“El mundo ya ingresó en la segunda fase de la crisis”
Jornal da Unicamp
| Traducido del portugués para Rebelión por Rodrigo Alonso |
El economista
francés Gérard Duménil es autor de varios libros y ensayos sobre el
capitalismo contemporáneo. Este año publicó, en colaboración con
Dominique Lévy, el libro The crisis of neoliberalism (Harvard University
Press, 2011). Duménil estuvo en la Unicamp para una conferencia sobre
la crisis actual en el Centro de Estudos Marxistas (Cemarx), en el marco
del programa de pos-graduación en ciencia política del Instituto de
Filosofía e Ciências Humanas (IFCH) de la Unicamp. En la ocasión,
concedió la entrevista que sigue al politólogo Armando Boito Júnior,
professor titular del IFCH.
Jornal da Unicamp – Usted viene
investigando el capitalismo neoliberal hace mucho tiempo. En su
análisis, ¿cómo se debe caracterizar la etapa actual del capitalismo?
Gérard
Duménil – El neoliberalismo es la nueva etapa en la cual ingresó el
capitalismo luego de la transición de los años 70 y 80. Con Dominique
Lévy hablamos de un nuevo “orden social”. Con esa expresión nosotros
designamos la nueva configuración de poderes relativos entre las clases
sociales, dominaciones y compromisos. El neoliberalismo se caracteriza,
de ese modo, por el refuerzo del poder de las clases capitalistas en
alianza con la clase de los gerentes (cuadros), sobretodo las cúpulas de
las jerarquías sociales y de los sectores financieros.
En el
transcurso de los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las
clases capitalistas vieron disminuir su poder e ingresos en la mayoría
de los países. Simplificando, podríamos hablar de la existencia de un
orden “socialdemócrata” durante ese período. Las circunstancias creadas
por la crisis de 1929, la Segunda Guerra Mundial y la fuerza
internacional del movimiento obrero habían conducido al establecimiento
de ese orden social relativamente favorable al desarrollo económico y a
la mejoría de las condiciones de vida de las clases populares (obreros y
empleados subalternos). El término “socialdemócrata” para caracterizar
ese orden social se aplica, evidentemente, mejor a Europa que a los
Estados Unidos.
Con el establecimiento del nuevo orden social
neoliberal, el funcionamiento del capitalismo fue radicalmente
transformado: una nueva disciplina fue impuesta a los trabajadores en
materia de condiciones de trabajo, poder de compra, protección social,
etc., además de la desregulación (fundamentalmente financiera), apertura
de las fronteras comerciales y la libre movilidad de capitales en el
plano internacional (libertad de invertir en el exterior). Esos dos
últimos aspectos colocaron a todos los trabajadores del mundo en una
situación de competencia entre sí, cualesquiera sean los niveles de
salarios en los diferentes países.
En el plano de las relaciones
internacionales, los primeros decenios de posguerra, todavía en el
antiguo orden “socialdemócrata”, fueron marcados por prácticas
imperialistas de los países centrales: en el plano económico, presión
sobre los precios de las materias primas y exportación de capitales; en
el plano político, corrupción, subversión y guerra. Con la llegada del
neoliberalismo, las formas imperialistas fueron renovadas. Es difícil
juzgar en términos de intensidad y hacer comparaciones. En términos
económicos, la explosión de las inversiones directas en el extranjero en
la década de 1990 ciertamente multiplicó el flujo de ganancias extraído
de los países periféricos por las clases capitalistas del centro. El
hecho de que los países de la periferia desearan recibir esas
inversiones no cambia en nada la naturaleza imperialista de esas
prácticas, se sabe que todos los trabajadores “desean” ser explotados a
estar desempleados.
