segunda-feira, 4 de junho de 2012

"Para las corporaciones de Internet la privacidad no existe, es un derecho obsoleto"


En el MICA, la socióloga marroquí/francesa Divina Frau-Meigs le contó a Ñ digital su experiencia durante la reciente cumbre e-G8, que cruzó a los dueños de las grandes compañías de Internet con dirigentes políticos de las potencias mundiales. La hegemonía de los Estados Unidos en la web, uno de los ejes de la charla.

POR Victoria Real 

DE Ñ Revista de Cultura, Clarin, BA 


ALTERNATIVA. "Si los países hispanoablantes se unieran, generarían un flujo cultural diferente", dice Frau-Meigs. (Victoria Reale) ALTERNATIVA. "Si los países hispanoablantes se unieran, generarían ...
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Invitada por la embajada de Francia junto con la Fundación Telefónica y el Mercado de las Industrias Culturales (MICA) que acaba de finalizar en Buenos Aires, Divina Frau Meigs, socióloga especialista en medios de comunicación, tecnología y comunicación, y asesora de la Unesco, ofreció un par de conferencias sobre "Internet, la innovación, la educación y la diversidad cultural" ¿Qué oportunidades ofrece Internet en materia de producción, difusión cultural e inteligencia colectiva?¿Es posible romper la hegemonía estadounidense en la web? Estas preguntas fueron contestadas por la especialista, quien además analizó las posibilidades de la educación como herramienta para romper la hegemonía cultural estadounidense, de poner en perspectiva la experiencia europea, junto con la experiencia de quienes se incorporan a la producción de contenidos culturales de masa, como Brasil y Medio Oriente y la de los países del Cono Sur, frente a la hegemonía norteamericana
- En términos prácticos, ¿qué significa el concepto de diversidad cultural como derecho?
El derecho a la diversidad cultural es un derecho de protección y de promoción que en 2007 se incorporó a la declaración de los Derechos Humanos. En este momento en las redes no hay protección de la diversidad cultural. Existe la promoción de la expresión bajo todas sus formas, como los chats, los foros, los blogs y los avatares. Y muchos jóvenes usuarios tienen la impresión de que todo esto es libre y gratuito. La realidad es que la web está financiada por la televisión y los estudios de Hollywood, que yo llamo Hollyweb porque ahora sus productos están en Internet. Estas corporaciones son monopólicas y se rigen por el derecho de propiedad que existe en California, Estados Unidos. Si estas cyberempresas deciden utilizar los contenidos que ponen los usuarios en sus plataformas para hacer dinero, pueden hacerlo, ya que la ley de California lo permite.
-A fines de mayo en París se realizó la primera reunión del "eG8", donde las mega corporaciones expresaron sus proyectos para la web. Esos proyectos fueron presentados en la reunión de los ocho países más poderosos del planeta. ¿Cómo ven el futuro de Internet las corporaciones?
Fui invitada al "eG8", un encuentro al que concurrieron todos los multimillonarios recientes, dueños de las plataformas que manejan la web como Google y Facebook, entre otros. Ellos llevaron un mensaje muy claro hacia los gobiernos que conforman el G8. Ese mensaje fue que la privacidad no existe, que es un derecho obsoleto. También recalcaron que las formas de expresión que están en sus plataformas son de su propiedad y las pueden comercializar. Todo esto apunta a que están creando una nueva economía de la web, en la que van a explotar los contenidos que no provengan de formatos clásicos que ya tienen los derechos reservados. Es decir que van a explotar las nuevas formas de expresión donde la gente habla de su vida cotidiana o sobre sus amigos, y que para ellos son bienes relacionales. Las grandes empresas quieren transformar esos bienes en industriales y culturales para ganar dinero.
¿Los Estados no deberían proteger el derecho de propiedad intelectual y privacidad de sus ciudadanos frente a las empresas?
El Estado tiene un rol muy importante en la regulación de los medios y debe replantearse el vacío legal que existe en Internet. En el reciente G8, los Estados más poderosos hablaron de recuperar soberanía frente a las grandes compañías, ya que en el único lugar donde pagan impuestos por sus ganancias es en California. Pero las empresas operan en todo el mundo y deberían pagar impuestos a cada país. Lo importante ahora es que los Estados legislen para que las expresiones que circulan en la web, como un chat, un foro, o un blog pertenezcan al que lo ha producido, al creador, y no sólo a la plataforma que ha prestado los medios de producción.
