sábado, 22 de junho de 2013

El Estado y las corporaciones. Entrevista a Noam Chomsky

Da revista Sin Permiso
Noam Chomsky · · · · ·
 
18/05/05
 
 
ZNet Alemania entrevista a Noam Chomsky

Z: Queremos hablar sobre las dos estructuras de poder dominantes de la era moderna: el estado nacional y las corporaciones transnacionales. La primera pregunta es: ¿podría por favor hablar sobre el origen de este concepto de estado nación: por qué fue creado y cuáles fueron las consecuencias?

NC: Bueno, el estado nación es en gran medida una invención europea; quiero decir que había cosas similares, pero el estado nación en su forma moderna fue creado, en gran parte, en Europa, en el curso de muchos siglos. Es tan poco natural, tan artificial, que tuvo que ser impuesto por la vía de una extrema violencia. De hecho ésta es la principal razón por la que Europa fue el lugar más salvaje del mundo durante siglos. Esto se debió a que trató de imponer el sistema del estado nación sobre culturas y sociedades que eran distintas, y que si usted las contempla, no tenían relación con esta estructura artificial.

De hecho, los efectos derivados fueron también la razón principal de que el concepto se divulgara por todos lados. En el transcurso de la creación de los estados nación modernos, Europa desarrolló una cultura del salvajismo y una tecnología de la violencia que le permitieron conquistar el mundo, y al conquistar el mundo intentó imponer el sistema de estado nación allí donde fuera, también de forma artificial y violenta. Si usted contempla los grandes conflictos actuales en el mundo, la mayor parte de ellos son remanentes de los intentos de Europa por imponer el sistema de estado nación donde no tenía sentido hacerlo, que es en casi cualquier lugar del mundo. Las pocas excepciones a esta regla son los lugares en los que la colonización europea simplemente exterminó a la población indígena, como los Estados Unidos y Australia. Ahí usted obtiene sociedades más homogéneas. Por otra parte, la principal razón por la cual los conflictos salvajes terminaron en Europa en 1945, fue que ellos mismos reconocieron que si continuaban con ese juego por más tiempo terminarían exterminándose a sí mismos. Así es como, desde 1945, usted tiene paz interna en Europa. Los alemanes y franceses ya no consideran que el objetivo principal de sus vidas sea matarse los unos a los otros.

Durante el desarrollo del sistema de estados nación, también se desarrollaron, paralelamente, diversas disposiciones económicas que hace más o menos un siglo se convirtieron en lo que se conoce como el capitalismo corporativo contemporáneo, en gran parte impuesto no por vía legislativa sino a través de acuerdos judiciales, y que está estrechamente integrado y vinculado a los estados poderosos. De modo que hoy en día no se puede disociar a los estados poderosos -el G8, los que se están reuniendo en Edimburgo, que realmente son el G1 o el G3, algo así, con poca participación de los otros- de esa historia. Es imposible distinguir a los estados dominantes modernos del sistema corporativo multinacional, de los conglomerados que se basan en ellos, que tienen una relación tanto de dependencia como de dominación sobre ellos.

De hecho, hace dos siglos, James Madison, en un estadio inicial del capitalismo moderno, describió la relación entre los negocios y los gobiernos como la de "instrumentos y tiranos". Dijo que los negocios son los "instrumentos y tiranos" de los gobiernos. Hoy en día, esa definición es virtualmente la definición del mundo. Las corporaciones multinacionales son los instrumentos y los tiranos de los estados poderosos, así que es muy difícil hacer una distinción entre ambos.

Z: Al comienzo del estado nación, ¿cuáles considera que fueron las fuerzas sociales que estaban detrás de él y por qué razón lo construyeron?

NC: Bueno, comenzó en el período feudal con los señores y las batallas por el poder entre señores feudales, reyes, el Papa y otros centros de poder, que gradualmente evolucionaron hacia el sistema de estados nación, en los que una combinación de poderes políticos e intereses económicos convergieron lo bastante como para tratar de imponer un sistema uniforme sobre sociedades muy distintas. Después de todo, en Europa es algo muy reciente, tanto que alcanza la memoria viviente para recordar el momento en que el sistema de estados realmente se consolidó.

Hay mucha gente en Europa que no puede hablar con sus abuelas porque ellas hablan otra lengua. La situación actual es sólo una reciente unificación de poderes políticos, culturales, económicos, y que ahora están empezando a separarse. Uno de los más saludables desarrollos en Europa, en mi opinión, es el proceso de ciertas formas de autonomía que avanzan, en distintas proporciones, en diferentes partes de Europa. Así en España, por ejemplo, Cataluña, el País Vasco, y en medida más limitada otros, están desarrollando un sustancial grado de autonomía.

Acabo de estar en Inglaterra antes de venir aquí; no es realmente Inglaterra, estuve en Escocia, y ahora Escocia tiene un grado de autonomía, Gales tiene un grado de autonomía y yo pienso que éstos son desarrollos naturales que buscan atrás, en su historia, formas de organización social más relacionadas con los intereses humanos reales y sus necesidades. Por cierto, yo estuve bajo investigación, y tal vez lo esté todavía, de los servicios de seguridad del estado turco, por lo que ellos llaman apología del separatismo. En una charla en Dyarbakir, en el sureste de Turquía, dije algunas cosas favorables sobre el imperio otomano. No es que nadie quiera que regrese el imperio otomano, pero ellos tenían ideas correctas sobre muchas cosas. Una de ellas era que dejaban en paz a la gente, en parte por corrupción y debilidad, pero en parte por razones doctrinarias. En toda el área del imperio otomano no había nada parecido a un sistema estatal. De modo que, en una ciudad dada, los griegos cuidaban sus asuntos y los armenios se hacían cargo de los suyos, y otros podían gobernar su parte de la ciudad. Y había una forma de integración. Usted podía ir desde El Cairo a Bagdad o Estambul sin cruzar ninguna frontera o puesto militar o nada que se le pareciera. Ésta tal vez sea la forma correcta de organización para esa parte del mundo y probablemente para cualquier parte del mundo. Y esas son tendencias que están bastante claras en Europa, sobre todo en términos culturales, pero en alguna medida también políticos. Yo supongo que es una reacción a las tendencias centralizadoras de la Unión Europea, que son a menudo bastante autocráticas, particularmente el enorme poder del Banco Central. Pero todo está conectado con la gran concentración de poder económico y político que yace en las manos de los incontables tiranos privados que están estrechamente vinculados al poder del estado y confían en él.

Z: ¿Podría detallarnos cómo las corporaciones llegaron a ser tan poderosas?

NC: ¿Cómo llegaron a ser tan poderosas? Bueno, lo sabemos muy bien. A fines del siglo XIX, hubo grandes fracasos, desastres en los mercados. Se llevó a cabo un experimento breve de algo más o menos parecido al capitalismo -no total, pero sí parcialmente-, con mercados realmente libres, y fue una catástrofe tan grande que los negocios anularon este experimento porque no podían sobrevivir. Tras ello, se dieron avances para superar esos severos fracasos de los mercados, que condujeron a diversas formas de concentración de capital: consorcios empresariales, cáarteles y demás, y lo que emergió fue la corporación en su forma moderna.

Y los sistemas judiciales otorgaron derechos a las corporaciones. Quiero decir, yo conozco la historia angloamericana bastante bien pero pienso que el proceso es más o menos el mismo en todos lados, así que me centraré en este caso. En el sistema angloamericano, los tribunales de justicia, , no los legisladores, otorgaron a las entidades corporativas derechos extraordinarios. Les otorgaron los derechos que tienen las personas; con esto quiero decir que tienen derecho a la libertad de expresión, pueden hacer propaganda libremente, publicitar, pueden llevar a cabo elecciones, y así sucesivamente, y tienen protección respecto a eventuales inspecciones a cargo de autoridades estatales, lo que implica que así como la policía, técnicamente, no puede entrar a su departamento y leer sus papeles, el público no puede averiguar qué es lo que pasa dentro de esas entidades totalitarias. Ellas son en gran parte inaccesibles al público. Por supuesto no son personas reales, son inmortales, son entidades legales colectivas. De hecho son muy similares a otras formas organizativas que conocemos, son una de las formas de totalitarismo desarrolladas en el siglo XX. Las otras formas fueron destruidas, éstas todavía existen, y últimamente se les exige por ley que sean algo que podríamos denominar patológico, si se tratara de seres humanos.

La ley les exige que maximicen su poder y sus ganancias sin importar el efecto que esto produzca en las personas. Se les exige que externalicen sus costos, de modo que si pueden hacer que el público o futuras generaciones los paguen , se les requiere que lo hagan. Sería ilegal que los ejecutivos de las corporaciones hicieran otra cosa.

En estos momentos, en lo que llamamos acuerdos comerciales, que no tienen mucho que ver con el comercio, a las corporaciones se les otorgan derechos que van mucho más allá que los derechos personales.

Se les garantiza el derecho de lo que se llama "tratamientos nacionales". Las personas no tienen ese derecho. Si un mexicano llega a Nueva York, no puede reclamar tratamiento nacional, pero si General Motors va a México, puede reclamar tratamiento nacional. De hecho las corporaciones pueden demandar a los estados, lo que ustedes y yo no podemos hacer.

Así que se les garantizan derechos que las personas no tienen. Son inmortales, son extraordinariamente poderosas, son patológicas por exigencia legal, y ésa es la forma contemporánea de totalitarismo. No son propiamente competitivas, están conectadas unas con otras. Así Siemens, IBM y Toshiba llevan adelante proyectos comunes. Ellas confían fuertemente en el poder del estado; el dinamismo de la economía moderna viene en gran parte del sector estatal, no del sector privado. Casi cada aspecto de lo que se llama "nueva economía" se desarrolla y diseña con costos públicos y con riesgos públicos: computadoras, electrónica en general, telecomunicaciones, la Internet, el láser, lo que sea.

Tomemos la radio. La radio fue diseñada por la marina norteamericana. Producción masiva, moderna producción masiva que fue desarrollada en arsenales. Si retrocedemos un siglo, el principal problema de la ingeniería eléctrica y mecánica tenía que ver con cómo colocar un arma enorme en una plataforma móvil, digamos un barco, de tal manera que pudiera acertarle a un objeto móvil, a otro barco, es decir, armamento naval. Ése fue el problema más avanzado en la ingeniería metalúrgica, eléctrica y mecánica. Inglaterra y Alemania hicieron grandes esfuerzos por resolverlo, los Estados Unidos menos. Por innovaciones asociadas se creó la industria automotriz, y así seguimos y seguimos. De hecho, es muy difícil encontrar algo en la economía que no descanse primariamente en el sector estatal.