Cuando a mediados de los años 90, nosotros
introducimos esa interpretación del neoliberalismo en términos de clase,
ella suscitó poco interés. Luego, la explosión de las desigualdades
sociales dio a esa interpretación la fuerza de la evidencia. La
particularidad del análisis marxista es la referencia a las clases más
que a los grupos sociales. Ese carácter de clase está inscripto en todas
las prácticas neoliberales e incluso los keynesianos de izquierda se
expresan, ahora, en esos términos. Cierta negativa a esta interpretación
sin embargo, aún se mantiene; muchos no aceptan el papel importante que
le atribuimos a los gerentes (cuadros) en el orden social neoliberal.
Entre
los marxistas se continua rechazando que el control de los medios de
producción en el capitalismo moderno es asegurado conjuntamente por las
clases capitalistas y por la clase de los gerentes, lo que hace de ésta
última un segundo componente de las clases superiores. Esa negativa es
aún más desconcertante cuando se tiene en mente que los ingresos de las
categorías superiores de los gerentes en el neoliberalismo aumentaron
aún más que los ingresos de los capitalistas.
JU – Para
algunos autores, el neoliberalismo fue un ajuste inevitable provocado
por la crisis fiscal del Estado; para otros fue el resultado, también
inevitable, de la globalización.
Gérard Duménil – La
explicación del neoliberalismo por la “crisis fiscal” y frecuentemente
también por la inflación es la explicación de la derecha; es una defensa
de los intereses capitalistas. Ella especula con las inconsistencias de
los bloques políticos que dirigían el orden social de posguerra. Estos
bloques habrían sido incapaces de gestionar la crisis de los años 70 y
entonces desembocamos en el neoliberalismo. Pasa lo mismo con la
explicación que presenta al neoliberalismo como consecuencia de la
globalización. Ese argumento invierte las causalidades. Lo que el
neoliberalismo hace es orientar la globalización, una tendencia antigua,
para nuevas direcciones y acelerar su curso, abriendo la vía para la
“globalización neoliberal”. El movimiento altermundista luchó por otra
globalización, solidaria, y no basada en la explotación en provecho de
una minoría.
JU – Usted acaba de publicar, en conjunto
con su colega Dominique Lévy, un libro sobre la crisis económica actual.
Según su análisis, ¿cuál es la naturaleza de esta crisis?
Gérard
Duménil – La crisis actual es una de las cuatro grandes crisis – crisis
estructurales – que el capitalismo atravesó desde el final del siglo
XIX: la crisis de la década de 1890, la crisis de 1929, la crisis de la
década de 1970 y la crisis actual, iniciada en 2007/2008. Esas crisis
son episodios de perturbación de una duración de cerca de una decena de
años (al menos las tres primeras). Ellas ocurren con una periodicidad de
cerca de 40 años y separan los órdenes sociales a los que me referí en
la respuesta a la primera pregunta. La primera y la tercera de estas
crisis, las de las décadas de 1890 y 1970, siguen a períodos de caída en
la tasa de ganancia y pueden ser designadas como crisis de
rentabilidad. Las otras dos crisis, la de 1929 y la actual, nosotros las
designamos como “crisis de hegemonía financiera”. Son grandes
explosiones que ocurren a partir de prácticas de las clases superiores
que buscan el aumento de sus ingresos y sus poderes. Los dispositivos
centrales del neoliberalismo están aquí en acción: desregulación
financiera y globalización. El primer aspecto es evidente, pero la
globalización fue también, como voy a indicar, un factor clave de la
crisis actual.
Caída de la tasa de ganancia y explosión
descontrolada de las prácticas de las clases capitalistas son dos
grandes tipos de explicación de las grandes crisis en la obra de Marx.
El primer tipo es bien conocido. En el Libro III del El Capital, Marx
defiende la tesis de la necesidad del cambio tecnológico en el
capitalismo, la dificultad de aumentar la productividad del trabajo sin
realizar inversiones muy costosas, lo que Marx describe como “aumento de
la composición orgánica del capital”.