¿Existen posibles resistencias al modelo hegemónico de contenidos estadounidenses que hoy lidera Internet?
Estudios recientes muestran que los flujos de tráfico en Internet son asimétricos. Hay mucho contenido y trafico desde los Estados Unidos, luego hay tráfico de Europa y el resto del mundo está muy por debajo. Hay que buscar reorganizar los flujos de manera más equilibrada. Eso sería posible si se desarrollan políticas culturales transfronterizas. Por ejemplo, si los países de habla hispana de Latinoamérica se unieran con España, sumarían millones de usuarios y así se podría generar un flujo de sus contenidos culturales totalmente diferente. Si se generan políticas regionales y las regiones luego se unen porque sostienen los mismos derechos, estoy segura de que las empresas estadounidenses renegociarían sus contratos.
Otra forma de romper con la hegemonía es educar a los niños y jóvenes para que entiendan que las redes sociales producen cultura. Si ellos pueden formarse con productos culturales diferentes y pluralistas, poco a poco van a convertirse en usuarios con sentido crítico. Para esto hay que formar primero a los docentes en los nuevos medios, para que ayuden a los niños y adolescentes a poder manejarlos desde otra visión.
¿Por qué cree usted que los productos culturales estadounidenses tiene tanto éxito entre los más jóvenes?
Porque son contenidos positivos, están basados en el presente, en lo cotidiano y se proyectan al futuro. Hacen foco en la promesa, y por eso son tan atractivos para los jóvenes. En cambio mucho de los contenidos que se realizan en Francia o en la Argentina se basan en la historia, en el patrimonio y no generan promesas. Cuentan el pasado, o a veces omiten el pasado importante como los crímenes. Hay que fomentar la necesidad de los jóvenes de querer comprender el mundo a través de los medios, poder expresarse en ellos y proyectarse. Todo eso les generará autoestima y orgullo por su identidad para presentarse en las redes sociales.
¿Cómo ve el programa Conectar Igualdad que lleva adelante el Gobierno, que reparte 3 millones de netbooks a estudiantes secundarios y a alumnos de institutos de formación docente?
El problema que veo en el plan que implementó el Gobierno es que fue una decisión tomada por ellos, y no surgió de un pedido hecho específicamente por la comunidad escolar. Me preocupa cómo se va a hacer la apropiación de esta tecnología. Creo que se deben generar proyectos dentro de cada escuela y de cada grupo que tengan un valor añadido para los usuarios. Si los alumnos no pueden aprender nada nuevo, no les va a interesar y esto va a fracasar. La clave es apostar a formar a los docentes para que puedan manejar los nuevos medios y que puedan transmitirles a sus alumnos contenidos dentro de la diversidad cultural. En los Estados Unidos existe un fondo público proveniente de un impuesto a las ganancias que deben pagar todas las empresas de comunicaciones. Este fondo no lo reparte el gobierno directamente, sino que las escuelas y universidades arman un proyecto con su municipalidad y lo presentan a este fondo para ser evaluado. Es un modelo de encuentro entre la financiación pública y una necesidad real de la gente, que aprovechará la inversión y no abandonará el proyecto.
Frau-Meigs básico:
Nació el 9 de junio de 1959 en Casablanca, Marruecos. Es profesora de Estudios Americanos y Sociología de los Medios de Comunicación en la Universidad Sorbonne Nouvelle de Francia. Ha publicado extensamente en las áreas de contenido de medios de comunicación, las tecnologías y las subculturas de la pantalla. Realizó trabajos para la UNESCO, el Consejo de Europa y la Universidad de la Sorbonne Nouvelle. Fue vicepresidenta de la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social (IAMCR/AIECS, 2002-08) y de Asuntos Internacionales de la Société Française des Sciences de l'Information et de la Communication (SFSIC, 1993-96). En 2006 le concedieron "L'Étoile d'Or" de Internet en homenaje a su trabajo sobre las nuevas tecnologías de la información. Sus trabajos se pueden consultar en medias-matrices.net