Después de la segunda guerra mundial, esto dio un salto adelante cualitativo, en particular en los Estados Unidos, y aunque Alan Greespan y otros hacen discursos sobre la "iniciativa empresarial" y las "elecciones del consumidor", y otras cosas que ustedes aprenden en los estudios secundarios, esto no se parece casi en nada al funcionamiento de la actual economía. De hecho, un ejemplo asombroso de todo ello, que vemos con mucha claridad en el MIT, que es una universidad focalizada en la tecnología científica, es un reciente cambio en su financiación. Cuando yo entré en el MIT, hace cincuenta años, éste estaba financiado por el Pentágono en casi un cien por ciento. Eso continuó así hasta 1970. Desde entonces, sin embargo, la financiación del Pentágono fue declinando y la financiación del Instituto Nacional de Salud y de otros así llamados institutos relacionados con la salud, ha ido creciendo.

La razón es obvia para todos, excepto tal vez para algunos economistas altamente teóricos. La razón es que la tecnología punta de los años cincuenta y los sesenta estaba basada en la electrónica, por lo que al público le parecía sensato pagar por eso, con el pretexto de la defensa. Ahora la tecnología punta está basada en la biología. La biotecnología, la ingeniería genética y todo eso, y la farmacéutica, de modo que al público le parece sensato pagar por ese desarrollo, y correr esos riesgos con el pretexto de, ya se sabe, encontrar una cura para el cáncer o algo así. De hecho, lo que está sucediendo es que tan sólo se desarrolla la infraestructura y las ideas para las futuras industrias privadas basadas en la biología. Están felices de hacer que el público pague los costos y asuma los riesgos, y transfieren los resultados a corporaciones privadas que se llevan las ganancias. Desde el punto de vista de las élites corporativas, esta interacción entre estado y poder privado es un sistema perfecto. Hay muchas otras interacciones también. Por ejemplo, el Pentágono no está solamente para desarrollar la economía, está también para asegurarse de que el mundo siga las reglas permisivas con las corporaciones. Así que los vínculos son bastante complejos.

Z: Me gustaría volver a la naturaleza de las corporaciones. Mi pregunta es si puede haber diferencias entre una corporación multinacional con base en Alemania y una corporación con base angloamericana. ¿Por qué estoy preguntando esto? Porque el Deutsche Bank anunció su intención de echar a 6.000 personas el año que viene, muy poco después de haber anunciado ganancias anuales de más de 2.500 millones de dólares. Fueron censurados amargamente por todo el espectro político alemán. Les dijeron que ellos no podían ya seguir llamándose alemanes. También fueron acusados de falta de responsabilidad social. Mi pregunta es si existe un concepto tal como corporaciones socialmente responsables.

NC: El concepto sería parecido a la noción de dictadores benevolentes. Quiero decir, es posible y es mejor tener un dictador benevolente que un dictador cruel. Si se tiene un dictador, es mejor tener una clase de persona amable que les entregue golosinas a los chicos pobres, pero sin embargo sigue siendo un dictador. Así que sí, puede tener una corporación socialmente responsable, en el sentido de que el público pueda coaccionarla para que se involucre en algunas actividades humanas.

De hecho, esto está incorporado a la legislación angloamericana, así que vemos que se obliga a las corporaciones, por decisión judicial, por ley, a que maximicen su poder y sus ganancias, pero por lo menos se les permite llevar adelante acciones humanitarias, en particular si las cámaras de televisión están por allí, lo cual es totalmente hipócrita. Por eso, si un laboratorio quiere donar medicinas en un vecindario pobre, está bien, siempre que sea con un propósito de relaciones públicas que pueda contribuir a las ganancias. Si es para maximizar sus ganancias, también ellos pueden hacer un poco de bien.

Además, los tribunales han ido tan lejos como para urgir a las corporaciones a que lleven a cabo actividades humanitarias, de lo contrario, y ahora estoy citando: un "público despierto" podría descubrir que la naturaleza real de las corporaciones tiende a socavar sus derechos y privilegios. Por lo tanto, para prevenir la posibilidad de que exista un "público despierto", es buena idea proyectar una imagen benigna y benevolente. Yo pienso que la misma cosa es válida para las dictaduras políticas y reyes y todo lo demás. De modo que usted puede tener corporaciones socialmente responsables que son mejores que las brutales y asesinas, exactamente como en el caso de otros tipos de totalitarismos, y el público puede influir en ellas, pero el problema real no es ése, sino que se trata de concentraciones inconmensurables de poder privado. Sí, podrían ser más o menos benevolentes, debido a la presión pública.

Z: Las corporaciones transnacionales son a veces llamadas "gobierno de facto" o "senado virtual" y controlan hoy en día, en gran medida, al estado, que se supone que debería defender el interés de la gente y no el interés de las élites. ¿Usted cree que el estado está realmente muerto?

NC: Bueno, eso depende del público. Quiero decir, tradicionalmente los estados han sido los defensores del poder privado. Si no son el poder, defienden el poder privado. Hay luchas en torno a esto, constantemente, es por eso que tenemos más libertad de la que la gente solía tener, a través de la constante lucha de la gente. A fines de la Segunda Guerra Mundial había una atmósfera de democracia radical, prácticamente revolucionaria, en casi todo el mundo. La guerra tuvo un efecto tremendo, y en realidad las primeras políticas de Gran Bretaña y los Estados Unidos –los triunfadores- trataron de destruir la resistencia antifascista; ese fue el primer capítulo de la historia de la posguerra en Europa y en Japón: destruir la resistencia antifascista y restaurar las sociedades tradicionales, ahora subordinadas a los triunfadores. Sucedió con considerable brutalidad en muchos lugares, como en Grecia, donde Gran Bretaña y en gran parte Estados Unidos probablemente mataron alrededor de 150.000 personas y dejaron un residuo básicamente fascista, que de hecho se materializó en un golpe de estado fascista que creó un régimen que continuó hasta mediados los años setenta.

En Italia, los Estados Unidos intervinieron de inmediato para tratar de impedir la democracia popular, subvertir las elecciones italianas y todo eso; de hecho Italia fue el principal foco de las actividades subversivas de la CIA, al menos hasta la década de los setenta, incluyendo apoyo para golpes militares, terrorismo y demás. Y más o menos lo mismo sucedía en Alemania, Francia, Japón, en todos lados.

De modo que la primera meta fue restaurar la estructura básica de las sociedades tradicionales, socavar la resistencia antifascista, aplastar los movimientos sindicales populares, y todo lo demás, pero no pudieron completar la labor. Y el poder de la arremetida de la democracia radical tuvo que ser complacido en parte, también en los Estados Unidos. Así, tenemos un período de sistemas de "estados de bienestar", sistemas socialdemócratas en los cuales es cierto que el estado fue forzado a actuar de manera que satisficiera las demandas públicas, y esto condujo a la economía social de mercado en Europa, el estado de bienestar en los Estados Unidos e Inglaterra, etc.

Z:Pero fue la gente….

NC: Sí, la gente lo forzó , y de hecho los arreglos financieros lo reflejaron. De modo que el sistema Bretton Wood diseñado por Gran Bretaña y Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial estaba basado en el control de los movimientos de capital y en la estabilidad de las divisas, y eso se hizo muy conscientemente, entendiendo que a menos que los estados tuvieran el derecho de controlar los movimientos de capital, no podría haber democracia, ya que el "senado virtual" de los inversores y prestamistas podría controlar las políticas de estado simplemente con…

Z: Es a lo que estamos llegando con esta pregunta. Hay un gran debate sobre si, en algunos momentos, el estado tiene que ser fortalecido en cierto sentido, ya que estamos escuchando todo el tiempo y en todos lados por parte de los políticos: nosotros querríamos hacer algo por ustedes, pero no podemos porque las corporaciones no nos lo permiten.

NC: Pero eso está diseñado así. El sistema de la posguerra fue diseñado de ese modo para permitir al estado usar controles de capital e impedir que los inversores y prestamistas, los bancos y las corporaciones controlaran las economías locales; se establecieron paridades cambiarias para impedir la especulación, que es otra manera de atacar las decisiones de un gobierno. Y se entendía muy conscientemente, no era un secreto, que esto se hacía para permitir a los gobiernos llevar adelante políticas relativamente libres del control de las corporaciones, lo cual, a su término, condujo al mayor crecimiento económico de la historia.

Durante los primeros 25 años después de la Segunda Guerra Mundial, a menudo llamados "la edad de oro del capitalismo", hubo un crecimiento muy rápido, no había habido nada parecido antes ni lo hubo después, y hasta cierto punto de forma igualitaria. De ese modo, en ese período en los Estados Unidos, que es el menos igualitario de los grandes países, el 20% más pobre tuvo más mejoras reales que el 20% de mayores ingresos. Esto siguió así hasta principios de los años setenta. En ese momento comenzó una importante reacción para destruir la democracia, que las élites consideran, correctamente, una gran amenaza para ellas; y para socavar el sistema que permitía a los gobiernos responder al público para crear sistemas de estado de bienestar. El primer movimiento, en efecto, fue eliminar los controles de capital, entendidos como el núcleo que permite al gobierno el espacio mínimo para tomar decisiones independientes. Elimine los controles, deje que las monedas floten libremente, y usted tiene una gran explosión de especulación contra las divisas, y de especulación en muchos otros órdenes.

De hecho si usted mira los programas neoliberales, cada simple elemento en ellos está diseñado básicamente para destruir la democracia. Es verdad, si usted elimina el control de cambio y liberaliza, el capital huye. Las privatizaciones por definición socavan la democracia. Saca los problemas de la esfera pública. Privatizando los servicios se impide que los gobiernos hagan lo que quieran hacer. Así que cuando los alemanes dicen eso, sí, es verdad, porque ellos lo diseñaron de ese modo. Ellos diseñaron el sistema de modo que el estado perdería la capacidad de responder a sus ciudadanos y sería obligado a responder a las concentraciones del poder privado.

Z: Pero lo importante es que aún se puede revertir.

