quarta-feira, 7 de agosto de 2013

El gobierno de EEUU distorsiona y le oculta a la gente lo que hace y por qué lo hace con los aviones teledirigidos

Actualización sobre la guerra con aviones no tripulados
El arte de ganar enemigos

Jadaliyya.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El 1 de agosto de 2013, el Secretario de Estado estadounidense John Kerry hizo un anuncio en Islamabad, adonde se había desplazado en un intento de resucitar las estratégicas negociaciones bilaterales entre EEUU y Pakistán. Durante la conferencia de prensa, dijo que EEUU se había comprometido a poner fin a la guerra con aviones no tripulados contra Pakistán en un futuro próximo. “Pienso que el Presidente Obama tiene un calendario muy claro y confiamos en que sea muy, muy pronto”.El plan para reducir la guerra con aviones no tripulados era la condición previa fundamental para retomar las negociaciones entre los dos países, rotas en noviembre de 2011 tras un ataque aéreo que mató accidentalmente a veinticuatro soldados pakistaníes. En aquel entonces, las negociaciones iban ya renqueando en medio de crecientes sentimientos antiestadounidenses a causa de los ataques con aviones teledirigidos, la indignación provocada por los hechos acaecidos cuando un contratista de la CIA mató a tiros a dos hombres en Lahore y la última invasión del territorio pakistaní para asesinar a Obama bin Laden. Según una reciente encuesta Gallup, el 92% de la población está en contra del gobierno de EEUU.
Aunque Pakistán había permitido con anterioridad que EEUU emprendiera ataques con aviones teledirigidos, la postura de la oposición se ha convertido en la nueva posición oficial, como afirma implícitamente el comunicado de Kerry. En efecto, momentos después de haber jurado su puesto en junio, el Primer Ministro Nawaz Sharif pedía el fin de la guerra con aviones no tripulados en las zonas tribales del país y junto a la frontera con Afganistán.
La actual postura pakistaní contra la guerra con aviones no tripulados en su país está motivada por la creciente cifra de víctimas civiles. En febrero de 2012, el Bureau of Investigative Journalism (BIJ), con sede en Londres, informaba que entre 2009 y 2011, la CIA había emprendido asimismo la práctica de los segundos ataques (doble golpe), que matan e hieren a los rescatadores y atacan los funerales. Supuestamente, los segundos ataques habían terminado en julio de 2011. Sin embargo, en el mismo día en que Kerry hacía su anuncio en Islamabad, el BIJ informaba de nuevos hallazgos de cinco segundos ataques de la CIA contra el personal de rescate entre el 23 de mayo y el 23 de julio de 2012.
En junio de 2012, Christof Heyns, el Relator Especial de la ONU para las Ejecuciones Sumarias, Arbitrarias y Extrajudiciales, definió como crimen de guerra los segundos ataques que ponen en peligro a los rescatadores. En respuesta a la afirmación de Heyns, el representante de Pakistán en Ginebra, Zamir Akaram, instó al Consejo de los Derechos Humanos de la ONU a investigar la utilización de aviones no tripulados y exigió a EEUU “que respetara la cada vez más extendida opinión internacional” de que el uso de aviones no tripulados “no solo viola nuestra soberanía sino que, bajo nuestro punto de vista, viola también la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional”.
El 9 de mayo de 2013, el Tribunal Supremo de Peshawar (TSP) dictaminó que la guerra con aviones no tripulados de EEUU viola el Derecho Internacional, la soberanía del país y constituye un crimen de guerra. Esa sentencia se produjo tras la presentación de dos peticiones constitucionales por parte de la Fundación por los Derechos Fundamentales de Pakistán, denunciando el fracaso del gobierno a la hora de proteger a sus ciudadanos. El TSP ordenó al gobierno que emprendiera acciones inmediatas para impedir futuros ataques, llevara la cuestión de los ataques estadounidenses con aviones no tripulados en Pakistán ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (donde Pakistán es en la actualidad miembro no permanente) y, si se bloqueaba esa opción, solicitara una reunión urgente de la Asamblea General. Por último, el tribunal instó al gobierno a que pidiera indemnizaciones a EEUU por cada civil asesinado por un avión teledirigido.
En julio, el BIJ consiguió un informe secreto interno pakistaní sobre la muerte de civiles. Ese informe, que examinaba setenta y cinco ataques de los aviones teledirigidos de la CIA entre 2006 y octubre de 2009, halló que al menos 147 del total 746 de muertos eran civiles, 94 de ellos niños. Estas cifras se basaban en las investigaciones efectuadas sobre el terreno por funcionarios locales y, por tanto, contradicen con toda autoridad la versión oficial estadounidense de que los ataques de aviones no tripulados no suponen gran peligro para los civiles.
John Brennan es uno de los defensores más acérrimos de la línea de que las víctimas civiles son escasas. Durante la vista de su confirmación en el Congreso en febrero de 2013, la senadora Dianne Feinstein, que preside el Comité de Inteligencia del Senado, trató de validar las afirmaciones de Brenan. “Durante los últimos años, este Comité ha llevado a cabo controles importantes sobre la conducta del gobierno en relación a los ataques selectivos y las cifras que hemos obtenido de la rama del ejecutivo, que hemos hecho todo lo posible por verificar, confirman que cada año el número de víctimas civiles consecuencia de esos ataques ha sido por lo general de un solo dígito”.
Chris Woods, investigador de los aviones teledirigidos del BIJ, fue entrevistado por Democracy Now tras la publicación del informe interno pakistaní. Explicó lo que hizo tras conocer las afirmaciones de Feinstein:
Me puse en contacto con cada organización que había llevado a cabo importantes investigaciones de campo en Pakistán sobre la muerte de civiles, independientemente del resultado. Todas y cada una de esas organizaciones me dieron la misma respuesta: ‘Ningún miembro de un comité de supervisión del congreso, de un comité de supervisión de la inteligencia, ni el Congreso ni ninguno de sus miembros nos ha contactado nunca”. Sencillamente, la idea de que hay un control, la idea de que el Congreso está haciendo su trabajo, de que está investigando las afirmaciones y contraafirmaciones respecto a la muerte de civiles, no se sostiene. Están yendo a la CIA y diciéndoles: ‘Muéstrennos sus videos. Cuéntennos qué hicieron’. Y después, a partir de esos contactos, están haciendo suposiciones. No existe ninguna investigación independiente. Y no salen de la comunidad estadounidense de inteligencia. Creo que hasta tanto el Congreso como la Agencia misma no empiecen a abordar algunas de estas preocupaciones públicas, vamos a tener este inmenso abismo, este creciente abismo, entre la percepción pública de lo que supone la guerra con aviones no tripulados y esa afirmación del gobierno estadounidense de que ‘Todo es estupendo. Sólo matamos terroristas. ¿Y saben qué? Que nunca matamos civiles. O si los matamos, es una cifra muy pequeñita’ ”.
La línea oficial estadounidense no tiene caché en Peshawar, pero vende en Peoria [Illinois]. Las grandes mayorías bipartidistas de estadounidenses se creen y aceptan algo, o más que algo, de la siguiente afirmación: los ataques con aviones no tripulados son eficaces para reducir la amenaza del terrorismo, están justificados por el hecho de que estamos en guerra, son necesarios ante la falta de alternativas para capturar a los sospechosos, están legitimados por el permiso de gobiernos extranjeros para perpetrar ataques en su territorio, tienen un bajo coste y son armas de precisión cuyo uso es seguro para nuestras tropas, etc.
Durante el discurso sobre la seguridad nacional del Presidente Obama del 23 de mayo de 2013, exhibió toda esa combinación de afirmaciones. Sobre la política de los aviones no tripulados, dijo:
Sólo atacamos a al-Qaida y a las fuerzas asociadas con ellos, e incluso así el uso de aviones no tripulados está fuertemente restringido. EEUU no lleva a cabo ataques cuando tenemos capacidad para capturar a terroristas individuales. Preferimos siempre detener, interrogar y procesar. EEUU no puede atacar siempre que se le antoje. Nuestras acciones están vinculadas a consultas con los socios y respeto por la soberanía estatal. EEUU lleva a cabo ataques para castigar a individuos. Actuamos contra terroristas que suponen una amenaza continuada e inminente para el pueblo estadounidense y cuando no hay otros gobiernos capaces de actuar con eficacia ante la amenaza. Y antes de atacar, al más alto nivel que podamos establecer, nos cercioramos de que los civiles no mueran o resulten heridos”.
La mayoría de las afirmaciones de Obama, cuando no todas, se contradicen con los datos empíricos de las víctimas como consecuencia de los ataques con aviones teledirigidos, y disponemos de abundante información revelada por periodistas de investigación y por organizaciones de derechos humanos acerca de la política de asesinatos selectivos de EEUU. Por tanto, teniendo en cuenta lo que se conoce y lo que queda por conocer acerca de la guerra con aviones no tripulados, las afirmaciones del presidente (y parecidas afirmaciones públicas de otras autoridades) deberían valorarse por lo que son: mera propaganda.