Nótese que Marx refuta
explícitamente que la caída de la tasa de ganancia se deba al aumento de
la competencia (la segunda gran explicación para las crisis ya aparece
esbozada en los escritos de Marx de la década de 1840.) En el Manifiesto
del Partido Comunista, Marx describe a las clases capitalistas como
aprendices de brujo, las cuales desarrollan mecanismos capitalistas
sobre formas y en grados peligrosos y pierden, finalmente, el control
sobre las consecuencias de sus actos. Los aspectos financieros de la
crisis actual remiten directamente a los análisis del “capital
ficticio”, que Marx desarrolla largamente en el Libro II de El Capital y
que ya estaban presentes de cierta forma en el propio Manifiesto. De
una manera bien extraña, algunos marxistas sólo aceptan la explicación
de las grandes crisis por la caída de la rentabilidad, excluyendo
cualquier otra explicación.
Pero la crisis actual no es una
simple crisis financiera. Es la crisis de un orden social insostenible,
el neoliberalismo. Esta crisis, en el centro del sistema, debería
acontecer de cualquier modo un día u otro, pero ella llegó de una manera
bien particular en 2007/2008, en los Estados Unidos. Dos tipos de
mecanismos convergieron. Encontramos, por un lado, la fragilidad
inducida en todos los países neoliberales a raíz de las prácticas de
financierización y de globalización (marcadamente financiera), motivada
por la búsqueda desenfrenada de rendimientos crecientes por parte de las
clases superiores y reforzada por la negativa a la regulación. El banco
central de los EE.UU., en particular, perdió el control de las tasas de
interés y la capacidad de conducir políticas macroeconómicas como
resultado de la globalización financiera. Por otra parte, la crisis fue
el efecto de la trayectoria económica estadounidense, una trayectoria de
desequilibrios acumulativos, que los EE.UU. pueden mantener debido a su
hegemonía internacional, contrariamente a Europa, que considerada en su
conjunto, no conoce tales desequilibrios.
Desde 1980, el ritmo
de acumulación de capital en los EE.UU. se desaceleró en su propio
territorio a la vez que crecían las inversiones directas en el exterior.
A esto es necesario sumarle: un déficit creciente de comercio exterior,
un gran aumento del consumo (de parte de las sectores más favorecidos) y
un endeudamiento igualmente creciente de las familias. El déficit de
comercio exterior (el exceso de importaciones frente a las
exportaciones) alimentaba un flujo de dólares para el resto del mundo
que tenía como única utilización la compra de títulos estadounidenses,
llevando al financiamiento de la economía norteamericana por parte de
agentes extranjeros.
Por razones económicas que no explicaré
aquí, el crecimiento de esa deuda externa debía ser compensado por
aquella deuda interna, la de las familias y la del Estado, a fin de
sostener la actividad en el territorio del país. Eso fue hecho alentando
el endeudamiento de las familias por medio de la política crediticia y
la desregulación. El endeudamiento del gobierno podría haber
substituido al endeudamiento de las familias, pero eso iba contra las
prácticas neoliberales anteriores a la crisis. Los acreedores de las
familias (bancos y otros) no conservaron los créditos creados, los
revendieron bajo la forma de títulos (obligaciones), de los cuales,
aproximadamente la mitad, fue comprada por el resto del mundo.
De
tanto prestar a las familias por encima de la capacidad de éstas de
saldar sus deudas, los incumplimientos se multiplicaron desde inicios de
2006. La desvalorización de esos créditos desestabilizó el frágil
edificio financiero, en los EE.UU. y en el mundo, sin que el banco
central de los Estados Unidos estuviese en condiciones de restablecer
los equilibrios en un contexto de desregulación y de globalización que
el mismo había favorecido. Ese fue el factor desencadenante, pero no el
fundamental de la crisis, combinación de factores financieros (la locura
neoliberal en esa esfera) y reales (la globalización, el sobre-consumo
estadounidense y su déficit de comercio exterior).