NC: ¡Por supuesto que se puede revertir! Fue revertido en 1945. No es una posición particularmente radical decir: restauremos el sistema de Bretton Woods. Quiero decir, nadie desea hacer eso exactamente, lo cual es comprensible, pero sí, por supuesto puede revertirse, de hecho las corporaciones no tienen que existir, no más que ninguna otra forma de tiranía.

Z: ¿Es ésa tal vez la razón por la que el movimiento "Obreros sin patrones" de Argentina es menos conocido aquí? Me refiero a que nadie sabe sobre eso aquí. No se discute en los medios de comunicación masivos.

NC: Cualquier forma de participación democrática tiene que ser suprimida. Así que cuando usted lee una referencia al así llamado "movimiento anti-globalización", lo describen como gente que tira piedras a las vidrieras o algo así, la chusma que, usted sabe, se subleva. Cuando usted lee descripciones del Foro Social Mundial, es bastante interesante. El Foro Social Mundial y El Foro Económico Mundial se hacen al mismo tiempo. El Foro Económico Mundial es en gran parte gente rica que va a restaurantes lujosos y cosas así. El Foro Social Mundial es minucioso, extensas discusiones sobre temas reales del mundo, las relaciones África- Brasil, política económica internacional, y todo eso. Si echamos una mirada a las descripciones que se hacen de ambos, yo las estuve comparando, , al Foro Económico Mundial se lo describe como algo profundo, con las mentes más esclarecidas del mundo tratando sobre problemas importantes, y al Foro Social Mundial se lo describe como gente que se dedica a hacer carnavales y juegos. Literalmente es descrito como un centro de antisemitismo. Yo no sé si usted estuvo en el Foro Social Mundial de 2003, pero el modo en el que se lo describe en los artículos de política exterior de los periódicos de Estados Unidos es que estaba lleno de neonazis agitando esvásticas.

O tome un ejemplo reciente, tome las elecciones en Irak. De hecho, fueron un gran triunfo de la resistencia no violenta. La resistencia pública no violenta simplemente obligó a Gran Bretaña y los Estados Unidos a aceptar las elecciones. Traten de encontrar a alguien que escriba eso. En realidad, la prensa financiera señala eso, pero casi ninguna otra.

Z: Lo que el Christian Sciencie Monitor llamó "el factor Sistani" en un artículo titulado "El Factor Sistani"

NC: El factor Sistani, sí, en ocasiones los periodistas –cualquier periodista con su cabeza bien atornillada lo sabe.

Z: Lo menciono porque usted lo comentó en su blog de Znet.

NC: Sí. Allí menciono cualquier cosa que encuentro. Quiero decir que hay algunos que lo señalaron y ahora todos lo saben, pero la historia principal que se comunicó fue que Gran Bretaña y los Estados Unidos, en su magnificencia, llevaron adelante elecciones maravillosas que trajeron la democracia a Irak. Eso son estupideces, como demuestra una mirada a los hechos que las precedieron. Sin embargo, por razones parecidas, yo no pienso que sea apropiado llamarlas "espectáculo electoral", como muchos de mis amigos hacen.

Z:Usted quiere decir que ellos fueron obligados a llevar a cabo las elecciones.

NC: Ellos fueron obligados a aceptar elecciones más o menos auténticas.

Z: Pero qué hay respecto de esa otra descripción, como "espectáculo electoral"

NC: De ese modo las describe sólo la izquierda. Los medios masivos las describen como maravillosas elecciones acaecidas por la visión mesiánica de Bush para llevar la democracia a Irak. No fueron así ni fueron tampoco un "espectáculo electoral". Fue la resistencia popular la que obligó a las fuerzas de ocupación a permitir un cierto nivel de elecciones, que ahora están tratando de subvertir. Esto es bastante diferente de lo que sucedió en El Salvador o Vietnam, donde realmente fueron "espectáculos electorales", creados por las autoridades de ocupación para tratar de dar un aura de legitimidad a la ocupación. No es lo que sucedió en Irak. Surge claramente también de los informes directos de gran parte de los corresponsales confiables y con experiencia, como Robert Fisk. En Irak hubo una resistencia popular no-violenta, que obligó a las autoridades de ocupación a aceptar elecciones a las que se oponían y que ahora están tratando de subvertir. Eso no significa que fueran elecciones maravillosas. No lo fueron, pero no por las razones de El Salvador y Vietnam.

Me refiero a que son parte de este increíble fracaso de la ocupación. Quiero decir que, si usted piensa en la ocupación nazi de Europa, ellos tuvieron muchos menos problemas que los que los americanos están teniendo en Irak, muchos menos…
Traducción de Cristina Feijóo, revisada por Ricard Boscar
ZNet-Alemania, 18 mayo 2005

La globalización financiera - Aglietta



Da revista Sin Permisso
Michel Aglietta · · · · ·
 
01/08/00
 
Desde hace un cuarto de siglo, el capitalismo ha cambiado mucho en los países desarrollados. Las finanzas han sido un vector decisivo de estos cambios desde la desaparición del sistema de Bretton Woods y la gran inflación de la década del setenta.


Globalización financiera es el nombre que se atribuye a las transformaciones que han afectado los principios de funcionamiento de las finanzas. Se trata de profundas transformaciones que asocian de manera muy estrecha la liberalización de los sistemas financieros nacionales y la integración internacional.


Este nuevo régimen financiero está profundamente anclado en las estructuras económicas contemporáneas. Si la inestabilidad que le es inherente no provoca una catástrofe global, ha llegado para quedarse, pues las fuerzas determinantes que le han dado origen se enraizan en una evolución sociodemográfica de largo alcance. En los países desarrollados esta evolución hace aparecer un capitalismo patrimonial en el cual una parte creciente de los asalariados se transforma en accionista de las empresas a través de la mediación de los inversores institucionales. La influencia preponderante de estos actores imprime su marca en la competencia financiera, en la asignación de capitales y en los comportamientos de las empresas. Estos efectos microeconómicos tienen repercusiones macroeconómicas. La globalización financiera actúa sobre las condiciones de crecimiento de las economías, y se acompaña asimismo de una inestabilidad endémica que alimenta las crisis financieras recurrentes. Estas crisis acompañan la extensión de la liberalización financiera en los países en desarrollo.





I. Finanzas de mercado y capitalismo patrimonial


La globalización financiera es una transformación de los sistemas financieros íntimamente relacionada con el cambio de régimen de crecimiento en los países de capitalismo avanzado. Ha hecho prevalecer los principios de las finanzas de mercado, una lógica financiera nueva comparada con la que existía cuando la financiación del crecimiento se veía asegurada de modo preponderante. Los inversores institucionales son los actores dominantes de estas nuevas finanzas.


1. La transformación de los sistemas financieros


Durante la década del setenta, las presiones sobre el dólar, los choques petroleros, el desigual aumento de la inflación en los países de la OCDE, se conjugaron para transformar el sistema monetario internacional. Se pasó de un sistema regulado por los gobiernos bajo control de los movimientos de capitales a un sistema movido por los mercados, que liberó los flujos internacionales de capital. Los condicionamientos de las balanzas corrientes eran estrictos según las reglas de Bretton Woods, puesto que los déficit estaban financiados por las reservas oficiales de cambio en condiciones de cambio fijo. En el sistema actual, en el cual los déficit son financiados por el crédito internacional de los bancos y mercados de títulos, los condicionamientos pasan por los juicios que los inversores financieros puedan formarse con respecto a la sustentabilidad de las deudas externas.


Los mecanismos financieros cada vez más sofisticados que manejan los flujos de capitales tejen una integración financiera de la economía mundial cada vez  más estrecha. Pero tanto la diversificación de los instrumentos de colocación y préstamo como la aparición de mercados derivados, son procesos que se originan en la mutación de los sistemas financieros nacionales. El cambio de régimen monetario ha sido el principal factor desencadenante de estos procesos. Se asistió a una aceleración y luego a una deceleración de la inflación, ambas de gran amplitud. Esa modificación implicó el fuerte aumento de las tasas de interés reales. No obstante, a causa de la inercia de las anticipaciones, las tasas reales anticipadas, después de haber superado las tasas realizadas en la ola creciente de la inflación, se encontraron por debajo de las tasas realizadas en la ola descendente. Se pasó, pues, de un régimen favorable a los deudores a un régimen favorable a los acreedores. Se invirtió la naturaleza de los riesgos dominantes: desvalorización de los patrimonios financieros que no estaban perfectamente indexados en el primer caso, degradación de la calidad de las deudas en el segundo. La búsqueda de una protección contra el riesgo principal determinó las formas de la innovación financiera: se trató de instrumentos de protección del valor de los patrimonios privados en el régimen de los deudores; en el régimen de los acreedores, paralelamente, de instrumentos de disminución del costo de las deudas y transferencia de los riesgos.


Cuando la política monetaria se hizo deflacionaria, los gobiernos buscaron medios de financiación no monetarios, mientras los déficit aumentaban rápidamente con los crecientes costos de la protección social y el servicio de la deuda. Se volcaron a la promoción de títulos públicos que resultaran atractivos para los ahorristas. Los mercados de títulos públicos se transformaron en bases de los mercados de capitales: tasas de interés rectoras en la formación de los precios de activos, colocación de referencia en las estructuras de las carteras diversificadas, haberes refugiados en episodios de deterioro de la confianza.


Apoyándose en estos cambios macroeconómicos, una evolución estructural a largo plazo modificó la naturaleza de los activos financieros buscados por los agentes no financieros. A partir de la década del ochenta, es incontestable que el motor de la liberalización financiera es el comportamiento interno en el ámbito de elevadas tasas de interés de mercado. El envejecimiento de la población aumenta el peso de las clases de edad cuyo perfil intertemporal de consumo induce la demanda de acumulación de riqueza financiera. Durante los últimos quince años, aumentó sistemáticamente la ratio de la riqueza financiera con respecto al ingreso; es particularmente elevada en los Estados Unidos, donde en los años 1993 a 1997, alcanza 3,1 de renta disponible; en Francia o Alemania, dicha ratio es de alrededor del 1,8. Como las tasas de ahorro no progresaron de manera tendencial, e incluso han retrocedido durante estos quince años, ha sido gracias al aumento de los precios reales de los activos que componen la riqueza como ésta ha evolucionado más rápido que el ingreso. La elevada remuneración del ahorro, en forma de aumentos de capital, es una característica determinante del capitalismo patrimonial contemporáneo.