El gobierno de EEUU distorsiona y le oculta a la gente, de forma activa y como materia política, lo que hace y por qué lo hace con los aviones teledirigidos y trata por todos los medios de suprimir o negar las informaciones contradictorias. Consideren un ejemplo de esa conducta típica de delincuentes. Según el presidente Obama, no se lanzan ataques letales a menos que exista “la casi certeza, al nivel más alto que podamos establecer, de que ningún civil va a acabar muerto o herido”. Esto se contradice absolutamente con lo que se sabe del bombardeo llevado a cabo por el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas (JSOC, por sus siglas en inglés) sobre el pueblo yemení de al-Mayalah el 17 de diciembre de 2009.
El objetivo principal del ataque fue la supuesta presencia de un grupo vinculado con Al Qaida en la Península Arábiga (AQAP, por sus siglas en inglés) en la provincia de Abayan, asegurando que el lugar bombardeado era claramente un campo de entrenamiento. Contrariamente al nivel de “casi certeza” proclamado por Obama, el asesor legal del Departamento de Estado, el general Willian McRaven, y el Consejero General del Pentágono, Jeh Johnson, tuvieron 45 minutos para decidir si apoyaban el ataque que el comandante del JSOC, el general comandante Willian McRaven, les urgía a aprobar. La autorización se dio y dos misiles de crucero llenos de munición de racimo y material incendiario se lanzaron desde un submarino que se encontraba frente a costa yemení.
Cuando la bomba impactó resultó que no era un campo de entrenamiento del AQAP sino un mísero pueblo beduino y el fruto que se cosechó fue el asesinato de 46 personas, incluyendo 21 niños y 14 mujeres, cinco de las cuales estaban embarazadas. (El relato más completo del ataque de al-Mayalah y de sus consecuencias nos lo proporciona Jeremy Scahill en su nuevo libro titulado “Dirty Wars: The World is a Battlefield” [Guerras sucias: El mundo es un campo de batalla].
Quizá uno pudiera ser capaz de descartar al-Mayalah como un desafortunado error. Pero eso no justifica las decisiones políticas adoptadas a fin de tergiversar y ocultar deliberadamente los hechos alrededor del ataque. Al principio, el gobierno yemení asumió la responsabilidad de lo ocurrido para desviar la agitación pública en contra del ataque estadounidense. (En efecto, ese bombardeo fue el principio de la guerra estadounidense con aviones no tripulados en el Yemen). Esa afirmación fue rebatida de inmediato por los líderes tribales y por los periodistas que se desplazaron hasta el pueblo al descubrir, entre los restos de las víctimas, partes del misil en las que aparecía la etiqueta “Made in the United States”; el arsenal yemení no posee ese tipo de armamento. La artimaña de que el bombardeo fue yemení quedó aún más desacreditada cuando oficiales estadounidenses no identificados hicieron afirmaciones ante los medios confirmando que se trataba de un ataque de EEUU. En enero de 2010, Wikileaks publicó un cable diplomático secreto sobre una reunión, varias semanas después del ataque, entre el jefe del Mando Central de EEUU, David Petraeus, y el entonces Presidente yemení Ali Abdullah Saleh, en el cual se acordaba que Yemen seguiría asumiendo la responsabilidad de los ataques yemeníes en la provincia de Abayan.
El 17 de abril de 2012, la American Civil Liberties Union (ACLU) y el Center for Constitutional Rights (CCR) presentaron una petición de información, en virtud del Acta de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés), sobre el ataque de al-Mayalah. Lo que buscaban eran los archivos de inteligencia que propiciaron el ataque, incluido averiguar si las autoridades eran conscientes de la presencia de civiles; si se había dado algún paso para investigar la matanza de civiles y para indemnizar a los supervivientes y a las familias de las víctimas; y por qué un oficial estadounidense conspiraba con un gobierno extranjero para engañar a los pueblos de ambos países. Hasta la fecha, el gobierno aún no ha contestado a esa petición de ACLU-CCR de aportar los archivos. Bien al contrario, ni siquiera las autoridades han reconocido que EEUU perpetrara el ataque, a pesar de la abundancia de pruebas confirmando ese hecho.
El Presidente Obama podría haber dicho la verdad sobre la masacre de al-Mayalah (fracaso de la inteligencia, víctimas civiles, estratagema de falsa bandera) durante su discurso de mayo de 2013, si el objetivo no hubiera sido el mero encubrimiento propagandístico dirigido a la audiencia interna. En cambio, su silencio sobre al-Mayalah (que es un incidente atroz pero que no es aislado) ha hecho del presidente un vendedor de mentiras oficiales. Pero ha hecho algo más: está defendiendo que se silencien las críticas. El 2 de febrero de 2011, el presidente llamó personalmente al Presidente Saleh pidiéndole que cancelara el planeado “perdón” para el periodista yemení Abdulelah Haider Shaye, que había presentado el informe más extenso sobre el ataque. Saleh obedeció y mantuvo a Shaye en la cárcel. Cuando finalmente Shaye salió libre en julio de 2013, la Casa Blanca dejó constancia de su protesta ante el gobierno yemení.
Bajo la administración Obama, la guerra con aviones no tripulados y los asesinatos selectivos se han convertido en las piezas centrales de la política y prácticas del contraterrorismo estadounidense. (Ambos formaban ya parte de los elementos de la política de la administración Bush, pero durante la mayor parte de esos ocho años, se utilizaron estratégicamente de forma indirecta para arrestar, interrogar y detener).
La política de aviones teledirigidos de EEUU es enormemente impopular en el extranjero. Según una encuesta dirigida por Pew Research Global Attitudes publicada el 18 de julio de 2013:
En al menos 31 naciones se desaprueban los ataques de misiles con aviones no tripulados que EEUU está llevando a cabo para atacar extremistas en lugares como Pakistán, Yemen y Somalia. Al menos tres de cada cuatro personas tienen este punto de vista en 15 países de todos los rincones del mundo, incluyendo naciones del Oriente Medio, Europa, Latinoamérica y Asia. Los únicos tres países donde la mayoría de los ciudadanos aprueban esos ataques son Israel (64%), Kenia (56%) y los mismos EEUU (61%).
Las opiniones sobre los aviones teledirigidos difieren de forma aguda según el género en muchos países. Por ejemplo, en Japón, el 41% de los hombres los aprueban, frente a sólo el 10% de las mujeres. También se encuentran diferencias de dobles dígitos en seis de las ocho naciones encuestadas, así como en Australia, Canadá, EEUU, Corea del Sur y Uganda”.
Este año, el contraataque exterior e internacional frente al afirmado derecho de EEUU de emprender la guerra con aviones teledirigidos ha tomado nuevo impulso. La afirmación de Kerry de que esa práctica se acabará –por supuesto que tiene que acabar- se debe a que el gobierno de Pakistán insiste en que así sea y es solo un ejemplo. Otro ejemplo es la unidad de investigación de la ONU que Ben Emmerson, Relator Especial de la ONU sobre Contraterrorismo y Derechos Humanos, estableció el 24 de enero de 2013. Esta unidad, compuesta por expertos de varios países, tiene un mandato para valorar no sólo el asesinato de civiles resultante de esos ataques sino también la legalidad de los asesinatos selectivos como política de gobierno.
En un discurso pronunciado en la Facultad de Derecho de Harvard en octubre de 2012, donde Emmerson anunció su intención de crear esta unidad con la cooperación del Relator Especial Heyns, dijo: “Si los correspondientes Estados no están dispuestos a establecer controles eficaces e independientes… entonces puede que en última instancia sea necesario que la ONU actúe”. Sobre la posición de EEUU de que tiene una prerrogativa global para ejecutar a la gente, Emmerson afirmó:
El paradigma de la guerra global ha hecho un daño inmenso al consenso internacional previamente compartido acerca del marco legal subyacente tanto en el derecho internacional de los derechos humanos como en el derecho humanitario internacional. Se han justificado de forma espuria una serie de graves violaciones de los derechos humanos y humanitarios… Este paradigma de guerra se basó siempre en el más débil de los razonamientos y ni siquiera los más estrechos aliados de EEUU lo apoyaban”.
La urgencia de esta investigación viene sobre todo impulsada por la rápida expansión de la guerra con aviones no tripulados de EEUU y la proliferación de la tecnología para los mismos. Su legitimidad se deriva de la impopularidad global de esos ataques y del hecho de que ningún gobierno, excepto Israel, ha afirmado para sí mismo el derecho de llevar a cabo aviones con ataques teledirigidos o aceptado que la política de asesinatos selectivos de EEUU es legítima.
Lisa Hajjar es profesora de Sociología en la Universidad de California, Santa Bárbara. Sus investigaciones se centran en cuestiones de leyes y legalidad, guerra y conflicto, derechos humanos y tortura. Ha escrito Courting Conflict: The Israeli Military Court System in the West Bank and Gaza (University of California Press, 2005) y Torture: A Sociology of Violence and Human Rights (Routledge, 2012). Además de ser coeditora en Jadaliyya, colabora con los comités editoriales de Middle East Report Journal of Palestine Studies. En la actualidad, trabaja en un libro sobre la abogacía en lucha contra la tortura en EEUU.
Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/13394/how-to-lose-friends-and-alienate-people_an-update-