domingo, 3 de junho de 2012

Quem é culpado pela tragédia grega

Mohamed El-Erian 

Da FSP
Quem é culpado pela tragédia grega?
Os governos gregos, os credores, a Europa e o FMI sairão ilesos, enquanto a população pagará por anos
A Grécia está tomando o caminho seguido por outras economias emergentes devastadas por crises nos últimos 30 anos. De fato, há semelhanças entre esse um dia orgulhoso integrante da zona do euro e a Argentina antes de sua moratória de 2001.
Com uma implosão igualmente traumática -econômica, financeira, política e social-, devemos esperar debate acalorado sobre quem é o culpado por agravar o sofrimento imposto a milhões de gregos.
Há quatro suspeitos -todos envolvidos na espetacular expansão que precedeu aquilo que infelizmente virá a se provar uma contração ainda mais espetacular.
Muita gente se apressará a culpar os governos liderados pelos dois partidos que costumavam dominar a política do país, o Nova Democracia, à direita, e o Pasok, à esquerda.
Dispostos a bancar via empréstimos a construção da prosperidade do país, os dois acumularam imensas dívidas e levaram a uma dramática perda de competitividade e de potencial de crescimento.
Depois de aceitar empréstimos excessivos nos anos que se seguiram à adesão grega à zona do euro, em 2001, o Nova Democracia e o Pasok deixaram os cidadãos gregos na berlinda quando ajustes e reformas se tornaram necessários, com a crise financeira mundial de 2008.
Os credores privados não hesitaram em despejar dinheiro na Grécia, mas rejeitaram sua responsabilidade de solucionar os problemas, quando se tornou impossível manter o boom artificial da economia.
Os empréstimos excessivos foram tão grandes que em dado momento reduziram a disparidade de rendimento entre os títulos dos governos alemão e grego a uma diferença absurdamente pequena para dois países que se contrapõem de maneira tão forte em termos de gestão econômica e condições financeiras.
Quando se tornou extremamente claro que a carga da dívida grega havia atingido o patamar da insolvência, os credores optaram por postergar o momento da verdade.
Mas nem o governo grego nem os credores privados do país agiram no vácuo. Os dois receberam cobertura política do esforço de unificação da Europa -uma iniciativa histórica cujo objetivo era garantir o bem-estar do continente por meio de maior integração econômica e política, tendo por base regras confiáveis e instituições efetivas.
E, quanto aos dois quesitos -regras e instituições-, a zona do euro ficou bem aquém do necessário. Recorde que as grandes economias centrais da UE -Alemanha e França- estiveram entre as primeiras a violar as normas orçamentárias estabelecidas quando do lançamento do euro. E as instituições da Europa se provaram impotentes para fiscalizar o cumprimento de suas normas.
A Europa também não reagiu devidamente quando se tornou óbvio que a Grécia começava a oscilar. Os demais governos europeus não chegaram a uma avaliação convergente dos problemas do país.
Por fim, temos o FMI, a instituição encarregada de salvaguardar a estabilidade financeira mundial e fornecer assessoria confiável aos países. Parece que sucumbiu com facilidade excessiva a pressões políticas, tanto no ciclo de expansão quanto no de contração.
Credores, governo grego, Europa e FMI não podem evitar a realidade de que o colapso grego não teria ocorrido se não tivessem sido complacentes durante a expansão e cumprido de forma tão medíocre suas responsabilidades durante a contração. Colaboraram para criar uma sensação de falsa prosperidade, e, quando a virada inevitável chegou, atrapalharam-se. Agora, a esperança é que sejam responsabilizados pelos erros cometidos.
O mais provável é que escapem quase ilesos, especialmente se comparados às verdadeiras vítimas dessa tragédia -a população grega, cuja situação econômica se tornará muito pior, à medida que empregos e economias desaparecem.
E os gregos podem não estar sozinhos. Milhões de outras pessoas podem sofrer danos colaterais, dado o risco de que o contágio financeiro se espalhe a outros países.
Em um mundo mais justo, esses cidadãos vulneráveis teriam direito a confiscar os salários, os privilégios oficiais e as bonificações de que as quatro partes culpadas vêm desfrutando. No mundo real, a situação serve como importante lição para o futuro.
MOHAMMED EL-ERIAN é presidente-executivo e vice-presidente de investimento da Pimco. Este texto foi distibuído pelo Project Syndicate.
Tradução de PAULO MIGLIACCI

quinta-feira, 31 de maio de 2012

Uma internet sem censura é possível e real

Internet paralela






Por Murilo Roncolato
Do Link Estadão


Isaac Wilder ligou o Occupy Wall Street ao resto do mundo em 2011. E agora quer conectar todo o planeta em uma rede alternativa

SÃO PAULO – “Facebook? Twitter? Se acham que é possível fazer a revolução usando essas ferramentas privadas de espionagem, estão redondamente enganados.” Isaac Wilder, cofundador da Free Network Foundation (FNF), tem uma proposta diferente para os ciberativistas de plantão. Em vez de lutar contra a censura corporativa e governamental sobre a internet, Wilder propõe a criação de uma outra internet, livre. Em entrevista por e-mail ao Link, ele explicou melhor o que chama de ciberespaço cidadão.


Isaac tem apenas 22 anos, já estudou Ciências da Computação e Filosofia, mas abandonou os dois cursos para se dedicar unicamente ao seu projeto. Após viajar para Cuba e se deparar com a dificuldade de acesso à internet por lá, colocou para si a meta de elaborar uma estrutura de rede que pudesse levar conexão de forma barata e segura para onde houvesse demanda.

Fora do papel, a ideia tomou corpo em forma de uma estrutura física – uma antena de quase três metros, chamada FreedomTower (torre da liberdade), e um dispositivo que funciona como roteador, servidor e armazenador de dados, o FreedomBox. (caixa da liberdade). Quando o movimento Occupy Wall Street ganhou força em 2011, os manifestantes precisavam de conexão segura e rápida, 24 horas, para se comunicar com o mundo. Era a chance de Wilder. Ele aproveitou e obteve sucesso não só em Nova York, mas no Occupy de Austin e Los Angeles.

De infraestrutura para protestos, a antena da internet livre deveria tomar o mundo. Esse era e ainda é o plano. Wilder vê à frente o mundo inteiro interligado por uma rede privada (VPN) criada graças à presença de FreedomTowers e Boxes espalhadas em domicílios do mundo todo.