2. Una nueva lógica financiera


Los factores que acabamos de analizar han transformado totalmente la concepción de las finanzas en sus estructuras, comportamientos y regulaciones. Los inversores institucionales (fondos de pensión o fondos comunes de inversión) se han transformado en los agentes financieros que desempeñan el papel más importante en las colocaciones de capital.


El problema central de las finanzas, que gobierna la colocación de capitales, es el de resolver la tensión entre la necesidad de liquidez de los ahorristas y la inmovilidad de los capitales necesarios para crear valor.


Los bancos resuelven esta tensión por medio de la transformación de los depósitos líquidos en créditos que conservan en el balance hasta su vencimiento. En la época del fuerte crecimiento, dicha mediación bancaria favoreció a los tomadores de préstamo, pero también a la economía global, financiando tasas de inversión elevadas gracias a un costo del capital bajo y estable. El ahorro se encontraba aprisionado dentro de una remuneración módica. Como contrapartida, disponía de una gran seguridad, porque los gobiernos, que habían tomado medidas para la bancarización rápida de la población, estaban firmemente decididos a impedir las quiebras bancarias. Por lo demás, los hogares podían disfrutar de condiciones ventajosas en tanto que tomadores de préstamos para adquirir sus viviendas. En estos sistemas bancarios sostenidos por el poder público, los accidentes financieros eran escasos y aislados. El Estado se hacía cargo del riesgo colectivo. Los bancos manejaban el riesgo de crédito individual por medio de la vigilancia individual de los prestatarios dentro del marco de una relación de clientela continua. El riesgo de mercado era casi inexistente en los países en los que los mercados financieros sólo desempeñaban un papel periférico, exclusivamente en la financiación de la deuda pública. La política monetaria tendía a la estabilidad de las tasas de interés, lo que evitaba la volatilidad de los precios de mercado. En cuanto a los créditos privados, se tasaban a valores contables convencionales que sólo se modificaban si durante su ejecución los préstamos se transformaban en no performantes.


En las finanzas de mercado, la tensión entre inmovilización y liquidez se encuentra mediatizada por los mercados secundarios de títulos de acreencia. Estos mercados, cuando funcionan normalmente, están organizados a fin de licuar la posesión de derechos sobre los activos inmovilizados. La liquidez se mantiene por medio de la profundidad de los mercados de capitales y la diversificación de las carteras de inversores institucionales, que son los grandes proveedores de fondos líquidos en los mercados donde compran títulos. Sin embargo, en este caso, la liquidez es muy diferente de la de los depósitos bancarios, considerada total y permanente puesto que los depósitos están asegurados y los bancos tienen acceso a la fuente última de liquidez fuera del mercado: los adelantos del banco central. A cambio, los mercados secundarios de los activos financieros no pueden ser totalmente líquidos, puesto que los títulos de acreencia financian capital inmovilizado. No es posible que todo el mundo se retire del mercado al mismo tiempo. La liquidez, entonces, está relacionada con el equilibrio que se establece entre compradores y vendedores. La liquidez será tanto mayor cuanto menos la demanda de conversión de títulos en moneda haga variar el precio de mercado. Pero siempre existe un riesgo de pérdida en capital, que obliga a los participantes en los mercados de activos a especular constantemente sobre la evolución futura del precio de mercado, la cual depende del comportamiento de los demás operadores. La especulación, que es así una necesidad para el funcionamiento de los mercados financieros, se mueve por el sentimiento mayoritario del mercado, que puede ser muy versátil.


Ampliando la gama de colocaciones ofrecidas a los ahorristas, difundiendo una información permanente sobre los precios y los rendimientos, multiplicando las instituciones financieras en competencia para ofrecer mejores condiciones al ahorro, las finanzas de mercado han hecho que las relaciones entre acreedores y deudores se vuelvan más  estratégicas y más dependientes de las variaciones fluctuantes de las tasas de interés. De manera general, la liberalización financiera realizada en el contexto de deflación ha elevado considerablemente los rendimientos del ahorro. Para alcanzar esos rendimientos, los inversores institucionales se han vuelto hacia las colocaciones en acciones. En Estados Unidos, desde 1995 hasta 1998, el rendimiento medio de las colocaciones en acciones según el índice Standard y Poor's 500, superó el 20% (considerando la tasa de dividendo más el aumento de las cotizaciones bursátiles) mientras que el rendimiento económico neto del capital productivo del conjunto de las sociedades privadas no financieras era de alrededor del 12% y la tasa de interés a largo plazo del 6%. Como contrapartida, la presión para obtener un valor accionario elevado obligó a las empresas a realizar reestructuraciones económicas muy importantes. En el plano financiero, esta presión las condujo a recurrir de modo sistemático al endeudamiento para elevar el rendimiento de sus fondos propios gracias al efecto palanca, de donde resultó una subcapitalización de sus balances.


Es por ello que la búsqueda de altas remuneraciones para el ahorro administrado por los inversores institucionales, que son sistemáticamente más elevadas que la rentabilidad económica del capital inmovilizado, provoca una fragilidad financiera endémica. La sostenida demanda de acciones por parte de los inversores institucionales valida las anticipaciones de alza en la cotización. Pero la presión de la competencia de los gestores de fondos implica un componente especulativo en la formación del precio de las acciones. De este modo, la fragilidad financiera es esencialmente un proceso inducido por la dinámica de los mercados.





II. Globalización financiera y crecimiento en los países desarrollados


En el capitalismo patrimonial contemporáneo, las finanzas otorgan su impulso a la economía real, mientras que en el régimen de crecimiento de los gloriosos treinta se encontraban al servicio de la acumulación de capital. Dado que los mercados financieros se mueven por olas sucesivas de optimismo y pesimismo (el sentimiento del mercado), existen factores de inestabilidad que provocan fluctuaciones cíclicas potencialmente más marcadas que en el precedente régimen de crecimiento. La política monetaria desempeña una función principal para estabilizar las finanzas y amortiguar los episodios críticos a los que es vulnerable. Esta política, bien establecida en los Estados Unidos y a la que deberá adaptarse Europa, tiene objetivos y métodos muy distintos de los del monetarismo que actúa en las finanzas dominadas por los bancos, en la cual la inflación era el modo de expresión de los desequilibrios macroeconómicos.


1. Una dinámica cíclica


Las finanzas de mercado, vueltas hacia la apreciación de los precios de los activos, estimula fuerzas pro cíclicas en la formación de la demanda global. Como contrapartida, la exigencia de rendimiento financiero ejerce sobre la oferta global una presión que la hace más flexible. De donde la inflación, convenientemente medida por el aumento del índice de precios al consumidor, no se manifiesta más que de manera tardía y atenuada en el ciclo coyuntural.


La lógica financiera actúa sobre los dos componentes de la demanda privada, el consumo y la inversión.


En lo que se refiere a los hogares, en la fase ascendente del precio de los activos financieros, la riqueza se acrecienta en relación con el ingreso disponible. Los hogares pueden realizar su  objetivo patrimonial ahorrando menos, es decir, obtener plusvalías suplementarias si los precios de los activos aumentan más rápido de lo que habían previsto. También pueden endeudarse contra garantía de su enriquecimiento financiero para acrecentar su consumo y  realizar plusvalías por gastos excepcionales. La demanda global, cuando está impulsada por el consumo, que es su principal componente, resulta pro cíclica (es decir, amplifica el ciclo económico). En efecto, el dinamismo del consumo permite que las empresas obtengan ganancias que sostienen el alza de precio de los activos. A cambio, el alza de estos últimos acentúa la presión de la demanda en lugar de frenarla, al contrario de lo que provocaba la inflación de los bienes en el antiguo régimen de crecimiento.


Por el lado de las empresas, la norma de rendimiento de los fondos propios, como principal obligación que debe respetarse en el capitalismo patrimonial, provoca una economía de capital productivo a largo plazo y hace muy cíclica la inversión de las empresas.


El antiguo régimen de crecimiento favorecía los rendimientos de escala en la producción industrial. El aumento de la productividad del trabajo iba acompañado del aumento de peso de la intensidad capitalística, que se traducía en el alza de la relación del capital con respecto al valor agregado, producida por las sociedades privadas no financieras. En el nuevo régimen, la presión de los inversores institucionales para mejorar el rendimiento del capital ha provocado primero que se detuviera el aumento de la ratio capital/producto en Europa, seguida de una leve baja, y una baja sensible (alrededor del 40%) desde comienzos de la década del ochenta en los Estados Unidos, acompañada de un débil aumento de la productividad del trabajo.


La economía de capital proviene de la reestructuración de las empresas, que al mismo tiempo han sufrido una competencia más dura en el mercado de productos, una mayor exigencia de rendimiento de los fondos  propios y un fuerte acrecentamiento del costo del capital. Las empresas, entonces, buscaron la salvación en las tecnologías de la información para reducir los costos de numerosas funciones empresariales relacionadas con la producción; de ese modo estimularon un impulso a los servicios que compran, al mismo tiempo que la demanda de los consumidores desarrollaba la innovación de productos en los servicios a los hogares. La nueva economía de servicio resulta menos consumidora de capital, tiene ciclos de productos más breves y se adapta con mayor velocidad a los cambios en la estructura de la demanda. El impacto macroeconómico de estos cambios microeconómicos de estructura es una mayor elasticidad de la oferta global ante las variaciones de la demanda global, de lo cual resulta la absorción de las tensiones inflacionarias relacionadas con los cuellos de botella de las capacidades de producción.


Cuando la oferta y la demanda globales evolucionan de modo parejo con la euforia bursátil, la expansión puede prolongarse, puesto que no encuentra barreras inflacionarias en el sentido usual. Los desequilibrios se acumulan en las finanzas sin tensión inflacionaria aparente en los mercados de bienes. El mecanismo que provoca el desequilibrio, de gran incidencia cíclica, es la fragilidad financiera, como lo ha demostrado con claridad la recesión inducida por la crisis inmobiliaria a comienzos de la década del noventa. El alza de precios de los activos, actuando junto con el crédito, es en sí misma un factor de desorden financiero, incluso si los excesos de la demanda global se ven amortiguados por la elasticidad de la oferta global. Las palancas de endeudamiento que sostienen toda la lógica financiera del capitalismo patrimonial crean necesidades potenciales de liquidez que pueden realizarse ante el más mínimo vuelco de la confianza, cualquiera que sea la causa que lo produzca. La prueba de este fenómeno pudo percibirse  en septiembre-octubre de 1998. El contragolpe de la quiebra rusa fue una precipitada carrera hacia la liquidez, que se manifestó en todos los mercados de deuda privada. El banco central debe entonces ejercer una extrema vigilancia, como lo hizo la Reserva Federal de los Estados Unidos, para preservar la estabilidad de la estructura de las deudas, y por consiguiente, para responder a la necesidad de liquidez cualquiera sea su monto.