Carlos Berriel: A origem da “superioridade racial” dos paulistas


publicado em 6 de agosto de 2013 às 21:16

Planalto garantiu “preservação” dos paulistas contra invasão, pensava Paulo Prado
Da ficção historiográfica ao paulista
 como ‘raça superior’
por Carlos Orsi, no Jornal da Unicamp, sugerido por Ana Cláudia Romano Ribeiro, no Facebook
A Semana de Arte Moderna de 1922 foi, no plano ideológico, a iniciativa de uma “oligarquia racista, reacionária e ao mesmo tempo modernista”, para servir aos interesses de classe da elite cafeicultora e a um projeto de hegemonia paulista, que via o Brasil como uma colônia a ser explorada pela metrópole de Piratininga.
Mesmo autores como Mário de Andrade foram próximos a esse projeto, cuja justificativa é construída no livro Retrato do Brasil, de Paulo Prado, cafeicultor, historiador e grande mecenas da Semana de 22. Isso é o que afirma o professor do Instituto de Estudos da Linguagem (IEL) da Unicamp Carlos Berriel, autor deTietê, Tejo, Sena: a obra de Paulo Prado, livro sobre a trajetória e a obra de Prado.
Publicado originalmente em 2000, o livro, nascido de uma tese de doutorado defendida em 1994, foi relançado neste ano, em edição revista e ampliada, pela Editora Unicamp.
Em entrevista ao Jornal da Unicamp, Berriel falou não apenas sobre a trajetória intelectual de Paulo Prado e a influência de seu pensamento, mas também sobre a necessidade de se rever o lugar do modernismo paulista no cânone da literatura brasileira.
A festa de lançamento do livro, em Campinas, acontece no próximo dia 15, no Empório do Nono, em Barão Geraldo, a partir de 18 horas.
Abaixo, os principais trechos da entrevista, na qual o autor defende também a ideia de que o modernismo paulista sofreu influências inclusive da visão colonialista desenvolvida por intelectuais portugueses no fim do século 19.
Jornal da Unicamp – O senso comum sobre a Semana de Arte Moderna de 22 diz que os artistas de vanguarda engabelaram a elite do café, fazendo os barões pagarem por um espetáculo que eles não entendiam e que, no fundo, os afrontava. Seu livro indica que não foi bem isso… No fim, quem estava usando quem? Os artistas usaram os cafeicultores, ou vice-versa?
Carlos Berriel – Acho que o enfoque correto não é esse. O modernismo paulista é a estética da elite do café, é praticamente a sua visão de mundo. Não se trata de dois partidos que, com consciência limitada, andaram juntos durante um tempo. Isso não é verdade. A tese que defendo, nesse livro, é muito mais ampla: o meu trabalho avalia o modernismo do ponto de vista da sua gênese enquanto consciência de classe social, enquanto projeto político. É um estudo de consciência de classe. A classe de origem do modernismo paulista é a do baronato cafeicultor.
JU – Mas tem a questão do Oswald de Andrade, que depois virou comunista…
Berriel – Oswald de Andrade se separa do núcleo duro do modernismo, do grupo do café, de 28 para 29. Aliás, ele não se separou, ele foi expulso desse grupo porque, como editor da Revista de Antropofagia, permitiu que fosse publicado um artigo tratando, de forma muito desrespeitosa, o Retrato do Brasil, o livro de Paulo Prado que tinha acabado de sair. E Oswald tem uma origem de classe um pouco diferente.
Embora o lado materno seja sim, da aristocracia do café, o pai era um empresário moderno, que foi quem instalou o sistema de bonde em São Paulo e quem urbanizou o que hoje são os Jardins. Mas mesmo sendo membro do Partido Comunista, Oswald manteve sua teoria da Antropofagia, que é modernista.
Mas nós não podemos falar do modernismo como uma coisa unívoca – cada caso é um caso, cada obra existe em si mesma e tem sua razão própria. No fundo, cada autor e dada obra possuem um percurso diferente. E também é importante considerar que existe o modernismo paulista, e existem as letras modernas, que não são a mesma coisa. O modernismo é moderno, mas nem todos os modernos são modernistas.
Há a tendência, de uma historiografia marcada pelo próprio modernismo, de trazer para as águas do modernismo autores e obras que não têm nada a ver com esse movimento, como por exemplo Graciliano Ramos, José Lins do Rêgo e outros. Então, existem as letras modernas em Minas, no Rio de Janeiro, no Nordeste, etc., e existe o modernismo paulista, que são coisas diferentes. Essa distinção é essencial, e sua ausência é muito danosa para a compreensão da época.
JU – Em uma das notas de seu livro aparece José Lins do Rêgo, reclamando dos modernistas paulistas.
Berriel – Ele dizia: nós do Nordeste não temos nada a ver com isso. E ele é super hostil ao movimento. Graciliano Ramos não chega a escrever sobre isso, mas pelo depoimento de pessoas que foram muito próximas a ele sabemos que a sua opinião de que o modernismo paulista era a pior possível.
Acho que é fundamental tomar autor por autor e ler o que cada um escreveu, e não o que nós achamos que eles disseram. Meu livro busca manter a disciplina de ler exatamente o que o autor disse, exatamente o que ele está dizendo.
Procurei evitar – e espero ter conseguido – acrescentar qualquer coisa minha, a favor ou contra. Procurei manter uma disciplina de objetividade diante do que o texto efetivamente diz. Quis apenas colocar o discurso em pé: ele disse isso. Quais os pressupostos? São esses aqui, conforme está na obra. Foi uma coisa muito difícil, mas não se pode fugir dessa prática.
JU – Algo que chama muito a atenção na obra de Paulo Prado é a questão do racismo, ou racialismo, que em certos pontos me fez lembrar das polêmicas recentes em torno da obra de Monteiro Lobato. Essa questão de raça era uma coisa muito forte na cultura paulista daquela época?
Berriel – As teorias raciais eram uma coisa muito forte da época, e não apenas no Brasil. O final do Império, a libertação dos escravos, ainda era uma coisa recente…
No Brasil temos a tradição de que classe social é raça, que vem do problema da escravidão. E é algo de que não se livra do dia para a noite. E já que estamos falando da elite rural, eles eram ex-escravocratas, e o fato de alguns serem abolicionistas não implicava necessariamente que não fossem racistas. Isso é uma coisa muito presente na cultura brasileira, e aquele foi um período no qual o Brasil ia buscar as suas teorias, os seus arcabouços teóricos, no exterior. Foi comum, nessa época, ir buscar as teorias raciais e trazê-las para cá – teorias que depois deram no que deram.
Para sermos justos com esses autores, precisamos lembrar que nem Paulo Prado, nem Monteiro Lobato ou qualquer outra pessoa, sabia que daí viriam os campos de concentração, por exemplo. Eles não sabiam nem tinham como saber. Então, não podem ser responsabilizados por uma coisa que ainda viria a ocorrer. Porém, eles beberam da mesma fonte teórica do racismo “científico”, e isso precisa ser levado em consideração.
JU – Qual o propósito de se trazer essas ideias ao Brasil?
Berriel – Há um sentido muito prático: o que é que está em jogo no Brasil? Aqui se constituiu, desde a proclamação da República – principalmente na chamada República Velha –, a hegemonia de um setor econômico sobre o conjunto do país. Ou seja, a oligarquia do café, que monopolizava o Estado através da política do café-com-leite, transformou o Brasil em um sistema caudatário de São Paulo, através do chamado Convênio de Taubaté, de 1906, que instituiu no país um sistema semicolonial, em que São Paulo age como metrópole e o resto do Brasil submete-se como colônia.
O sistema funcionava da seguinte forma: São Paulo poderia produzir quanto café quisesse, pois o Estado brasileiro compraria, através de um empréstimo internacional a ser pago com as finanças de toda a nação.
Na prática significa que todos os Estados compravam o café paulista – e não o recebiam – cotado em libras esterlinas. Mais tarde ele poderia ser exportado ou não. Poderia ser queimado ou jogado no mar, tanto fazia.
Na lógica econômica, trata-se de um sistema colonial interno, com um sangramento da economia de todos os Estados brasileiros, que repassam seus recursos para a oligarquia do café – que em decorrência enriqueceu extraordinariamente, e se imaginou uma locomotiva puxando 20 vagões vazios.
Esse sistema durou um terço de século, e quando acabou por decreto de Vargas, em 1932, São Paulo promoveu uma guerra civil pelo retorno de seus privilégios.
O modernismo, a Semana de 22, é a manifestação, no plano artístico, da mentalidade do Convênio de Taubaté – e mesmo Oswald denunciou isso. A política do café e o movimento modernista veem São Paulo como uma entidade capaz de sintetizar o país como um todo, de dar ao Brasil uma lógica histórica que lhe falta e um projeto realista.
JU – Mas parece que, em vez de ser uma síntese, São Paulo se define em oposição ao país como um todo.
Berriel – É o que está na obra de Paulo Prado. Toda essa absurda ficção historiográfica, que não tem pé nem cabeça, que instala os bandeirantes como construtores do Brasil, por exemplo, faz parte de um discurso que preside o ano de 1922. Isso está na lógica fundante do Museu do Ipiranga, também de 1922.
Paulo Prado é o maior produtor e exportador de café do mundo, e ao mesmo tempo a consciência mais lúcida e ousada da oligarquia. E ele é o grande organizador da Semana de Arte Moderna, e sabemos disso pelo depoimento do Oswald, do Mário, de Menotti del Picchia, da Tarsila do Amaral: ele é o cara.
JU – E qual a teoria dele sobre São Paulo e o Brasil?
Berriel – É uma teoria de que existiriam no Brasil duas mestiçagens distintas. Ele elimina a ideia de raça pura, o que não existe mesmo, ele não cai nessa. Então, no Brasil existiriam duas mestiçagens, ligadas à história de Portugal. Aliás, quando se diz que o modernismo foi uma ruptura com a herança portuguesa, na verdade é o oposto: acho que nada, na cultura brasileira, foi mais ligado a Portugal do que o modernismo.
JU – Qual é essa influência portuguesa?
Berriel – Há uma teoria, que vem da chamada Geração de 70 – o grupo do historiador Oliveira Martins, de Eça de Queirós, de Ramalho Ortigão – de que Portugal contou com uma raça heroica que promoveu as navegações, os descobrimentos, e essa raça heroica vai até 1580, que é quando Portugal cai sob o domínio espanhol. Queda da qual não se recuperará jamais, e a partir dela a raça portuguesa entra em decomposição, em decadência.
Então é uma teoria também de base racial, segundo a qual há uma raça portuguesa que degenera, de modo que o português depois de 1580 é um decadente, degenerado e inútil. Paulo Prado absorve essa teoria, que vem de Antero de Quental, que vem de Oliveira Martins – este aliás é a grande referência dele, sob vários aspectos.
Ao mesmo tempo em que Paulo Prado descobre Oliveira Martins, com quem ele convive em Paris na casa do tio, Eduardo Prado, acontece o chamado Ultimatum inglês, em 1889. Na época, Angola e Moçambique formavam um território contínuo de possessão portuguesa. Quando é descoberto ouro no Transvaal, no meio do caminho entre Angola e Moçambique, a Inglaterra ordena que Portugal se retire, e é obedecida: Portugal entrega o território.
Aquilo foi uma crise tremenda em Portugal, e foi, por coincidência, o momento em que Paulo Prado chegava a Paris para morar com o tio na casa frequentada por Oliveira Martins, pelo Eça de Queirós e muitos outros. No mesmo mês, acontecem várias coisas: a queda do império no Brasil, o rei de Portugal morre, vem o Ultimatum, Paulo Prado está chegando a Paris e há a coroação do novo rei de Portugal, que assume um país desmoralizado.
O novo rei, íntimo da Geração de 70, chama Oliveira Martins para reorganizar as colônias, a política colonial. E é esse historiador e essa preocupação que captam o interesse de Paulo Prado: uma teoria sobre colônias. O modernismo paulista começa a nascer a partir de uma teoria do reordenamento das colônias de Portugal.
JU – E a ideia da raça heroica portuguesa, com as duas mestiçagens no Brasil?