“Em cinco anos, a maioria das metrópoles do mundo terão porções significativas de sua população conectada a uma rede comunitária”, prevê. “Chegamos a um ponto de inflexão tecnológica, e este momento está finalmente chegando ao público geral.”

Wilder acredita que sua ideia tem bastante chance de ser difundida, principalmente por causa do baixo custo da estrutura (US$ 1.240 a antena e US$ 100 o box) e da redução posterior de gastos com internet, já que a rede “cidadã” tende a ser mais barata do que a conexão vendida pelas operadoras. “Usamos o que temos à disposição para criar coisas melhores para o futuro. O sistema atual proporciona as condições necessárias para a sua própria obsolescência. Não é um paradoxo que usemos os equipamentos dessas empresas de hoje – é uma estratégia.”

Segundo Wilder, há no mundo movimentos com o mesmo propósito. “De Atenas a Berlim, de Cabul a Nairóbi. Isto só tende a se expandir conforme as tecnologias melhoram”, acredita.

A FNF está hoje em Kansas, no Missouri, onde fará uma grande demonstração da sua rede e sobrevivendo de doações. A organização ganhou mais evidência quando Richard Stallman, fundador da Free Software Foundation, passou a fazer parte do Conselho. “Ele está empolgado em ver que uma nova geração de hackers pensando de maneira ética sobre a tecnologia.”

segunda-feira, 28 de maio de 2012

Inglaterra e Brasil: liberdade de imprensa

Venício A. de Lima
no Observatorio da imprensa

A Inglaterra do século 17 constitui a referência moderna obrigatória para o entendimento da liberdade de expressão republicana centrada na vita activa e no autogoverno. A terra de John Milton e Tom Paine tem sido um dos palcos fundamentais do debate entre republicanos e liberais em torno da ideia de liberdade, ao mesmo tempo em que lá se constituíram modelos importantes de prestação do serviço público de radiodifusão (BBC), de regulamentação (OfCom) e de autorregulamentação (PCC) das atividades da mídia.
Por tudo isso, as revelações tornadas públicas originalmente pelo tradicional The Guardian, no início de 2011, de práticas “jornalísticas” criminosas desenvolvidas rotineiramente pelo tabloide News of the World, do grupo News Corporation, desencadearam reações imediatas por parte do governo britânico, de instituições privadas e de cidadãos.
Uma investigação já foi concluída na Comissão de Cultura, Mídia e Esporte da Câmara dos Comuns e seu relatório divulgado no último dia 30 de abril; pelo menos outras três ainda estão em andamento no âmbito da polícia (Weeting, Eldeven e Tutela); várias ações civis impetradas por cidadãos que se consideram vítimas de invasão de privacidade também estão tramitando. E o inquérito mais importante de todos, mandado instalar pelo primeiro-ministro com o objetivo de esclarecer “o papel da mídia e da polícia no escândalo de escutas telefônicas ilegais” (Inquérito Levison), em julho de 2011, prossegue interrogando, entre outros, jornalistas e empresários.
Uma das consequências mais concretas das denúncias até agora foi o anúncio da agência autorreguladora (PCC), em fevereiro passado, de que estava sendo descontinuada para dar lugar a outra, com poderes de interferência mais eficazes.
E no Brasil?
Nas últimas semanas os brasileiros estão tomando conhecimento de atividades criminosas entre grupos empresariais privados, políticos profissionais no exercício do mandato, setores da polícia e do Judiciário, além da aparente cumplicidade de importantes órgãos da mídia tradicional. A se confirmar, estaríamos diante de um gravíssimo desvirtuamento profissional e ético do papel da imprensa, colocada a serviço de interesses políticos e empresarias privados e criminosos.
Escutas telefônicas apontam para uma relação que vai muito além daquela admissível entre o jornalista e sua fonte. Há indícios não só de um comando da fonte criminosa sobre a pauta jornalística, mas, sobretudo, de uma cumplicidade em relação a objetivos empresariais e políticos.
Lá e cá
Ao contrário da Inglaterra, onde a denúncia sobre oNews of the World se tornou pública pela ação de um veículo da grande mídia (The Guardian), aqui a primeira reação – salvo uma rede de TV (Record) e uma revista semanal (Carta Capital) de menor circulação – foi ignorar o envolvimento da mídia no escândalo. Num segundo momento, a solidariedade explícita e ameaçadora dos principais grupos privados de mídia com o grupo sob suspeita.
Uma CPMI foi instalada no Congresso Nacional, mas até agora não há indicação clara sobre a disposição de investigar o envolvimento de grupos de mídia com as ações criminosas.
No Brasil não há órgão de regulação ou de autorregulação da mídia, portanto, ações específicas nessas áreas não existem nem existirão.
Já o governo brasileiro tem revelado total inapetência para assumir o papel de protagonista em relação à regulação democrática do setor de mídia. Nem mesmo os princípios e normas da Constituição de 1988 foram regulamentados, e portanto, na sua maioria, não são cumpridos. Há décadas se anuncia um projeto de marco regulatório para o setor de comunicações que, até agora, não se materializou.
Ao contrário da Inglaterra, no Brasil não há compromisso histórico com a liberdade de expressão. Nosso liberalismo nunca foi democrático e prevalece uma interdição branca até mesmo do debate público das questões ligadas à regulação do setor de mídia. Recentemente, a bandeira da liberdade de expressão foi indevidamente apropriada pelos mesmos grupos que apoiaram o golpe de 1964, responsável pela censura oficial que vitimou, inclusive, seus próprios apoiadores por mais de duas décadas.
Aparentemente, todavia, temos algo em comum com a Inglaterra: graves desvios no comportamento de jornalistas e de seus patrões. Mas ainda não temos no Brasil nem os instrumentos institucionais, nem a vontade e a força políticas para enfrentar o poder desmesurado da grande mídia.
***
[Venício A. de Lima é professor titular de Ciência Política e Comunicação da UnB (aposentado) e autor, entre outros livros, de Regulação das Comunicações – História, Poder e Direitos; Paulus
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quinta-feira, 24 de maio de 2012