2. Regulación macroeconómica por medio de la moneda


Si es verdad que los indicadores avanzados de tensión en las fluctuaciones del crecimiento se inscriben en las finanzas, el sentimiento del mercado se transforma en una característica que se impone a los responsables de la política económica. La invasión de información financiera en los medios masivos ilustra hasta qué extremo las tasas de interés y las cotizaciones bursátiles se han transformado en minuciosos jueces de la política económica. Pero su juicio es difícil de interpretar, y el diálogo con ellos resulta particularmente delicado, puesto que el liberalismo del que se nutre la globalización financiera cree en la eficacia de los ajustes macroeconómicos aguijoneados por la competencia en todos los mercados. Pero, como ya hemos visto, estos ajustes sólo funcionan si la demanda agregada sostiene un nivel de actividad que valide las anticipaciones de los agentes privados. Dos ejemplos recogidos en la experiencia americana ayudan a comprender los dilemas que se encuentran en la conducción de la economía en las fronteras del pleno empleo.


El primer ejemplo es el de la euforia bursátil que inquieta al presidente de la Reserva federal, Alan Greenspan, a partir del otoño de 1996. ¿Se trata de una burbuja especulativa que lleva las anticipaciones del crecimiento futuro de las ganancias hacia promesas insostenibles, y por consiguiente anuncia una futura recesión? ¿O, por el contrario, se trata de una visión prospectiva que percibe una excepcional ola de innovaciones portadoras de nuevos mercados, lo que implicará un crecimiento más rápido que durante las dos décadas precedentes? En este ejemplo, si la primera interpretación es verdadera, el banco central debe actuar sin tardanza, pero con astucia, para moderar las anticipaciones de modo de iniciar la inevitable desaceleración sin provocar una recesión franca. Pero si la bolsa anuncia «una nueva era económica», una acción preventiva contra el exceso de optimismo podría provocar que el banco central fuera acusado de frenar indebidamente el dinamismo del sector privado.


El segundo ejemplo es el del crac de los mercados de obligaciones en 1994. A fines de 1993, ya era sólida la recuperación de la economía americana después de la recesión de 1990-1991. Las finanzas públicas mejoraban rápidamente y las ganancias aumentaban, de modo que los mercados de obligaciones preveían la continuación de una baja de las tasas de interés a fines de 1993. Los inversores institucionales habían adoptado posiciones especulativas a la baja de las tasas que resultaban muy importantes. No obstante, a comienzos de 1994, el banco central había diagnosticado el comienzo de una demanda interna que aumentaba demasiado rápido en relación con lo que se consideraba que la oferta estaba en condiciones de satisfacer. En febrero de 1994 la política monetaria se ajustó un poco, tomando los mercados desprevenidos. Esto desencadenó el pánico en los mercados de obligaciones, provocado por la venta masiva de los inversores que trataban de cerrar rápidamente sus posiciones. Las tasas de interés obligatorias en Estados Unidos y en Europa subieron al unísono, con una amplitud carente de medida común con la intención inicial de la política monetaria.


Estos ejemplos muestran que, en el universo de los mercados financieros, la política monetaria es menos instrumental o normativa que comunicacional. Esto sucede porque ella debe tomar en cuenta la sensibilidad de los mercados financieros. El banco central considera la opinión de los mercados, pero estos no emiten juicios independientes sobre la economía, sino que tratan de anticipar las acciones futuras del banco central. Este juego estratégico es mucho más complicado que un control óptimo, es decir, el hecho de guiar dinámicamente un sistema mecánico hacia un objetivo predeterminado: existe una doble trampa de exceso de actividad y de inercia.


Para salir de la indeterminación que resultaría de su juego de espejos con los mercados, puesto que en un sistema de moneda fiduciaria puede validarse cualquier anticipación de inflación, el banco central anuncia, de maneras diferentes según los países, el anclaje nominal a mediano plazo. Es, de manera explícita o implícita, un objetivo de inflación. Debe ser comprendida como un punto focal que se aporta a los mercados financieros. No vale únicamente por la sola virtud de su publicación, sino por el marco institucional, previsible y verificable, dentro del cual el banco central despliega su acción de control monetario.


El anclaje nominal en el seno de un sistema financiero liberalizado en ningún caso es un regla monetaria automática. Es un marco institucional que codifica la comunicación del banco central, de manera que sus intenciones y las elecciones que guían sus reacciones ante la fluctuación y los impactos de todas clases no sean interpretados como una trasgresión a sus principios. La transparencia de la comunicación en el interior de un procedimiento codificado para preservar la flexibilidad de la táctica es la línea de conducta de los bancos centrales contemporáneos. En este marco, la estabilidad de los sistemas financieros es una preocupación que forma parte de la política monetaria.





III. Liberalización financiera en los países en desarrollo


Desde el comienzo de la década del noventa, la liberalización financiera desbordó ampliamente las fronteras de los países desarrollados. La apertura ante la entrada de capitales fue un poderoso incentivo para reformar los sistemas financieros de los países en desarrollo. Los que adoptaron esta vía pudieron recibir la nueva apelación de mercados emergentes, que les fue otorgada por las instituciones internacionales. Las condiciones precipitadas y brutales en las que se efectuó sin ninguna precaución la liberalización financiera desencadenaron una crisis que detuvo temporalmente el ascenso del poderío de estos países y debería sugerir una reevaluación de las vías y medios de integración internacional.


1. Las razones de la apertura financiera


A fines de la década del setenta, Argentina y Chile habían realizado una tentativa abortada y ruinosa de liberalización financiera. Con independencia de estos casos aislados, el endeudamiento internacional de los países en desarrollo luego de los choques petroleros había sido propio de los Estados o de agentes garantizados por éstos. Esa deuda soberana sufrió una crisis de solvencia a partir de 1982, administrada por medio del rescalonamiento dentro del marco de planes de recuperación establecidos con el concurso del FMI. Este estableció una doctrina macroeconómica uniforme para satisfacer el servicio de la deuda. La transferencia de divisas a los acreedores debía realizarse por medio de la combinación de tasas de cambio reales competitivas y una gestión rigurosa de las finanzas públicas destinada a obtener balances corrientes excedentarios. Pero esa doctrina encontró considerables dificultades de aplicación. La depreciación de la tasa de cambio favorecía las rentas en los sectores protegidos de la economía; mantenía la inflación amplificada por los conflictos de redistribución exacerbados por el rigor presupuestario. La espiral de la devaluación y la inflación arrastraba a los países a programas de estabilización sucesivos y  poco convincentes; el crecimiento se veía sofocado y el peso de la deuda externa seguía aumentando.


De 1985 a 1988, bajo iniciativa americana, se inició un cambio del punto de vista, con el plan Baker y luego el programa Brady de reducción de deudas por medio de la conversión de la deuda bancaria en acciones y obligaciones. El objetivo era permitir el retorno de los países deudores a un mercado internacional de capitales ampliado hacia nuevos inversores para financiar un crecimiento no inflacionario. Hacia el final de la década, se intentaron experiencias de anclaje nominal del cambio en México y sobre todo en Argentina, con el fin de erradicar la inflación. El éxito de estas experiencias, en el momento de la recesión americana consecutiva a la del mercado inmobiliario y las dificultades bancarias, fue el punto de partida de una transformación de la doctrina predicada por el FMI con la bendición del G7.


La liberalización financiera ha sido recomendada para ser la punta de lanza de cambios estructurales que se suponía deberían mejorar la rentabilidad del capital en los países con un fuerte potencial de crecimiento industrial. El anclaje nominal de la tasa de cambio al dólar reemplazó las tasas de cambio flexibles para alentar la movilidad de los capitales reduciendo los riesgos cambiarios. Debería acrecentarse la capacidad de endeudamiento de los países, y en los países en los cuales los mercados financieros locales eran rudimentarios, debían crearse instrumentos de deuda en forma de títulos financieros. El ahorro interno, pues, iba a beneficiarse con una mayor competencia entre los tomadores de préstamos y por consiguiente, con una mejora de su remuneración. Esto debía implicar una mayor eficacia en la asignación de capitales. Finalmente, la liberalización posibilitaba que la balanza de pagos se encarara de manera inversa: en lugar de buscar excedentes corrientes en lo alto de la balanza, se esperaban entradas de capitales por lo bajo, de lo que resultaría un déficit de la balanza corriente. Pero se suponía que éste no expresaría desequilibrios, puesto que surgía del equilibrio entre el ahorro y la inversión a escala mundial, donde la mayor rentabilidad de los países emergentes atraía naturalmente los préstamos y colocaciones de las instituciones financieras de los países desarrollados.


A partir de 1991, la aplicación de esta doctrina desencadenó entradas de capital más allá de toda esperanza. Las reservas de cambio se acumularon, haciendo que las economías fueran muy líquidas y provocando olas de euforia en los países beneficiarios. El equilibrio ahorro-inversión interna se conformó según modelos contrastantes en América Latina (con la excepción de Chile que ahora tenía estrictos controles de capitales) y en Asia.


En América Latina, las entradas de capital sustituyeron un ahorro interno que se hundió en el sector privado. De este modo, financiaron el consumo de las clases sociales acomodadas. México fue el caso de escuela, con una excesiva valorización del 20% de la tasa de cambio real entre 1989 y 1994 y un déficit corriente llevado al 8% del PBI en 1994.


En Asia, los aportes de capitales extranjeros resultaron complementarios del ahorro interno, que siguió siendo muy elevado. La abundancia de crédito permitió sostener ritmos de crecimiento muy altos, con una exceso de inversiones que desbordaba en sobrecapacidades industriales (Corea) o en el desencadenamiento de la especulación inmobiliaria (Tailandia, Malasia).