Berriel – Paulo Prado observa que São Paulo é o único local que não foi fundado no litoral, mas no planalto, “protegido” do contato exterior pela Serra do Mar. E quem funda São Paulo são os portugueses de antes de 1580, a dita raça heroica. Daí por diante São Paulo fica inacessível aos portugueses da decadência pós 1580.
Ao resto do Brasil, sem a barreira da Serra do Mar, os portugueses apodrecidos chegaram também. E acabam sendo maioria. Então, no Brasil forma-se um amálgama racial com o elemento apodrecido do português pós-1580, com a depravação do escravo negro e a lascívia do índio. Isso então gera o brasileiro, que não serve para nada. É um horror. E é o que explica, na teoria dele, por que o Brasil é a calamidade que é.
São Paulo, ao contrário, vai ser o resultado de outra mescla racial, em que não comparece o negro. E o índio, em São Paulo, inexplicavelmente não é lascivo. O índio que se mistura ao português heroico, gerando o paulista, é alguém que tem o perfeito domínio da natureza e do território. Possibilitando, portanto, o surgimento do bandeirante, que é o português que mantém o espírito das navegações (agora terrestres ou fluviais), e que ao mesmo tempo tem o domínio do ambiente natural, trazido pelo índio.
Essa construção, bastante – digamos – poética e livre de Paulo Prado, serve como diagnóstico que é lido com respeito por muita gente, lido como verdade.
Paulo Prado chega a dizer que o paulista já é uma raça. Então, temos no Brasil uma raça superior e uma raça inferior. E o Estado brasileiro deveria seguir essa lógica. Esse paulista é o único capaz de produzir uma arte autêntica – a modernista –, enquanto o brasileiro rasteja no romantismo, no parnasianismo, etc.
JU – Essa ideia de excepcionalismo paulista é algo que se vê ainda hoje, não? É uma ideia que nasce com Paulo Prado, ou ele foi apenas um vetor?
Berriel – Essa ilusão, essa ideologia, vinha sendo constituída em simultaneidade com o crescimento da importância do café na economia brasileira. Paulo Prado transforma essas ideias num movimento artístico, com a Semana de 22. Quando o café se torna importante, o Brasil já é um sistema político organizado na Corte, no Rio de Janeiro. São Paulo tem uma luta contínua – política, econômica e cultural – para romper com a síntese cultural e política consubstanciada no Rio de Janeiro.
O modernismo é, digamos assim, um sistema cultural em formação que se dispõe contra o sistema cultural dominante até então. Consubstanciado no Rio de Janeiro, na Academia Brasileira de Letras, na Corte, na capital do Império e da República.
O modernismo, quando desautoriza esse sistema, joga no ridículo toda a literatura anterior. Na verdade o que temos é uma disputa de hegemonias. O modernismo luta pela transferência da hegemonia política, cultural e econômica do Rio para São Paulo. É um movimento indissociável da política, portanto, e a desautorização das formas estéticas e literárias dominantes é a outra face da desautorização do sistema político brasileiro, em que todas as províncias possuíam direitos equivalentes.
Dizer que a poesia de Olavo Bilac ou de Coelho Neto não tem qualidade é uma estupidez, como Mário reconhecerá mais tarde. Eliminar, ridicularizar o simbolismo, ou o parnasianismo, como eles fizeram, na verdade é um momento da disputa pela hegemonia política.
A ação iconoclasta dos modernistas buscava cortar os vínculos nacionais com a sua própria tradição, já acumulada. O Brasil não deveria mais se reconhecer pela tradição cultural já constituída, mas seria necessário refundar o país a partir da experiência exclusivamente paulista. Este é o sentido mais profundo da Semana.
JU – Retrato do Brasil faz um diagnóstico dos problemas brasileiros que parece muito atual: corrupção, incompetência, ineficiência… Paulo Prado acertou o problema, mas errou a causa?
Berriel – Parece que esse livro, de repente, ficou muito atual. Esse rol de queixas, muito justas aliás, você vai encontrar em todos os lugares e em todas as épocas, e não só no Brasil. A questão é: se o projeto político modernista tivesse sido vitorioso, os problemas seriam resolvidos? Esse projeto, segundo o que sugere o Retrato do Brasil, passaria pelo fim da igualdade jurídica entre os Estados, e mesmo entre os cidadãos. Um Estado baseado no privilégio racial é eficiente e competente? Seria a solução para os problemas elencados?
Aventou-se o controle da movimentação dos indivíduos, sendo cogitado inclusive o uso de passaportes internos. Os nordestinos não poderiam vir para São Paulo livremente, por exemplo. Isso, no fundo, é o apartheid como o que se implantou na África do Sul. E no fundo, isso não é o sonho inconfessado da direita brasileira? Mas o apartheid resolveu algum problema de corrupção no mundo? O Convênio de Taubaté não seria a mãe de todas as corrupções brasileiras?
JU – Essas questões parecem fazer parte de uma pauta conservadora…
Berriel – Toda vez que a direita paulista se sente um pouco acuada, bate sempre na mesma tecla: a revolução de 32. O que foi a revolução de 32? Havia o Convênio de Taubaté. O país faliu por causa do crack da bolsa de Nova York em 29. São Paulo continua a cobrar este Convênio, sendo que o Brasil produzia café que não tinha mais consumidor.
Mesmo com o sistema internacional falido, a oligarquia cafeicultora quer que o Estado brasileiro mantenha a compra do café, com ou sem comprador internacional. Getúlio anuncia que em 32 não vai mais manter o acordo e dissolve o Convênio de Taubaté.
E aí a oligarquia de São Paulo se levanta pelo respeito “à Constituição”. Que Constituição? Agora, tem todo o discurso ideológico: São Paulo se levanta contra a ditadura de Vargas. Mário de Andrade, Paulo Prado e Alcântara Machado fundam a Revista Nova, que incita à luta armada contra Vargas. Por quê?
Porque de repente “os paulistas”, isto é, os barões do café, se tomaram de amores pela Constituição? Não. Foi pelo Convênio de Taubaté. Estava esfacelado o projeto de São Paulo metrópole de um Brasil colônia. O país estava se desmantelando por causa de uma oligarquia racista, reacionária e – não há como negar — modernista.
JU – Mesmo levando em conta as particularidades de cada autor, pode-se dizer que, de modo geral, o modernismo paulista abraça essa visão de São Paulo grande, bandeirante, condutora da nação?
Berriel – Sim. Mário de Andrade mesmo escreve uma carta a Manuel Bandeira em 1932 onde diz: “eu não sou mais brasileiro, sou paulista”. Mas, em 1942, Mário fez uma grande autocrítica e denuncia os salões da aristocracia como corruptora do movimento. Muito corajoso e lúcido.
JU – Mas isso é curioso, porque a esquerda brasileira abraçou os modernistas. Ou não?
Berriel – Em grande parte, sim. Isso mostra que a esquerda precisa construir sua própria interpretação do Brasil, e não aceitar uma interpretação do país que vem do núcleo da reação. Esse é um dos problemas da esquerda brasileira: ela precisa interpretar o Brasil não só no plano econômico, ou através da história dos partidos políticos, mas precisa entrar na representação simbólica da identidade nacional.
A esquerda brasileira raramente considera relevante a vida literária e artística, e acaba, por decorrência, endossando concepções da direita que nasceram na literatura e nas artes. O importante não é tanto ler os comentadores – como eu mesmo –, mas ler os próprios autores.
Foi o que procurei fazer aqui: estudei o modernismo sem considerar os intérpretes do modernismo, mesmo tendo-os lido. Para que pudesse chegar ao texto. Porque senão eu seria atravancado por essa coisa que o modernismo virou no beabá das escolas, aquelas frases, como “a Semana de Arte Moderna ocorre no ano em que se fundou o Partido Comunista no Brasil”. É verdade.
E não tem nada a ver uma coisa com a outra. Eu poderia dizer, da mesma forma, que a Semana de Arte Moderna ocorreu no mesmo mês em que Mussolini tomou o poder na Itália. É verdade? É. Você tira o que quiser daí, inclusive significados vazios. E perde o país.
JU – E as consequências reais do modernismo paulista para a literatura brasileira: foi tudo isso mesmo que se vende? Ou o pessoal que estava começando a escrever no Nordeste teria feito a mesma coisa sem a Semana?
Berriel – Não teria feito a menor diferença. Para os escritores do Nordeste não faria a menor diferença ter ou não ter existido a Semana. Por outro lado, por exemplo, Carlos Drummond de Andrade: mineiro, vem de outra tradição, ele foi sim influenciado pelo Mário de Andrade. Manuel Bandeira, não, Manuel Bandeira já estava pronto.
Na Semana de Arte Moderna ele já era um poeta consagrado, toda a herança dele vem do simbolismo, de outros autores. Mas há alguma influência, sim, principalmente do Mário de Andrade, que é um grande escritor, um dos maiores do Brasil.
Quando a gente vai direto aos autores, aos textos, não a interpretações prévias, mas deixa o autor falar, podemos chegar a coisas surpreendentes.
Acho que esse é um programa extremamente interessante, que pode reabrir o cânone literário brasileiro. Reabrir, estudar de novo essas coisas, porque não está funcionando mais a ideia da centralidade da Semana de 22. Há muito tempo não está funcionando mais.
JU – A ideia de que a literatura brasileira estava engessada em beletrismo vazio e aí os modernistas chegaram chutando a porta é um mito?
Berriel – Isso é um mito. E Lima Barreto, e Euclides da Cunha? É muito fácil ridicularizar um escritor, assim como é fácil improvisar um poeta futurista: junta-se um pouco de aeroplano, um torpedo, acrescenta-se uma xícara de onomatopeia de máquina, vruum, zazzz… e você tem um poeta futurista, quentinho.
Mas esse é um procedimento ilegítimo, pois desse modo não se quer compreender um problema literário, mas descartá-lo, simplesmente.
Agora, tome a poesia de verdade, a literatura que existia na época: não é de se jogar fora, não. Por causa, inclusive, desse domínio do modernismo, muita obra interessante, escritores interessantes, caíram no esquecimento. Eu cito, por exemplo, o Visconde de Taunay, um escritor lidíssimo no Brasil, com uma obra muito interessante, que publicou quase 30 livros, dos quais hoje só são conhecidos dois ou três. E os livros dele não são republicados desde 22.
Ele tem um romance que foi um grande best-seller – o que não diz muita coisa, mas diz alguma coisa – chamado Ouro Sobre Azul, que foi o livro mais vendido no fim do século 19. E é um livro de qualidade. E o último romance dele, No Declínio, é um romance de inspiração simbolista extremamente interessante. O modernismo criou uma espécie de buraco negro que escondeu boa parte da literatura brasileira, e que precisa ser redescoberta.
JU – Ligando um pouco o livro com sua área de pesquisa atual, a questão das utopias. Paulo Prado tinha a visão de uma utopia paulista?
Berriel – O Paulo Prado é muito pouco “poético”, ele é muito duro. O livro dele é um ensaio sobre a tristeza brasileira. Você tem ali uma visão racista, uma visão de degradação radical do brasileiro. Ele se utiliza, para construir a sua ideia do Brasil, dos inquéritos da inquisição. Confissões extraídas na tortura, esse é o material que ele usa para dizer o que é o Brasil. Pode ser, talvez, uma distopia. É um mundo muito feio, o que ele monta.
JU – Mas as ideias dele ainda são influentes.
Berriel – Sim, e volta e meia ressurgem. Em 1964 foi assim. Você tem agora essas manifestações na Avenida Paulista, aqueles grupos mais de direita tiram do baú algumas bandeiras que foram do modernismo, impregnadas de naftalina, e as usam para combater um governo, como o da Dilma, que se assemelha muito ao de Vargas: nacionalismo econômico, ampliação do mercado interno através da distribuição de renda, empresas estatais, Estado forte. E aí você tem manifestações que tiram do baú da oligarquia as ditas velhas tradições paulistas. Mas é preciso distinguir a ideologia da oligarquia do café dos reais interesses do homem comum de São Paulo.
JU – Isso é o modernismo?
Berriel – Isso é o modernismo paulista de Paulo Prado. Cada autor deverá ser estudado em si mesmo, e as similitudes e diferenças com o pensamento de Paulo Prado naturalmente aparecerão. Só temos a ganhar com isso.