Keen versus Krugman: capitalismo, instabilidade e crise

De Carta Maior 

O debate entre Steve Keen e Paul Krugman serve para atrair a atenção sobre um fato fundamental que permanece escondido (em parte pela estupidez e cumplicidade de boa parte da comunidade acadêmica): a criação monetária não é poder privativo do banco central, mas está nas mãos dos banqueiros. A eles convém o endividamento crescente (seus lucros aumentam paralelamente). O artigo é de Alejandro Nadal.

A blogosfera está repleta de referências ao debate entre Steve Keen e Paul Krugman. É um duelo apaixonante sobre o funcionamento de uma economia capitalista, a instabilidade e a crise. O primeiro pensa que, para analisar uma economia capitalista, é necessário um modelo macroeconômico que inclua os bancos e o processo de criação monetária. O segundo considera que isso é desnecessário. Qualquer um que siga de perto a polêmica mudará sua forma de pensar as relações econômicas mais fundamentais da nossa sociedade.

Keen é professor de economia da Universidade de Sydney e autor de um dos livros mais populares de crítica à teoria econômica. Krugman está na Universidade de Princeton e recebeu o Nobel de Economia. O debate tem profundas implicações para a teoria e a política econômica e é essencial, para compreender o papel do setor financeiro e a natureza da crise global. Também revela com clareza as limitações da teoria econômica convencional que os tecnocratas e ideólogos do neoliberalismo aprenderam.

A discussão começa com um ensaio de Steve Keen (disponível em ineteconomics.org) sobre a instabilidade do sistema financeiro. Um dos pontos destacáveis dessa análise é que os bancos privados podem fazer crescer a oferta monetária em resposta à demanda de fundos por parte de consumidores, empresários ou especuladores. Desta perspectiva, o investimento não é financiado por poupança, mas pela outorga de crédito pelos bancos. A oferta monetária não se decide fora do sistema econômico (por exemplo, pelo banco central), mas responde à demanda endógena de atores como empresas, consumidores ou especuladores.

Esta perspectiva já se encontra na obra de Joseph Schumpeter, um dos economistas mais importantes do século XX e mestre de Minsky. Este autor se pergunta: de onde provem os recursos para que um empresário possa instalar nova capacidade produtiva? A resposta convencional é que provem da poupança, mas Schumpeter acha que isso é insuficiente e que existe outro método que consiste na criação de poder de compra pelos bancos. Ou seja, não se trata de transferir um poder de compra previamente existente, mas de criar novo poder de compra do nada.

O dito anteriormente pode surpreender à primeira vista. Os economistas neoclássicos (Krugman não é exceção) estão convencidos de que, em uma economia capitalista, primeiro há agentes que poupam e depositam sua poupança nos bancos. Ato seguido, os bancos realizam seu trabalho de intermediação e emprestam esses recursos. Esta é a teoria dos fundos de empréstimo: em uma economia, sempre há agentes que poupam e agentes que demandam dessa poupança para investir ou consumir. Os bancos funcionam como intermediários e botam estes agentes em acordo. A taxa de juro é o preço que compatibiliza a oferta e demanda de crédito. Muita gente acredita que o mundo funciona desta maneira. Equivocam-se!

Seguindo Minsky-Schumpeter, Keen afirma que o investimento é financiado, não através de uma poupança previamente existente, mas pela expansão da oferta monetária associada à outorga de créditos a empresas, expansão que é acompanhada do aumento de endividamento. Assim, a demanda agregada, em uma economia capitalista-monetária, cresce porque existe uma forma de financiamento do gasto agregado e porque alguns agentes ou setores podem financiar seu gasto através da emissão de dívida. Esta é a teoria monetária endógena. O trabalho de Keen estaria incompleto se não tivesse uma sólida base empírica para confirmar sua perspectiva analítica.