Aunque las condiciones macroeconómicas hayan sido diferentes, el factor decisivo de la inestabilidad provocada por la liberalización financiera fue, en todos los casos, la fragilidad de los bancos endeudados en dólares y dadores de crédito en monedas locales. Los bancos acumularon los riesgos de crédito, vencimiento y cambio. La fragilidad bancaria acrecentó la vulnerabilidad ante la entrada de capitales cada vez más especulativos y restringió los medios de la política monetaria para luchar contra la especulación.


2. La crisis financiera


Fueron numerosas las crisis financieras inducidas por la liberalización en los países en desarrollo. La primera de ellas estalló en México a fines de 1994 y concernía sobre todo a la deuda pública a corto plazo. Luego, la crisis de los países emergentes de Asia comenzó en Tailandia en julio de 1997 y alcanzó su paroxismo en el conjunto de la región desde mediados de octubre hasta fines de diciembre del mismo año. Esta última crisis tuvo repercusiones que se extendieron al conjunto de los países emergentes y en transición que habían iniciado el camino de la liberalización financiera. Su origen era el exceso de endeudamiento de los agentes privados. Pero la inestabilidad tuvo consecuencias sobre países cuya deuda pública fue juzgada insostenible por opiniones financieras que se habían vuelto muy pesimistas y muy nerviosas. Fueron Rusia en agosto de 1998 y Brasil en varias oportunidades, hasta enero de 1999.


Todas estas crisis tuvieron en común el endeudamiento internacional en divisas extranjeras, que crecía cada vez más rápido cuando los capitales se veían atraídos por rendimientos más elevados que los ofrecidos en el país de origen de los prestadores, fenómeno que se combinó con regímenes de cambio rígidos que los inversores extranjeros consideraban sólidos. Los bancos locales resultaron ser los eslabones débiles de esta integración financiera por el endeudamiento. Acumularon riesgos al contraer deudas a corto plazo en divisas y, según los casos, financiando en moneda local operaciones especulativas o inversiones industriales de rentabilidad dudosa.


De este modo, la huida hacia adelante de la liberalización financiera, a falta de una reglamentación que diversificara los riesgos e impusiera provisiones mínimas de capital, pero también sin una supervisión bancaria digna de tal nombre, resultó un terreno propicio para que maduraran las crisis. La falta de control público sobre el sistema financiero, en efecto, permitió que se subvaluaran los riesgos y que contrajeran deudas excesivas ciertos bancos que no tenían ninguna experiencia en la gestión descentralizada del riesgo en los mercados financieros en competencia.


Estas debilidades en los países importadores de capitales internacionales han sido señaladas hasta el cansancio. Indudablemente, tales señalamientos tienen su parte de verdad, pero la insistencia unilateral en considerarlos como únicas causas de las crisis financieras es parcial y peligrosa, puesto que deja de lado la responsabilidad de prestadores e inversores de los países desarrollados. Sobre todo, hace creer que las crisis sólo son efecto de la torpeza de los gobiernos y las instituciones financieras internacionales. Un poco más de experiencia y transparencia, y el aprendizaje del riesgo, deberían promover una globalización financiera autorreguladora, capaz de disciplinar los comportamientos imprudentes. La eficacia de los mercados se impondría en beneficio de todos los actores de una economía mundial al mismo tiempo dinámica y estable.


Esta ideología complaciente de la liberalización financiera se ha visto desmentida por la historia. Las crisis financieras han sido recurrentes desde que los títulos financieros representan esperanzas de beneficios. Siempre y en todas partes, las pasiones colectivas llevaron los precios de los activos a alturas vertiginosas, para ser seguidas por hundimientos no menos espectaculares. Siempre y en todas partes, las olas ascendentes de compras fueron racionalizadas por quienes participaban en ellas, antes de que las ventas de pánico fueran denunciadas con vehemencia como acontecimientos irracionales.


Más allá de los contextos singulares de cada crisis, la razón última de su repetición se encuentra en la lógica de las finanzas de mercado definida más arriba. La liquidez de los mercados forma parte del imaginario colectivo de los participantes, no de la realidad objetiva. Dicha liquidez se deteriora brutalmente en cuanto se plantea una duda con respecto a la opinión común que hasta ese momento prevalecía. Cuando esta opinión se ve sometida a un test de realidad, cada uno quiere realizar su propio test porque piensa que los demás van a hacerlo, y la liquidez se evapora. Se produce la discontinuidad de los precios bajo la presión de ventas en un solo sentido, cuando un agente externo al mercado no funciona como contrapeso.


Es lo que sucedió en Asia con los mercados de cambio. Lejos de ser la fluctuación de un equilibrio que garantizara la continuidad de los movimientos de precios, la crisis es la ruptura discontinua de un equilibrio, en este caso el del anclaje nominal de monedas asiáticas al dólar. La posibilidad de equilibrios múltiples resultante de la paradoja de la liquidez es la condición previa para las crisis financieras. Es por esta razón que las crisis producen cambios cuya aparición súbita y amplitud carecen de medida común con la variación previa de las magnitudes macroeconómicas llamadas "fundamentales".


Las crisis financieras tienen otro aspecto desconcertante: el contagio. Cuando falta la liquidez en un mercado importante, implicando el hundimiento del activo que no puede venderse sin una severa pérdida, las necesidades de liquidez se acrecientan a fin de financiar las pérdidas, al mismo tiempo que desaparecen las contrapartidas. Los operadores deben pues reportarse a otros mercados cuya liquidez se ve sometida a prueba con los mismos efectos. Es posible que se produzca una desconfianza generalizada en un conjunto de mercados, creando caídas de precios estadísticamente correlacionadas, hasta que la sed de seguridad de los inversores los conduzca hacia mercados que son lo bastante firmes porque están sostenidos por un prestador en último término. Por ello siempre existe una fuga hacia la calidad que reduce sensiblemente la diversidad de las carteras  durante las crisis e incluso cierto tiempo después, mientras los inversores siguen desconfiando con respecto a nuevas oportunidades de ganancia


La mayor parte de las crisis financieras tienen dimensión internacional porque las finanzas tienden a globalizarse impulsadas por la búsqueda de beneficios, mientras que las monedas están segmentadas por múltiples soberanías. Esta disparidad impide instituir un prestador internacional en último término, como sucede en las naciones desarrolladas. Es necesario remitirse a cooperaciones contingentes ad hoc entre bancos centrales que están lejos de funcionar de modo satisfactorio. Por consiguiente, las crisis financieras siguen teniendo un futuro promisorio.





Bibliografía





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·         MEREUX A. y MARCHAND C., "Les marchés financiers américains", Le Monde Éditions, 1995.

En defensa de la filosofía en la enseñanza media





Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma”
Epicuro, Carta a Meneceo