segunda-feira, 5 de agosto de 2013

How The NSA Collects Your Data


INFOGRAPHIC • News • National Security • ISSUE 49•32 • Aug 5, 2013

In In the wake of the Edward Snowden whistleblowing scandal, pressure has mounted from citizens at large as well as politicians on both sides of the aisle to curb the National Security Agency’s domestic espionage powers. Here’s a look at how the NSA collects your personal data:
  • Step 1: NSA goes to Gmail, guesses “puppy64” as the password for all usernames, and successfully gains access to over 5 million email accounts
  • Step 2: Hits Ctrl+F, types “illegal activity”
  • Step 3: For anyone who doesn’t have a computer, NSA agents bring one right over to your home for you to use
  • Step 4: Automated bots install a tracking program on your internet browser, which logs your incredibly pathetic cycle of only ever visiting the same five sad little websites
  • Step 5: Randomly texts “what’s up?” to citizens and keeps detailed records of everyone’s responses
  • Step 6: Four thousand NSA workers silently tell themselves what they’re doing is okay
  • Step 7: You know how your password turns into dots after you type it? Well, the NSA figured out how to read dots
  • Step 8: NSA agent comes to your house and beats the piss out of you until you give him the information he wants
  • Step 9: America saved

El caso Snowden, "el peor fracaso de EE.UU. en 60 años"

La historia de Edward Snowden es "el mayor fracaso de la contrainteligencia estadounidense en los últimos 60 años", según publica el diario estadounidense 'The Wall Street Journal'.
Como se precisa en el artículo, esta historia solo se puede comparar con el caso del matrimonio Rosenberg, acusados y ejecutados en los años 50 por espiar para la Unión Soviética.
Además el rotativo dice que actualmente Edward Snowden ha proporcionado a Rusia más secretos sobre Washington que los que pueden conseguir cientos de espías.

Según el diario de negocios, ahora Moscú puede manipular a Washington mediante revelar o amenazar con revelar lo más interesante de las filtraciones de Snowden. 

La semana pasada Rusia otorgó a Snowden asilo político por un año.  El informante de la existencia de un programa secreto de vigilancia digital a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad, logró abandonar la zona de tránsito de un aeropuerto moscovita, donde permaneció las últimas semanas pendiente de la decisión de las autoridades rusas.

