económico, como España e Italia. Esta película aún no llega a su fin y
muchos desenlaces son posibles para este drama europeo.
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Andrés Solimano. Doctor en Economía. Artículo publicado en revista
Mensaje,
www.mensaje.cl