De las innumerables cosas que en mi paso por la facultad me enseñaron mis profesores, aprendí una que me ha sido de soberana utilidad para la vida: que la filosofía es algo más que un amor por el saber, que es una cierta sabiduría en sí misma.
También aprendí que la igualdad que es requisito inexcusable como valor político de “isonomía” en una sociedad democrática es cancelada, provisionalmente, por la asimetría que impone la desigualdad existente entre maestro y discípulo: que es menester reconocer y admirar el valor superior de quien es mejor que uno mismo, porque es ejemplo en algún sentido, argumentativo, moral, o en ambos. El olvido de esta enseñanza le costó la vida a Sócrates. Y, ahora, cuando ya son muchos los que la han olvidado (empezando por los propios poderes fácticos) nos encontramos con un proyecto de reforma educativa que pretende extirpar de la enseñanza secundaria dos tercios de la presencia de la filosofía en las aulas, con la eliminación de la “Ética” en cuarto de ESO y la supresión de la “Historia de la Filosofía” en segundo de bachillerato.
La sustitución de la Ética por una asignatura llamada “Valores éticos” que, para más inri, será alternativa a la asignatura de “Religión” (católica, por supuesto), es sin duda grave.
En primer lugar, porque la ética, en tanto que disciplina filosófica, es mucho más que un simple catálogo de “valores” (muchos de los cuales son -justo es reconocerlo- herencia cristina). La ética es, ante todo, una reflexión de segundo grado que puede elevarse por encima de los valores (contenidos morales) hasta alcanzar ciertos principios.
En segundo lugar, porque la venerable ética tiene una dignidad suficiente como para ser mucho más que la mera sustituta de un conjunto de dogmas privativos de una particular confesión religiosa dominada por unos señores de avanzada edad adictos a vestir extravagantes ropajes.
Ética y religión no son alternativas excluyentes: quien posee unas determinadas convicciones religiosas no está por ello eximido de tener un comportamiento ético y conocer, por tanto, el significado y función de la ética. La ética no es en ningún caso una especie de sucedáneo de la religión para los impíos que no creen en Dios o dudan de su existencia. La ética es, simplemente, el análisis crítico de los preceptos morales y los principios y valores resultantes de la reflexión llevada a cabo sobre dichos preceptos por parte de cada persona en el uso de su libertad. La ética se ocupa de organizar la convivencia humana allí donde hay presencia de sociedad y es, por tanto, una exigencia que se impone necesariamente para todo ser humano por el hecho de ser persona, independientemente de que tenga o no tenga creencias religiosas. Es un derecho de todo estudiante tener una formación en ética y un deber del Estado proporcionarle esa formación. La religión, en cambio, no es ninguna exigencia ni puede serlo. Es, a lo sumo, una invitación a un modo de vida basado en la creencia en la trascendencia. Religión y ética, globalmente entendidas, no se sustituyen la una a la otra; por tanto, no pueden ser alternativas. Cuando ya los planes de estudio habían dirimido semejante dilema ficticio y habían establecido la obligatoriedad de la asignatura de Ética en la secundaria, resulta que ahora el Ministro Wert, ignorando completamente toda argumentación racional, propone volver a estados de cosas que nos retrotraen a épocas francamente lamentables. Cuesta creer que la fuerza de la caverna sea todavía tan poderosa.
Igual de mal o peor están las cosas con la supresión de la “Historia de la filosofía”. No obstante, muchos se preguntarán, basándose en el argumento tan reiterado de que la filosofía “no vale para nada”, si no será únicamente un interés gremial el que lleva a los profesores de filosofía a rebelarse contra tal supresión. Voy a tratar de responder, en lo que sigue, a tamaña inquietud.
La filosofía es comunmente definida, partiendo de su etimología (“filia” y “sophos”), como “amor por la sabiduría”. Esta definición, bella y sugerente como metáfora, es no obstante insuficiente si de ella se intenta extraer algún contenido más positivo que delimite lo que es el campo de estudio y de aplicación de esa disciplina conocida como “filosofía”.
La indefinición característica de la filosofía provoca que muchas personas se sientan tentadas una y otra vez a preguntarse para qué sirve y cuál es su contenido, si es que tiene alguno; con más motivo en una sociedad como la nuestra que desde los albores de la modernidad ha visto expandirse exponencialmente los dominios de la ciencia y la técnica a través de un proceso imparable de positivización de los saberes que no parece dejar lugar alguno para la filosofía, convertida ahora en algo obsoleto, en un tipo de discurso dogmático y especulativo, inútil a fin de cuentas, perteneciente a un pasado ya totalmente “superado”.
Sin embargo, pese a las apariencias en contrario, la filosofía seguirá siendo necesaria mientras en medio del caudal prácticamente infinito de información que nos desborda cada día haya un deseo de ordenar esa información según criterios que vayan más allá de lo puramente ideológico/dogmático. La acumulación de datos, por sí misma, no implica conocimiento si esos datos no son presentados y elaborados como parte de un sistema organizado de ideas y creencias.
La ciencia se caracteriza por la demarcación de un campo categorial, un ámbito acotado de la realidad en el que es posible aplicar unos métodos de observación y experimentación y formular modelos explicativos para dar cuenta de los hechos que en el seno de ese campo acontecen. La filosofía no tiene un campo específico de objetos. Mientras las ciencias son saberes positivos, de primer grado , saberes que están en contacto directo con los objetos materiales del mundo, la filosofía es un saber de segundo grado, una disciplina cuyo material no son los objetos mismos sino las “ideas” que emanan de los saberes positivos ya constituidos como tales, una vez éstos han alcanzado un grado suficiente de madurez en su desarrollo.
Según una concepción materialista de la filosofía (desde la que está planteada este artículo), una filosofía crítica ha de estar en contacto permanente con los saberes científicos, a veces para aportar luz donde no la hay, a veces para corregir sus excesos y dibujar sus límites, pero siempre concediendo que sin ciencia no podría haber verdadera filosofía. Una verdadera filosofía tiene que ser una filosofía implantada en su presente , que es tanto como decir: perfectamente al corriente de los constantes desarrollos científico-tecnológicos. Pero la filosofía tiene un discurso propio (polémico y reflexivo) no reductible a ciencia, ni tampoco a mera yuxtaposición enciclopédica de datos científicos. La filosofía no es una ciencia ni puede llegar a serlo, puesto que bebe, además, de otras fuentes también importantes que no son científicas: la moral o el arte, por ejemplo.
Cabe introducir una distinción fundamental para el asunto que nos traemos entre manos. Se trata de la distinción entre filosofía mundana y filosofíaacadémica . Habría, por un lado, una filosofía mundana que sería la que se ejercita al margen de la Academia, es decir, al margen de los lugares institucionales en los que se enseña y difunde la filosofía como saber “experto”. Esta filosofía mundana está constituida por una serie de ideas casi siempre confusas, imprecisas y organizadas generalmente según criterios ideológicos o dogmáticos. La filosofía académica, por el contrario, como disciplina crítica y abstracta, tiene como cometido organizar las ideas según criterios de tipo lógico, científico, metacientífico, estableciendo distinciones, oposiciones, paralelismos, concomitancias, análisis, síntesis, valoraciones, etc. con el fin de crear undiscurso coherente. Los contenidos de la filosofía académica provienen siempre de la filosofía mundana. La filosofía académica no se puede nutrir a sí misma de ideas y se limita, por tanto, única y exclusivamente a dar forma a los contenidos que la filosofía mundana le proporciona.
La filosofía académica tiene como función esclarecer, precisar, sistematizar, lo que en la filosofía mundana se presenta deslavazado, impreciso y oscuro. La filosofía tiene una finalidad fundamentalmente crítica: ésta es su esencia. La crítica significa principalmente discernimiento, jerarquización, valoración. Y la crítica va unida a la emancipación, puesto que la búsqueda de la verdad es ella misma una exigencia ética de la misma forma que la búsqueda de la felicidad es la finalidad última de toda teoría verdadera.
Conocer las diferentes respuestas que cada época ha proporcionado, en perspectiva histórica, y someter esas respuestas a una crítica razonada desde el conocimiento del presente, es una parte esencial del razonar filosófico . Y en tanto que la filosofía siga siendo una conquista irrenunciable de nuestro modo civilizatorio (basado en la constante crítica del mito), tratar de prescindir de ese conocimiento es una torpeza mayúscula: es tanto como querer renunciar a la propia historia, a lo que somos (porque somos también historia), querer hacer saltar por los aires los mejores valores que nos ha legado la tradición y tratar de reinventar el mundo y la vida desde la nada, cosa imposible. La masa enorme de reflexión que otros muchos, antes que nosotros, nos han transmitido a lo largo de los siglos, no es ociosa ni prescindible: forma parte del bagaje con el que caminamos por la vida y, en cierta medida, nos ayuda a transitar por ella.
Aunque fuera en la forma de un saber histórico, la filosofía estaría cumpliendo con una tarea, creo, imprescindible, en la enseñanza secundaria, en la medida en que contribuye a que el ciudadano medio se familiarice con el conocimiento de las diversas alternativas de pensamiento que se le presentan a propósito de cada asunto de importancia en su vida diaria. Ser consciente de que no hay una respuesta única para cada problema, saber valorar cada una de las respuestas posibles, son tareas que todo ciudadano mínimamente formado debe saber acometer para poder afrontar con plenitud su vida, siendo algo más que un mero voto para apoyar lo que la mayoría decida. La formación del juicio es un proceso en el que la educación reglada interviene en una forma muy pequeña: son las experiencias personales, sociales, profesionales, de cada uno las que irán conformando ese juicio, su “filosofía personal”. Sin embargo, no pueden obviarse los efectos que una educación reglada en filosofía puede tener sobre los ciudadanos. Una sociedad se cualifica como mejor o peor dependiendo del porcentaje de ciudadanos que están al tanto de las alternativas posibles ante cada problema y que son capaces de argumentar incorporando en sus razonamientos las razones de los demás. La ignorancia es síntoma de la debilidad de una sociedad. Conocer el alcance de las ideas que se manejan en los discursos corrientes es muestra de potencia argumental.
En la medida en que muchos jóvenes nunca más tendrán la oportunidad de tener contacto con la filosofía académica una vez abandonen las aulas de la enseñanza media, es fácil deducir que, tras la supresión de la Historia de la Filosofía en segundo de bachillerato, miles de jóvenes españoles no conocerán ya el Mito de la Caverna de Platón o el famoso prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política de Marx, auténticos hitos culturales de la historia de nuestra civilización en los que se condensan gran parte de las ideas que todavía a día de hoy impregnan nuestra visión general del mundo. No conocer estos textos ni tener noticia de su importancia para entender lo que somos como personas constituye un déficit de conocimiento profundamente grave para cualquier ciudadano que quiera comprender siquiera un poco el mundo en el que vive.
La consecuencia de la eliminación de la filosofía de los planes de estudio es que la función que ésta debería cumplir en la sociedad, como “tribunal superior de la razón”, será desempeñada por otras instancias, tales como los medios de comunicación de masas en su condición de generadores de opinión pública. La responsabilidad de promover estados de opinión recaerá por entero en personas cuya formación filosófica es prácticamente nula o muy deficiente: por ejemplo, periodistas iletrados convertidos en “opinadores” profesionales que contribuyen, en el ejercicio de su tarea, a la mistificación ideológica, la demagogia y la falsedad.
En realidad, el intento de arrinconar a la filosofía en los márgenes del saber políticamente administrado tiene que ver con la idea de que los saberes verdaderamente importantes son los económicamente productivosEl saber ha sucumbido al mandato neoliberal: solo tiene valor lo que proporciona algún beneficio, lo que es funcional al sistema capitalista. Los saberes que preparan a los jóvenes para medrar en un mercado laboral cada vez más agresivo e inhóspito: ésos son los saberes socialmente considerados útiles. Y solamente en la medida en que puedan probar que coadyuvan, de hecho, al rendimiento del gran capital: la investigación en tecnología armamentística será privilegiada, por ejemplo, frente a la investigación en ciencia básica, aun cuando ésta pudiera tener, a la larga, mejor provecho para el conjunto de la sociedad.
La filosofía, como crítica incesante de las ideas en el orden teórico y actividad transformadora de la realidad social en el orden práctico, resulta incómoda para el mantenimiento del sistema. Coopera en contra del establecimiento del pensamiento uniformizador y acrítico que sirve de superestructura ideológica al capitalismo. Obliga a revisar los conceptos habituales que manejamos. Plantea preguntas dolorosas. Exige autonomía, independencia y creatividad. Conviene a un buen número de personas, por tanto, luchar contra ella.
Quien no sepa organizar sus ideas con coherencia y de forma crítica, quien no sepa ni un ápice de filosofía académica, puede vivir sin grandes preocupaciones, no cabe duda. Pero su vida no se diferenciaría mucho de la vida de una oveja, claro. Un mundo donde no hubiera filosofía sería un mundo difícilmente habitable, lo más parecido a ese futuro deshumanizado, tecnificado y terroríficamente disciplinado que nos presentaron distopías como las de “Un mundo feliz” y “1984”. Es un mundo posible, pero solamente con enorme carga de cinismo podríamos presentarlo como “deseable”.
No obstante, hay que admitir que, muy probablemente, quien no siente dentro de sí la necesidad de buscar la respuesta a ciertas preguntas que se le plantean a toda persona en el transcurso de su vida (¿qué es la verdad?, ¿qué es la libertad?, ¿qué es la justicia? y muchísimas más), no va a encontrar en la filosofía ningún tipo de satisfacción, consuelo ni utilidad para su vida corriente. De la misma forma que, quien no siente en su propia carne el desgarro de la vida cuando ésta le sitúa ante la experiencia del sufrimiento, la enfermedad, la contradicción y la muerte, no sentirá jamás la necesidad de plantearse cuál es el sentido de su existencia. No será a estas personas, desde luego, a quienes seduzca el argumento de Epicuro con el que he querido comenzar este texto, pues, de acuerdo con Spinoza, la razón por sí misma es impotente ante la fuerza de las pasiones, de tal modo que ni el mejor y más ejemplar de los argumentos podrá nunca convencer al necio.
Y siendo esto así, es evidente que el ínclito Ministro de Educación, Cultura y Deporte hará caso omiso a todo lo que podamos decir en su contra y seguirá obstinado en privar a miles de jóvenes españoles de la posibilidad de conocer una parte fundamental de su propio ser. Algo que, quiérase o no, repercutirá negativamente en su capacidad de constituirse como personas libres.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Grecia - seis clanes familiares se reparten las cinco cadenas nacionales