El tema del espionaje y las filtraciones del extécnico de la CIA también han provocado una ola de agitación en Alemania.

Así, el ministro de Justicia germano ha pedido explicaciones a los servicios secretos alemanes tras la publicación de un artículo en 'Der Spiegel'. Allí se denunciaba la entrega de una enorme cantidad de datos a la Agencia de Seguridad Nacional por parte de la inteligencia de su país. 

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/102161-caso-snowden-peor-fracaso-eeuu

Governos latino-americanos são fundamentais para esquerda dos EUA, diz economista


Para Raul Ojeda, professor da UCLA, integração atual é momento histórico na América Latina


Único representante dos Estados Unidos inscrito em todas as atividades do Foro de São Paulo, Raul Hinojosa-Ojeda vê o atual momento da América Latina como “fundamental na história global”. Com a diminuição dos níveis de pobreza e a realização de reformas tributárias em diversos países, que representam uma nova relação do estado com a economia, o continente acaba por sugerir alternativas a Estados Unidos e Europa, de acordo com o diretor-executivo do Naid (North American Integration & Development Center, da University of California, de Los Angeles, EUA).

Vitor Sion/Opera Mundi

Ojeda defende o aumento do incentivo das universidades ao intercâmbio entre alunos de diferentes países 


Economista e PH D em ciência política pela Universidade de Chicago, o acadêmico nascido no México também argumenta que o sindicalismo e os imigrantes sempre estiveram como agentes da esquerda norte-americana. Leia a entrevista abaixo.

Opera Mundi: Você foi o único norte-americano inscrito em todas as atividades do Foro de São Paulo desde o curso de formação política. Qual é o seu sentimento em relação a isso?
Raul Hinojosa-Ojeda: Um dos objetivos do Foro de São Paulo é chegar à esquerda norte-americana. Eu participei de um evento do Foro de São Paulo em Nova York, há dois meses, antecipando o XIX Encontro do Foro, e compareceu muita gente dos grupos de imigrantes latinos, em especial salvadorenhos, venezuelanos e mexicanos. Isso aconteceu dentro de um grande sindicato, o SEIU (Service Employees International Union), que tem grande história de luta.

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Há uma coisa muito importante que a esquerda latino-americana precisa entender: a esquerda e o movimento trabalhista nos Estados Unidos sempre foram liderados, de alguma maneira, por imigrantes. E agora há uma nova diáspora, latino-americana, que está tendo um papel chave até mesmo dentro do Partido Democrata. Vivemos uma oportunidade de fazer aliança com os imigrantes latinos nos Estados Unidos, que são os mais agredidos em termos de falta de direitos no país. Eles representam 55 milhões de pessoas. Os latinos nos Estados Unidos produzem mais que o PIB [Produto Interno Bruto] da maioria dos países da região. Então eles podem ser uma ponte entre aqueles que estão favoráveis a uma mudança migratória nos Estados Unidos e a América Latina.

A população norte-americana está se dando conta que viveu uma década de guerras no Oriente Médio. Os Estados Unidos não tiveram, nesse período, foco na América Latina. E isso foi algo bom, porque, neste contexto, foi possível desenvolver e consolidar a esquerda por aqui.

OM: Como você vê o atual momento da integração sul e latino-americana, dentro dessa perspectiva da região ter ficado, ao menos dez anos, longe do foco prioritário da política externa dos EUA?
RHO: Vivemos na América Latina um momento de importância global histórica. Não há nenhuma outra região no mundo que esteja passando por tantas mudanças em economia, política e estrutura social da população. Em um contexto democrático, a esquerda tem capacidade de ganhar eleições e implementar políticas públicas que produzem crescimento econômico e redução dos níveis de pobreza. Ainda que exista muita desigualdade, é importantíssimo como modelo, principalmente por ser em um contexto posterior ao do Consenso de Washington.

Leia mais: Por que alguém gosta do Foro de São Paulo?

Apesar do grande interesse no modelo chinês, é muito importante que se consolide aqui a esquerda, as múltiplas esquerdas. A nova esquerda do mundo está surgindo aqui. E é interessante refletir que os objetivos de política pública para os próximos anos, não só a redução da pobreza, mas também as mudanças tributárias, redefinindo o papel do estado na economia, estão sendo pensados com muito êxito aqui. É um tema que Estados Unidos e Europa também estão lidando. Mas é necessário assegurar que a capacidade da esquerda atuar se consolide.

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A situação do Brasil agora, com a população nas ruas, é um grande desafio. Desafio mundial, porque acontece a mesma coisa na Turquia, na Rússia, em todo o Oriente Médio. São movimentos massivos populares que estão empurrando os limites que o capitalismo definiu para a representação democrática. A grande pergunta para o PT e para toda a América latina é como aprofundar a participação desses movimentos dentro do processo de democratização. Não vai ser fácil, mas acho que é fundamental para a história mundial que os governos de esquerda latino-americanos tenham êxito. 



OM: E sobre as próximas eleições na região, como no Chile, onde há importantes lideranças no movimento estudantil? O que você espera?
RHO: Vejo o Chile com grande interesse. Lá também houve manifestações nas ruas, especialmente de jovens, que questionaram o governo atual [de Sebastián Piñera] e deram força ao ressurgimento da candidatura de Michelle Bachelet. Vai ser muito importante ver como o Partido Comunista e o Partido Socialista se aliarão no Chile.

O que vai acontecer com o Brasil em 2014 também é uma questão importante. Já há um partido no poder por três mandatos. Não se pode perder o vínculo e a liderança que o PT pode exercer nos movimentos populares.

OM: Como acadêmico, qual a sua opinião sobre a universidade na América Latina, na Europa e nos Estados Unidos?
RHO: A UCLA, onde trabalho, é a maior e mais rica universidade pública dos Estados Unidos. Há um nível acadêmico muito alto e pode servir como um tipo de modelo de excelência na educação pública. As universidades devem ser o ponto chave de investimento, para introduzir mais estudantes das camadas sociais que foram historicamente excluídas. Há muita gente que quer entrar no sistema universitário no Brasil, no México e nos Estados Unidos, por exemplo.

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Ao nível mundial, as universidades têm que ser os pontos chave também de inovação. Ser o elo de transformação da inovação tecnológica em serviço de um mundo sustentável e equitativo. E ao mesmo tempo manter o espaço de autonomia e liberdade, de aprofundamento do pensamento crítico.

Mantenho contato com acadêmicos de todo o mundo. Hoje em dia, muitos dos meus estudantes vêm da China e da Índia. É necessário mais integração entre os jovens de diferentes universidades. Os intercâmbios de estudantes e de jovens devem ser mais apoiados pelas universidades.  

domingo, 4 de agosto de 2013

En las movilizaciones sociales germina una política joven anclada en la participación