Krugman responde (Krugman.blogs.nytimes.com) que pouco importa o que disse ou quis dizer Minsky: estamos fazendo teoria econômica, não estudos místicos. Segundo ele, quando um agente poupa e empresta sua poupança (pela intermediação de um banco), a demanda agregada permanece inalterada. A redução na demanda (devido à poupança) se compensa com o aumento da demanda derivada do emprego dos recursos emprestados. Por isso o endividamento não é importante no modelo de Krugman. Há que agregar que, em seu modelo, os mercados convergem ao equilíbrio sempre e quando não exista rigidez no ajuste de preços e fricção no ajuste de quantidade.

Steve Keen pôs Krugman em seu lugar e botou a visão neoclássica no lixo. Também assentou as bases para uma nova interpretação da crise e para repensar as respostas de política macroeconômica para enfrentá-la. Tudo isto serve para atrair a atenção sobre um fato fundamental que permanece escondido (em parte pela estupidez e cumplicidade de boa parte da comunidade acadêmica): a criação monetária não é poder privativo do banco central, mas está nas mãos dos banqueiros. A eles convém o endividamento crescente (seus lucros aumentam paralelamente). Conclusão: urge recuperar o controle social da criação monetária.

http://nadal.com.mx

Tradução: Libório Júnior

domingo, 22 de abril de 2012

El proceso de Oslo: la apología del mal; por Fernando Mires


 | 21 de Abril, 2012

El 17 de Abril de 2012 será recordado como el día en que uno de los más grandes criminales de la historia de la Europa de post-guerra, el noruego Anders Behring Breivic, dio lectura a un manifiesto donde no sólo confesó su horrendo crimen (77 jóvenes asesinados) sino, además, legitimó su acto como misión histórica que él cumplió a fin de liberar a su patria de la amenaza multicultural.
Anders Behring, pese a que actuó en solitario, se reconoce como miembro de un movimiento que recorre a Europa. Así, en su primera aparición saludó con una mezcla de gesto hitleriano y estalinista, la mano extendida y el puño cerrado. “Un nazi aislado del mundo”, pensaron muchos. No; no necesariamente. Behring es un solitario; pero no está solo.
El mismo Behring usó en su defensa el “nosotros” para nombrar, entre otros “compañeros de ruta”, a los miembros de la banda nazi alemana (NSU), la que durante diez años asesinó a pequeños comerciantes extranjeros.
    Ese pronombre “nosotros” no sólo incluye a los fascistas clandestinos. Es también el de muchos resentidos sociales cuando entre cerveza y cerveza dan curso verbal a odios culturalmente reprimidos. Ese es también el discurso que agitan electoralmente Le Pen e hija, en Francia.
    En cierto modo Behring puso en práctica una ideología cuyas raíces hay que encontrarlas en el pasado nazi pero que hoy reverdece; y no sólo en Europa. Es, para abreviar, el discurso que agitan xenófobos, homófobos, y tantos otros “fobos” algunos de los cuales incursionan en arenas políticas. Son ellos los ejecutores de la razón uniforme; los que no admiten otra creencia u otra idea que no sea igual a la “nuestra”. Así se explica por qué el primer día que hizo su entrada al tribunal, Behring declaró que él actuó en defensa propia. La frase, de acuerdo a la magnitud de la tragedia, sonó como chiste de pésimo gusto.
    Sin embargo, Behring no es hombre de chistes. Por esa razón, a quienes tienen algún conocimiento psicológico, la frase de Behring resultó lógica. Efectivamente, Behring asesinó porque se sentía amenazado y, luego, desde “su” punto de vista, actuó en defensa propia. De tal modo la pregunta es ¿por quiénes se sentía amenazado el asesino Anders Behring Breivic?
    Arriesgar una respuesta implica aceptar que el tema tiene varias superficies. La primera es la del fenómeno mismo. Behring, así lo dijo, asesinó a los jóvenes porque eran cómplices de la “sociedad multicultural”. Luego, Behring, se considera a sí mismo como un defensor de la patria amenazada por la ambivalencia racial y cultural.
    La incapacidad de soportar la ambivalencia es, según un brillante y ya antiguo libro de Sygmunt Bauman (Modernidad y Ambivalencia), una de las características de la era moderna. De acuerdo con Bauman los totalitarismos del siglo XX tuvieron origen en “el escándalo de la ambivalencia” propio a un pensamiento moderno que tiende a la uniformidad. Sin embargo, Bauman no desarrolló su tesis más allá de la superficie sociológica en la cual tan bien se moviliza. Hay, además, una segunda superficie, la que es psicológica, y en ella podemos leer lo siguiente:
    Las amenazas que enfrentó Behring son “proyecciones” que surgen de una profunda disociación mental. Amenazas extrañas (extranjeras) a su “yo”, lo acosan, lo invaden y él, incapaz de defenderse “desde dentro”, lo hace “hacia afuera”. En ese sentido el odio al extranjero que profesa Behring no es más que odio (miedo) a su propio extrañamiento, el que pretende eliminar matando a las personas que favorecen la entrada de lo extraño (los extranjeros). En ese caso estaríamos frente a un caso patológico personal. ¿Personal?
    Ya he sugerido que pese a que actuó de modo solitario, Behring no está sólo. Él es un representante activo de corrientes ideológicas existentes. Constatación que obliga a acceder a una tercera superficie. Una que más que psicológica es antropológica y, por lo mismo, una que tiene que ver con la propia condición humana. Me refiero a la de un ser no sólo dividido entre su animalidad y su espiritualidad sino, además, suspendido entre dos espacios desconocidos y por lo mismo aterrantes. Entre esas dos muertes, dijo Lacan: una, la que nos precede y otra, la que continúa después de nuestra vida, en ese espacio inaccesible de “lo otro” a quién Behring, en su impotencia, objetivó en “el otro”.
    La verdadera e inquietante pregunta sería entonces: ¿Somos todos como Behring?
    Por de pronto no hay ningún motivo para afirmar que Behring no es humano. En ese sentido somos todos como Behring. Pero en otro, y es lo decisivo, no todos somos como Behring. De una manera u otra, la mayoría hacemos uso de ciertos accesorios que nos permiten compensar el indescifrable sentido a la vida. ¿Cuáles? A manera de ejemplo: el trabajo, el arte, la cultura, la religión, la moral, la amistad, la política y, no por último, el amor. Ahora, de acuerdo a mis informaciones, Behring carecía de todos esos “accesorios”.
    Sin embargo, el juicio a Behring tiene lugar en una superficie jurídica, la que no es sociológica, ni psicológica, ni filosófica. Allí Behring será condenado a la pena máxima que existe en su nación. Pena muy benevolente, si la comparamos con las de otras naciones. Que así sea.
    Por último, una confesión muy personal: Yo, enemigo declarado de la pena de muerte, al pensar en esos 77 jóvenes asesinados y a la vez, sabiendo que el asesino sigue con vida, no puedo evitar una muy grande sensación de injusticia.