De rebelion.org



El anuncio del Gobierno griego de cerrar el ente de la cadena de radiotelevisión pública (ERT) la semana pasada es el último de los episodios negros que dejan enGrecia un panorama cada vez más desolador. Este cierre supone el despido inmediato de alrededor de 2.600 trabajadores públicos, y aunque el primer ministro,Andonis Samarás, ha reculado a medias en su decisión y ha propuesto que sigan retransmitiendo los informativos hasta que haya un nuevo ente público operativo, la coalición que gobierna el país no se pone de acuerdo y los ciudadanos griegos siguen con la señal de televisión en negro.
En medio de la indignación internacional y de los trabajadores de la cadena —que retransmiten los informativos a través de Internet—, el tribunal supremo administrativo ha decidido este pasado lunes que se reanudase inmediatamente la señal de la radiotelevisión pública griega. Sin embargo, el Gobierno todavía no ha llegado a un consenso sobre cómo interpretar esta medida cautelar del tribunal.
Seis clanes gobiernan 5 canalesCon ERT fuera del mapa, estos son los otros canales nacionales —por supuesto, privados— que quedan en Grecia y que directa e indirectamente guardanfuertes lazos con empresas de otros sectores y el Gobierno:
  • Mega
Es el mayor canal de televisión en Grecia, con un 23% de share (cuota de pantalla) de media. De tendencia progubernamental, el propietario de esta cadena es George Bobolas , padre de un 'clan familiar' que controla también otros periódicos como Ethnos. Uno de los hijos de George Bobolas, Fotios, es director deTeletypos, un holding empresarial de la cadena. Otro de sus hijos, Leonidas, es el presidente ejecutivo y principal accionista de Ellaktor, un gigante de la construcción que fundó su padre y que ha participado en contratos multimillonarios con el Estado.
Pero la familia Bobolas no es la única que controla Mega. En este canal también toma parte un hijo de Vardis Vardinoyannis, magnate del petróleo y del transporte marítimo en Grecia. George Vardinoyannis es miembro de la junta directiva de Mega.
Por si fuera poco, Stavros Psycharis , que controla el grupo de comunicación DOL —propietario de los principales periódicos helenos— es el presidente de la cadena.
  • Grupo Antenna1
Pertenece al imperio de la comunicación fundado por el magnate griego Minos Kyriakou, y que incluye cadenas de radio, empresas de telecomunicaciones y de publicidad. Este multimillonario posee dos empresas petrolíferas y una compañía naviera. Es presidente del Comité Olímpico de Grecia y además propietario del club de baloncesto Panhelinios. Uno de sus hijos, Theodore —que también es armador—, es el consejero delegado y uno de los principales accionistas del grupo Antenna1.
  • Star
La familia Vardinoyannis, que también tiene acciones en Mega, es la propietaria de esta cadena. Además, los Vardinoyannis son los principales accionistas deMotor Oil Hellas, uno de los dos operadores de refinería griegos.
  • Alpha
El empresario Dimitris Kondominas es el presidente de este grupo de comunicación griego, que aunque formó parte del gigante de medios luxemburgués RTL, en la actualidad Kondominas ha vuelto a ser el mayor accionista del Grupo Alpha. Kondominas es propietario además del grupo DEMCO, un conglomerado de empresas de diferentes sectores: de la aviación, compañías de seguros, medios de comunicación, telecomunicaciones y del ámbito del entretenimiento.
  • SKAI
Es la quinta cadena más grande de Grecia, cuya propietaria es la familia naviera Alafouzos, que también posee algunos periódicos como Kathimerini . Yiannis Alafouzos es el director ejecutivo del grupo SKAI y también está involucrado en el conocido club de fútbol Panathinaikos.
El triángulo medios-política-empresasSegún apunta a 20Minutos Thomais Papaioannou, corresponsal de la cadena pública ERT en Francia, estas cadenas de televisión carecen de ideología propia. "Son progubernamentales, protroika, y ahora están abiertos al partido neonazi Amanecer Dorado, al que invitan a sus programas", indica Papaioannou. "Grecia está girando hacia el populismo y el extremismo", resume esta periodista.
Los canales privados en Grecia no tienen licencia para emitir Por otro lado, Papaioannou señala que durante muchos años a estos grupos de comunicación "no les ha importado si tenían beneficios o pérdidas en este sector mientras consiguieran contratos en la construcción, el petróleo, la energía...", enumera. "Ahora se encuentran con poca liquidez, endeudados y quieren que pague el Estado. Además, los bancos no pueden prestarles ya más dinero porque están siendo supervisados por la troika", añade.
Por si la falta de liquidez fuera poco, "los canales privados en Grecia no tienen licencia para emitir", señala Thomais Papaioannou. "Suena de locos, pero esta es la situación de los últimos 21 años", sostiene. La estrategia que siguen entonces para sobrevivir es la siguiente: conseguir un permiso temporal que renuevan cada cierto tiempo, y así sucesivamente.
La estratregia de las TV es conseguir un permiso temporal que renuevan cada cierto tiempo "Es una situación de chantaje que tiene dos caras —explica esta corresponsal de la ERT—: cada gobierno de los últimos 21 años chantajea a estas cadenas diciéndoles que si no son progubernamentales, no se les renovaría el permiso temporal". Además, aunque desde 2011 están obligadas a pagar un impuesto del 20% sobre los beneficios obtenidos por la publicidad, Papaioannou destaca que "siguen pagando menos impuestos de los que deberían".
Para Thomais Papaioannou, la decisión de Samaras de cerrar el ente público esconde aspectos que van más allá de querer hacerle un lavado de cara. "En la ERT hay corrupción, nepotismo, falta de competencia, rechazo... creados por los mismos políticos que ahora acusan a ERT de esos males: Samaras, Venizelos —líder de los socialistas griegos, el PASOK— y todos los que han tenido el poder desde el final de la dictadura", denuncia esta periodista.
Los acuerdos de la troika y el Gobierno de Samaras juegan un importante papel en este punto: "Hasta finales del verano necesitan despedir a 2.000 trabajadores públicos. La ERT tiene 2650 trabajadores. Los números cuadran", dice. Una vez comience el nuevo ente público —en el que se cree que trabajarán cerca de 700 empleados—, Papaioannou está convencida de que se "contratarán a los más fieles, gente de confianza e incompetente, porque es la mejor manera de controlarlo".
En su opinión, "los periodistas que todavía resisten son reprimidos, amenazados y están en la lista negra. La mayoría están desempleados, es la mejor manera de hacerles callar", sostiene.
Con todo, esta periodista reclama la vuelta de la ERT: "Si la dejan de lado no habrá libertad de expresión en Grecia. Es más el principio de lo que la televisión pública representa que en lo que se ha convertido".
Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/1847342/0/televisiones-grecia/panorama/cierre-cadena-publica/

Reino Unido rastrea el tráfico mundial de telecomunicaciones para controlar internet

Reino Unido rastrea el tráfico mundial de telecomunicaciones para controlar internet

Agencias
rebelion.org


La Oficina de Comunicación del Gobierno (GCHQ) de Reino Unido, agencia de Inteligencia, cuenta con acceso a las redes de comunicación del mundo y almacena gran cantidad de información procedente de correos electrónicos, mensajes de redes sociales y llamadas , con el objetivo de “controlar internet”, según ha desvelado este viernes el diario ‘The Guardian’.

El periódico ha asegurado, además, que la agencia de Reino Unido comparte la información que almacena con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense, según los documentos a los que ha tenido acceso, en los que GCHQ asegura que pretende “controlar internet”.La GCHQ ha conseguido introducirse en los cables de fibra óptica de las conexiones mundiales y almacena durante 30 días la información que descarga. Estas operaciones, que reciben el nombre de Tempora, llevan realizándose desde hace 18 meses.
La agencia es capaz de registrar llamadas, publicaciones en Facebook o el historial de un usuario, a pesar de que no tengan autorización judicial expresa que permita espiar a una persona en concreto. Estos documentos han sido facilitados por el exagente de Inteligencia estadounidense Edward Snowden.
La GCHQ comenzó este programa en 2010, cuando consiguió controlar las comunicaciones en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Según los documentos, la Oficina “conseguía más metadata que la NSA”, en referencia a los datos sobre comunicaciones sin precisar su contenido, aunque según los informes los 850.000 empleados de la agencia estadounidense tienen acceso a estos datos.
Los informes hacen referencia a que algunas compañías podrían estar colaborando con este sistema, aunque mantiene sus nombres en secreto y lo menciona como “equipos de relaciones sensibles”, mientras que algunos trabajadores que facilitan información se les presenta como “fuentes especiales” que “no tienen opción” a la hora de negarse a colaborar.
Una fuente citada por ‘The Guardian’ ha explicado que “no comprueban cada grano de paja”. “Si existe la impresión de que leemos millones de correos, no lo hacemos. La intención del programa no es vigilar el tráfico en Reino Unido”, ha asegurado dicha fuente, que ha apostillado que sólo comprueban conexiones cuando existen evidencias de terrorismo o crimen organizado.
Según el organismo, estas operaciones han permitido encarcelar a varias personas que preparaban ataques en Reino Unido, como cinco personas que pretendían realizar un atentado en el aeropuerto de Luton o el arresto de tres personas en Londres que podrían haber perpetrado un ataque de cara a los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres.
Sobre la legalidad de este proceso, la asesoría legal de GCHQ defiende que aplican leyes que permiten el proceso, aunque una norma de 2000 obliga a que estas operaciones tengan que estar autorizadas por el Ministerio del Interior o de Exteriores, aunque uno de los puntos de la legislación permite que se realicen estos pinchazos masivos si el servidor está fuera del país.