Indo-afro-latinoamérica




Indo-afro-latinomérica tiene rostro de pueblos en luchas y resistencias, parapetados en barricadas y en rutas cortando el paso al saqueo, a la exclusión y a la muerte, defendiendo la vida en todas sus dimensiones. Así ha sido por siglos y así es en el presente. Pero no siempre en las mismas condiciones, ni situaciones, ni con las mismas tareas o desafíos.El siglo XX puede definirse como el siglo dictatorial marcado por represiones y muertes de militantes del campo popular. Las organizaciones sociales se desarrollaron entonces en gran cercanía con las organizaciones políticas revolucionarias, y no pocas veces, nacieron bajo su inspiración o labor de base. Lo conspirativo-defensivo marcó el estilo de hacer política, la organización de sus actores y las interrelaciones entre ellos. Pero el tiempo de dictaduras saltó por los aires con las luchas de los pueblos que hicieron posible las aperturas democráticas. La caída del sistema socialista, abrió un período de confusión y desasosiego en las filas de gran parte de la izquierda político partidaria que fue aprovechado por el neoliberalismo triunfalista para impulsar sus feroces y regresivas políticas de saqueo prometiendo el advenimiento de un dulce y prospero futuro luego de la “necesaria” etapa inicial de “dolor y dureza”.
Sin esperar por los partidos de izquierda y sus directivas, los sectores populares, además de los siempre presentes movimientos indígenas, se levantaron prontamente para denunciar y resistir a tales políticas; en algunos territorios nacieron, crecieron y se consolidaron amplios y poderosos movimientos en campos y ciudades. En sus luchas construyeron articulaciones, experimentando la potencialidad de un actor colectivo capaz de constituirse en sujeto político de los cambios.
En las resistencias de las poblaciones de los barrios periféricos de las grandes ciudades (Santo Domingo 1984), en el levantamiento de Chipas (México, 1994), el Caracazo (Venezuela, 1989), la “guerra del agua” y las “guerras del gas” (Bolivia, 2000 y 2003), los levantamientos indígenas de (Ecuador, 2000), la constante recuperación de tierras por el MST (Brasil), el surgimiento de la central de Trabajadores Argentinos y los posteriores levantamientos piqueteros (Argentina 1991-2002), entre muchos otros ejemplos, germinaron nuevos sujetos socio-políticos y también una nueva dimensión de la política enraizada en lo social y sus luchas, con capacidad para cuestionar el poder establecido y disputarle la hegemonía política y cultural.
Lo reivindicativo revela su contenido político
Como nunca antes, las luchas reivindicativas mostraron en este período su rostro raizalmente político, es decir, cuestionador del sistema político, económico y social desde abajo. Pero en las filas de la izquierda partidaria faltó capacidad y sensibilidad para captar esta cualidad política revolucionaria presente en las luchas sociales; no era su práctica. Ello les impidió sumarse desde el inicio a la gesta de los movimientos, descubrir y poner de manifiesto los nexos comunes entre las distintas problemáticas y luchas sectoriales en aras de promover la articulación (convergencia) de las problemáticas sectoriales y de sus actores.
La convergencia supone, a la vez, la construcción de una subjetividad colectiva común, que es la que –en determinado momento , posibilita superar lo sectorial-corporativo y obrar colectivamente por objetivos sociales. Así ocurrió, por ejemplo, en Bolivia, con la formación del MAS, concebido por un conjunto de movimientos indígenas y sociales como su instrumento político para viabilizar las propuestas sociales, convertidas en agenda colectiva en las articulaciones y convergencias construidas por los diversos actores sectoriales en interacción permanente en jornadas de resistencias y luchas y en la elaboración de propuestas superadoras del estado de cosas.
Desde abajo, es decir, desde la raíz de los problemas reivindicativo-sectoriales, intersectoriales o sociales, con el protagonismo de los propios actores sociales emergía con fuerza una acción política nueva, no dicotomizada de lo social sino integradora, con clara vocación re-totalizadora de la sociedad fragmentada.
Un nuevo tiempo político: marcado por la emergencia de gobiernos populares y revolucionarios
Así fue como en diversos territorios de este continente los pueblos en lucha y sus movimientos abrieron posibilidades políticas para disputar y ganar gobiernos participando en elecciones, inaugurando con ello un nuevo tiempo político: el de la emergencia de gobiernos populares y revolucionarios, con las nuevas responsabilidades y tareas que ello implicaba e implica para movimientos, partidos y ciudadanía.
En su corta trayectoria, las experiencias en curso evidencian que el acceso al gobierno nacional puede dotar a los pueblos de una herramienta política clave para desarrollar/estimular procesos de empoderamiento colectivo capaces de impulsar el proceso socio-transformador. Pero también pone de manifiesto la posibilidad de quedar atrapados por la lógica superestructural y técnica.
Un gobierno revolucionario no puede limitarse a hacer una “buena administración”
Participar de las elecciones para acceder a espacios/fracciones del poder existente, limitándose luego a ejercerlo “correctamente”, ocupando los espacios parlamentarios o gubernamentales correspondientes nacionales o locales , sin hacer de estas instancias institucionales herramientas puestas en función del cambio social y del poder, reduce –hasta anular la perspectiva transformadora.Es central tener presente que esta opción no constituye el camino electoral para la “toma del poder”, es parte de una nueva concepción (y prácticas) de transformación social. De ahí la importancia que en estos procesos tiene la participación popular desde abajo, dentro y fuera de las instancias gubernamentales y estatales. Puede afirmarse que las revoluciones democráticas culturales en marcha son proporcionalmente idénticas a la participación protagónica de sus pueblos en ellas.
No se avanza con una sumatoria de medidas superestructurales por muy justas y razonables que estas sean. Hay que construir protagonismo popular como base política (auto)constituyente del sujeto político colectivo y esto solo puede lograrse forjándolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje como la enseñanza comienza en las prácticas cotidianas. Educar en lo nuevo comienza por desarrollar nuevas prácticas, dando el ejemplo; clave pedagógica vital de las revoluciones desde abajo.
Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de estos una herramienta política revolucionaria: desarrollar la conciencia política, abrir la gestión a la participación de los movimientos sociales y sindicales, de los movimientos indígenas, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para cogobernar el país. La fortaleza de los gobiernos populares radica en su profunda y creciente articulación con los pueblos, con los actores sociales, construyendo de conjunto mecanismos que acorten las distancias entre representación política y protagonismo social. Esta es la verdad que cristaliza en las calles, marcando la presencia de la conciencia sociopolítica popular hoy: no basta con acuerdos superestructurales para gobernar (Brasil), no basta con que las decisiones sean correctas (Bolivia), no hay que someterse a los designios del mercado (Chile), no se aceptará la mentira como verdad (México)… Los movimientos sociales y particularmente los jóvenes del continente, ponen sobre el tapete la impronta política de este tiempo: la participación.
Se trata de avanzar hacia nuevas institucionalidades, modos y vías de ejercerlas; abrir las puertas del gobierno y el Estado a la participación de las mayorías en la toma de decisiones, en la ejecución de las mismas, y en el control de los resultados, en la medida que la construcción política y la transformación de las bases jurídicas de las instituciones estatales y gubernamentales lo posibilite. De ahí el papel central de las asambleas constituyentes en estos procesos.
El papel fundamental de las Asambleas Constituyentes
Resulta central la realización de asambleas constituyentes. De ellas emana el sustrato jurídico, político y social para abrir paso a una nueva institucionalidad, engendrada embrionariamente en los procesos de luchas sociales, abanderados por la resistencia, el empuje y los reclamos históricos de los pueblos de este continente (con sus organizaciones sociales y políticas), en primer lugar de los pueblos indígenas originarios y sus comunidades.
Obviamente, las asambleas constituyentes no son el motor del cambio. Los pueblos han de prepararse para plasmar en ellas sus puntos de vista, proponiendo y defendiendo contenidos acorde con sus intereses y su proyección estratégica. Pero en esto, como en todo, es importante tener presente que el cambio de sociedad es procesal: Habrá que hacer tantas asambleas constituyentes como lo vaya reclamando y posibilitando la profundización y radicalización de cada proceso, marcado en primer lugar por las condiciones específicas y por la maduración política del actor colectivo.
En las movilizaciones sociales germina una política joven anclada en la participación
Sumándose a las experiencias de las grandes jornadas de luchas populares contra el neoliberalismo, las masivas movilizaciones recientemente ocurridas en México, en Bolivia, en Brasil, en Chile, en Colombia, han puesto una vez más en el quehacer político la impronta de la participación sociopolítica de los movimientos indígenas y sociales, del pueblo trabajador y de las juventudes en particular. Ellas anuncian claramente la irrupción de una política joven, que no puede equipararse con algunos intentos de maquillar la vieja política y sus estructuras partidarias “con presencia de jóvenes”, aunque estos son sin dudas un pilar esencial del nuevo sujeto colectivo.
Hay avances significativos en esta dirección, sobre todo en los procesos de Venezuela (Consejos Comunales, Gobierno de Calle), y en Bolivia (revitalización de las asambleas de base como dinamizadoras de las transformaciones sociales, rectificación de medidas –aunque justas no comprendidas por una parte de la población; la construcción desde las comunidades del estado plurinacional intercultural). En el caso de Brasil, las movilizaciones recientes, las multitudes de jóvenes en las calles pusieron al desnudo las debilidades del sistema político partidario que asumió el PT, mezclando viejos dogmas de la izquierda con las exigencias del establishment y sus tentadoras alianzas y acuerdos por arriba en aras de sostener la “gobernabilidad”. Rechazando esto, cuando todo parecía brillar y marchar sobre ruedas, la juventud salió a increpar a “la razón política” imperante haciéndose oír en las calles. Desde allí, la ciudadanía movilizada recupera socialmente –de hecho la política, anquilosada en aparatos partidario-estatales-gubernamentales. Con su accionar rebasa a los partidos políticos tradicionales de derecha, de centro, y también de la izquierda; los manifestantes expresan claramente: ¡queremos participar! Revitalizan así el corazón revolucionador de todo proceso de cambio social popular: la participación de los de abajo en las decisiones gubernamentales estatales y en la ejecución y control de las políticas públicas.