    terça-feira, 10 de abril de 2012

    Una nota liberal contra el liberalismo


    Marzo 2012 |

    La imaginación de los políticos vuela tan alto como los cocodrilos. Hay que agradecer a Enrique Krauze y Javier Sicilia el ejemplo de una discusión en el nivel de las ideas.
    Krauze ha escrito un libro de gran calado: Redentores. Sicilia no solo explica su importancia, sino que cuestiona su punto de partida liberal. Magnífico: nada mejor que el liberalismo cuestione su fundamento. Su crítica me recuerda la más importante hecha a Una teoría de la justicia de Rawls por Robert Nozick: la cuestión fundamental no es la forma de concebir la justicia en el estado, sino si debe existir el estado –en tanto que su conformación misma implica una injusticia.
    El espíritu anarquista está presente como bajo continuo en una buena parte de la izquierda liberal, verde y cristiana sin que parezca un tema central, aunque lo es. Ni el cuestionamiento ni el rechazo del estado pueden hacerlo desaparecer, pero pueden y deben mantenerlo bajo escrutinio y azuzar la imaginación práctica. Y eso han hecho Krauze, el historiador que interroga a doce redentores, y Sicilia, el poeta que sueña en sociedades justas. Deshilachando el liberalismo, todos los hilos cuelgan de una misma alcayata: limitar el poder.
    Dice Sicilia que

    ese liberalismo, que se expresa a través del nosotros democrático, tiene un doble fondo que oculta una forma totalitaria disfrazada de libertad. En primer lugar [...] la búsqueda de instalar al individuo dentro de un plan y un programa, no son solo el fruto de los Estados totalitarios, sino también, y antes, el producto de la situación objetiva de la técnica y del mercado que están en el fondo de la sociedad liberal y que, bajo el peso de la producción, el consumo, la publicidad y la manipulación ideológica de la técnica, han ido destruyendo el esqueleto espiritual y moral del hombre.

    Pero, históricamente, el liberalismo ha sido todo lo contrario: el intento de limitar el poder político, sujetándolo al derecho (primero y fundante) de las personas físicas. Los liberalismos latinoamericanos han fallado porque consideran al estado como la primera persona: la que otorga los derechos individuales. Es un liberalismo secuestrado jurídicamente y, por tanto, susceptible de caer en las fauces de ese segundo monstruo que perfila Sicilia: técnica, mercado, producción, consumo, publicidad, manipulación del estado y las grandes corporaciones. Pero esto no es el liberalismo, sino su traición.
    Puede haber sociedades sin estado –como han mostrado Pierre Clastres en términos políticos y Marshall Sahlins en términos económicos–, pero la idea de un estado sin sociedad es un disparate. El principio original, básico, de los derechos humanos (el que invoca Antígona contra la ley) no puede residir en la abstracción de las instituciones sino en la concreción humana. Y es eso lo más emocionante del movimiento encabezado por Sicilia: no es corporación, ni militancia, ni gremio, sino una manifestación de personas físicas que han sufrido crímenes desatendidos o cometidos por las autoridades.
    Es verdad que de las tripas de las sociedades liberales, cuando no han sabido frenar la voluntad de dominio, han surgido monstruos totalitarios. Es un peligro. Pero no hay que confundir las libertades con su perversión. Los liberalismos pueden parir tiranos; otros sistemas los producen necesariamente.
    Sicilia señala, con razón, que el liberalismo superficial transforma el juego democrático en abuso y opresión. Y, de hecho, concuerda con la crítica que ha venido haciendo Krauze. Mientras nuestra constitución política –como todas las latinoamericanas– siga considerando que los derechos humanos no son anteriores al estado, sino concedidos por el estado, no podemos decir que es liberal; es un estatismo con maquillaje liberal.
    El disgusto con los resultados de la democracia no solo es mexicano, ya se ve. Parece globalizarse una constante sensación de insuficiencia del estado democrático: no va a ningún lado. Se ha olvidado que esa es su función, porque la democracia no tiene un punto final o definitivo de arribo: es un recurso para avanzar.
    El liberalismo es un principio (el de la libertad); la democracia, un recurso (el de la igualdad). Limitados e insuficientes, pero al menos permiten que la sustancia y valores de la vida política queden en manos de una sociedad libre, sin ser dictados desde arriba. Y esa es la labor de la relectura histórica de Krauze: no la propuesta de una ideología, ni el encandilamiento con una democracia o un liberalismo, sino el escudriñamiento de personas históricas y la advertencia ante el verdadero mal: el poder. En eso coinciden ambos.
    Sin embargo, para que democracia y liberalismo adquieran sentido, para evitar la vacuidad en su funcionamiento, requerimos de algunas formas de la tecnología –que Sicilia detesta de modo muy particular y con razones poderosas. Sin embargo, propongo dos ejemplos de uso adecuado de la tecnología, uno antiguo y otro contemporáneo. Primero, el de las dos especies sagradas de la cristiandad: ni el pan ni el vino se dan en la naturaleza. Sus materias primas requieren trabajo y cuidado, y su elaboración, tecnología. Lo sabe Javier Sicilia, que también ha sido panadero.
    El segundo lo hallo en el movimiento de Paz con Justicia y Dignidad, que fue comprendido, compartido, extendido por las vías de la tecnología sin perder su profunda raigambre humana. No solo eso: merced a la tecnología, mucha gente pudo redescubrir, en sí misma, una dimensión espiritual que tenía adormecida. La tecnología no es enemiga de la esencia humana; de hecho, la lengua y su escritura son tecnología también. El horror consiste en invertir los fines y los medios. La persona no es un medio de producción; la democracia no es un fin; el liberalismo no es una vía de salvación. Dice Sicilia:

    La verdadera democracia, la democracia en su sentido real, no es el voto ni las elecciones libres –aunque la apoyen–, no es una cuestión de administraciones institucionales ni de arreglos entre ellas y sus consejos especializados llamados partidos, cámaras y secretarías, mucho menos el libre mercado o el asalto al poder de los redentores; no es, en suma, un sistema, “sino –dice Douglas Lummis– un proyecto histórico que la gente manifiesta luchando por él”. O mejor, una experiencia que repentinamente aparece, en medio del invierno que produce el Estado, “el más frío de los monstruos fríos”, dice Nietzsche, y las fracturas de la historia, como una breve primavera.

    Es un despropósito suponer que el estado, organizado para el poder, se hará cargo, solito, de limitar su poder. Por eso, el liberalismo (la limitación del poder) requiere de recursos operativos que impidan la acumulación o la perpetuidad del poder. ¿Infalibles? Ni por asomo. Necesariamente mejorables, y siempre perfectibles. De hecho, podemos apostar oro y moro a que ni el liberalismo ni sus democracias serán, jamás, la utopía cumplida. Pero es política. Tampoco es sensato suponer que la felicidad humana podrá residir en esa constante tensión entre ciudadanos y estado que llamamos política. Por eso es mejor pensar que la sociedad –responsable de darse a sí misma proyecto, valores, leyes– puede quedar en posición de regular y dirigir la cosa pública. Eso requiere labor constante y reparaciones continuas: “primaveras”, las llama Sicilia, “momentos dichosos en los que la igualdad, la libertad y la fraternidad se realizan en las fracturas del poder y de la historia” –esos momentos que derrumban malos gobiernos, pero fortalecen a las sociedades abiertas.
    Celebro los acuerdos, pero quizás celebro más los disensos entre Krauze y Sicilia: de ellos seguirá una conversación que, sin llegar a conclusiones, deje el camino sembrado con ideas y hombres capaces de creer en el otro como prójimo. Y a nosotros, sus lectores, con una luz prendida sobre el fangal de las cosas públicas.