Quitarse las anteojeras
A pesar de la contundencia de su realidad y mensaje, el peso de la vieja cultura que asecha la mentalidad y las prácticas de la izquierda partidaria, se hace presente a la hora de interpretar los acontecimientos. Son muchos los partidos de izquierda persisten defensivamente en su ceguera escudados en viejos tabúes de desconfianza porque, según dicen, “nadie los controla”, “no hay organización ni dirección”. No toman nota que esto es, exactamente, lo que está mostrando (y reclamando) la juventud en las calles: Abrir las compuertas de la política y de las organizaciones políticas, transformándolas, abriéndolas a la participación de los diversos sujetos, es el anhelo que late en el corazón de los reclamos.
No es un detalle insignificante que esta historia pueda escribirse apenas mencionando a los partidos de izquierda entre los protagonistas. Y ello tiene que ver tanto con las conductas políticas del pasado reciente como con las del presente, agravadas en este caso, si estas izquierdas gobiernan o son parte de gobiernos, puesto que –sin dar cuenta de los cambios- trasladan a estas instancias sus antiguas anteojeras político-culturales: respecto de la acción política (por arriba), y respecto de la organización y conducción políticas, sosteniendo criterios vanguardistas que (auto)otorgan a las élites políticas la capacidad de “saber” lo que hay que hacer, y dejan a las mayorías “alienadas” o sectorializadas y sus movimientos las luchas reivindicativas inmediatas. Es el mismo esquema piramidal, jerárquico y subordinante que la izquierda partidaria sostuvo en el siglo XX, sustentado en el presente como si nada hubiese ocurrido ni cambiado.
Por mucho que los representantes de tales partidos evoquen a Lenin creador del partido revolucionario “de nuevo tipo”, pensado por él en virtud del sujeto, las condiciones y las tareas de su época , está claro que Lenin se espantaría al ver que, en más de un siglo, a pesar de los grandes cambios ocurridos en el sistema-mundo ahora bajo el dominio global del capital, las “vanguardias” de izquierda no modificaron los criterios básicos de su organización político-partidaria para que esta sea convergente con los sujetos, las tareas de este tiempo y las condiciones (objetivo-subjetivas) de transformación revolucionaria de las sociedades en el presente. Resulta casi una obviedad decir esto, pero es parte de la realidad. Y ciertamente, constatar este anquilosamiento es más impactante aun en este continente, donde las luchas sociales y el quehacer político protagonizado por diversos movimientos sociales, indígenas, sindicales, urbanos y rurales, marcaron el rumbo y el camino de lo nuevo y –con ello , crearon también las condiciones para que la izquierda partidaria (tradicionalista) modificara sus conductas y posicionamientos políticos. Es parte de sus actuales retos.
Superar la falsa dicotomía: “partidos o movimientos”
Las anteojeras político-culturales de esta izquierda influyen en las lecturas que hacen de la realidad social, sus dinámicas y actores, convirtiéndolos en obstáculos para lo que según sus prejuicios se “debe hacer”. Revitalizando la falsa y vieja dicotomía entre lo social-reivindicativo-sectorial y lo político, interpretaron que la irrupción protagónica de los movimientos sociales en Indo-afro-latinoamérica en defensa de la vida, era una “amenaza” para su condición de “vanguardia”. Ciertamente la ponía en jaque, pero no por “imponerse”, sino porque reclamaba –de hecho abrir las compuertas de la política al conjunto de actores sociopolíticos. Sin embargo, lejos de ello, la nueva realidad abrió cauces a una nueva fractura: entre los partidos de izquierda y los movimientos indígenas y sociales, fractura que se expresa en sus articulaciones locales, nacionales y continentales, y que ha dado lugar a la formación y permanencia, por un lado, del Foro de San Pablo (sin movimientos) y, por otro, del Foro Social Mundial (sin partidos).
Construir un foro continental de articulación socio-política
En este sentido, el desafío es –además de mantener los espacios específicos constituidos , construir ámbitos de articulación, coordinación y conducción política conjunta entre los actores sociales y políticos, dando pasos concretos que impulsen los procesos de conformación constitución del sujeto sociopolítico colectivo, en cada país y también en el ámbito continental. Y esto poco y nada tiene que ver con la actual propuesta-invitación del Foro de Sao Paulo a los movimientos sociales para que se agrupen y constituyan “un capitulo” en el seno del Foro.
Tanto para partidos de izquierda como para movimientos sociales es tiempo de superar fragmentaciones y rivalidades estériles. No se trata de quién es “mejor”. Las críticas a los partidos de izquierda no persiguen su desaparición, ni su sustitución por los movimientos; no se trata de una actitud “contra los partidos”, aunque posiblemente algunos sectores así lo entiendan. Lo importante en este aspecto es tomar conciencia de que las rémoras emergen de las prácticas cotidianas de cada sector (político y social) y que, por tanto, es desde ahí que empieza a construirse el cambio: en las dinámicas e interrelaciones cotidianas entre partidos de izquierda y movimientos indígenas y sociales, construyendo conjuntamente, en cada lugar, las convergencias: mesas de trabajo colectivo, interconsultas, propuestas intersectoriales, coordinaciones, etc. No hay forma de aprender a articular y coordinar como no sea articulando y coordinando. Vale decir que este es también el camino de la cimentación de confianzas mutuas, aspecto que –en el quehacer político actual , ocupa un lugar central.
El desafío político de la articulación va más allá de una asignación de roles y delimitación de espacios entre partido y movimientos. Articular a los diversos sectores y actores sociopolíticos, implica también articular sus problemáticas aparentemente inconexas entre sí, sus identidades y subjetividades, sus modos y caminos diversos de participación política, que nace en el quehacer de las comunidades campesinas y se extiende hasta las redes sociales virtuales. No es una suma, es una multiplicación. Y ello solo puede lograrse a partir de la participación plena de todos y cada uno de los actores sociales y políticos.
Articular alude a reunión, pero en lo que hace a la construcción de un sujeto político colectivo, esa reunión supone construir las convergencias en aspectos claves articuladores, que conjugados ponen al descubierto el origen social sistémico de los problemas de unos y otros, y buscan caminos conjuntos para encaminarse a su superación, solución etc., impulsando procesos de cambio social. Pero esto no cabe en una concepción que sostiene criterios y prácticas de relación vertical y jerárquica, en la que los partidos confunden capacidad de dirección política, con que sean ellos los que deciden, los que dicen qué y cómo.
Por eso para la izquierda partidaria el mensaje de las movilizaciones sociales y la presencia multitudinaria de jóvenes en las calles, es claro: urge quitarse las viejas anteojeras acerca de la política y sus actores protagonistas, acerca de los modos y ámbitos de de interrelación, de creación de conocimientos, propuestas y programas políticos.
Un nuevo tipo de conducción política es necesaria
Es vital dar cuerpo a modalidades de interrelación horizontal entre partidos y movimientos; estas apuntan a transformar precisamente el viejo esquema jerárquico piramidal. Lo horizontal no alude a una forma organizativa ni la propone; es un principio de igualdad de capacidades entre actores-sujetos, en aras de construir una interrelación dialogal entre pares. Este principio ha sido hasta ahora subestimado y desestimado por los partidos de izquierda, quienes redujeron el planteamiento de horizontalidad a una cuestión morfológica y, sobre esa base, la desecharon por considerarla: basista, espontaneísta, anarquista, etc., todo, menos pensar en modificar los arcaicos esquemas partidarios para ponerlos a tono con la realidad de los sujetos político-sociales, con sus modalidades de existencia y organización, y con las tareas político-sociales-culturales que reclama la transformación raizal (desde abajo) de la sociedad capitalista en el presente.
La interrelación plural horizontal no es el problema, sino la fragmentación, la sectorialización de las luchas y sus actores, y la transición defensiva de éstos hacia grupos reivindicativos-corporativos.
Superar la fragmentación social, política, cultural y de conciencia: construir la subjetividad política colectiva común
Las instancias organizativas articuladoras son importantes, pero trascender la fragmentación (social, política, cultural y de conciencia) implica la simultanea y permanente construcción de una subjetividad colectiva que se proyecta políticamente en las propuestas comunes en función de cambios sociales. Si no se construye simultáneamente con las articulaciones coyunturales, una subjetividad política colectiva para el cambio social que sitúe e identifique a todos en un mismo afán político-social, la fragmentación, las miradas sectoriales y las apetencias corporativas no se superarán.
Construir el sujeto colectivo del cambio
Los procesos de cambio abiertos en Indo-afro-latinoamérica reclaman articulaciones sociopolíticas de nuevo tipo: horizontales, plurales, interculturales, dinámicas, como camino de (auto)constitución de los actores-sujetos en sujeto colectivo. Vale tener presente también la emergencia o maduración de nuevos actores sociopolíticos y sus demandas, aspiraciones y propuestas. Por ello reconstruir permanentemente la subjetividad colectiva común y las articulaciones es una constante en las tareas democratizadoras revolucionarias.
Todas ellas apuntalan un objetivo central: la construcción (permanente) de la fuerza social y política de liberación, sujeto político colectivo de los cambios en procesos de revolución democrático-cultural hacia un nuevo modelo civilizatorio. Esto significa, en apretada síntesis, articular una fuerza político-social de liberación que abarque lo parlamentario-institucional, pero sin limitarse a ello.
La conducción política del proceso revolucionario reclama la articulación unificada, colectiva y común de ámbitos para los quehaceres parlamentarios y extraparlamentarios: es la fuerza sociopolítica colectiva articulada la que se desdobla y crea su fuerza político electoral, que es parte del conjunto de fuerzas sociopolíticas del cambio raizal del mundo y constructora de la nueva civilización, o sea, en este sentido, la fuerza social, política y cultural de liberación.
Isabel Rauber. Pensadora latinoamericana. Estudiosa de los procesos de construcción de poder popular desde abajo en indo-afro-latinoamerica. Profesora universitaria. Pedagoga política. Doctora en Filosofía.
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