JU –
Usted planteó en sus conferencias en Brasil que la crisis económica
habría entrado en una segunda fase. ¿Cómo se viene desarrollando la
crisis?
Gérard Duménil – El mundo ya ingresó en la segunda
fase de la crisis. Es fácil comprender las razones. La primera fase
alcanzó su pico en otoño de 2008, cuando cayeron las grandes
instituciones financieras estadounidenses, comenzó la recesión y la
crisis se propagó para el resto del mundo. Las lecciones de la crisis de
1929 fueron bien aprendidas. Los bancos centrales intervinieron
masivamente para sostener las instituciones financieras (por miedo a una
reiteración de la crisis bancaria de 1932) y los déficits
presupuestarios de los Estados alcanzaron niveles excepcionales. Pero
esas medidas keynesianas, estimulando la demanda, sólo podían lograr la
sostenibilidad económica temporaria de la actividad. Los gobiernos de
los países del centro todavía no tomaron conciencia del carácter
estructural de la crisis. Ellos actúan como si la crisis fuese
únicamente financiera y ya estuviese superada; mientras tanto, las
medidas keynesianas sólo permitieron ganar tiempo. Ninguna medida
antineoliberal seria fue tomada en los países del centro. Son apenas
políticas que buscan reforzar la explotación de las clases populares.
En
los Estados Unidos, la administración de Barack Obama elaboró una ley,
la ley Dodd-Frank, para reglamentar las prácticas financieras, pero los
republicanos bloquearon completamente su aplicación. En otras esferas,
como gestión de empresas, exportaciones, déficit de comercio exterior,
nada fue hecho. En Europa, la crisis no es identificada con la crisis
del neoliberalismo. Alemania es presentada como la prueba de la
solvencia del camino neoliberal. La crisis es imputada a la incapacidad
de gestión de ciertos Estados, principalmente el griego y el portugués.
En
todas partes, la derecha retomó la ofensiva. Ella se aferra a la
cuestión de los déficits presupuestarios y la magnitud elevada de las
deudas públicas. Finge no ver que la austeridad presupuestaria, además
de representar una transferencia del peso de la deuda para las clases
populares, no puede sino provocar la recaída en una nueva contracción de
la actividad. Esta es la segunda fase de la crisis pero no la última.
La nueva recaída recesiva hará necesario nuevas políticas.
Contrariamente a Europa, los Estados Unidos se lanzan masivamente al
financiamiento directo de la deuda pública por el banco central. Muy a
pesar de la derecha, más medidas serían necesarias. Nosotros tenemos
dificultades en ver como Europa podrá escapar de esto.
JU
– Es sabido que la crisis económica afectó en mayor medida, por lo
menos hasta ahora, a los EE.UU y Europa. En la década de los 90, por el
contrario, las crisis económicas fueron más fuertes en la periferia.
¿Por qué esa diferencia? ¿Cómo la crisis actual se manifiesta en las
diferentes regiones del globo?
Gérard Duménil – Hasta la
segunda mitad de la década de 1990, el neoliberalismo produjo estragos
en el mundo, principalmente en América Latina y en Asia. Mismo hoy, las
tasas de crecimiento en América Latina permanecen inferiores a aquellas
de los primeros decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, y eso a
pesar de la reducción masiva de los salarios reales, los cuales, en
algunos países de la región, fueron reducidos a la mitad desde la crisis
de 1970. En la década de 1990, y en 2001 en Argentina, el desarrollo
del neoliberalismo provocó grandes crisis, de las cuales la crisis
argentina es un ejemplo emblemático.
El mundo entró ahora en una
fase nueva. La transición al neoliberalismo provocó una suerte de
“divorcio” en los países del centro entre los intereses de las clases
superiores y los del país como territorio económico. El caso de los
EE.UU. es espectacular. Como decía, las grandes empresas de ese país
invierten cada vez menos en su territorio y cada vez más en el resto del
mundo. La globalización llevó a una deslocalización de la producción
industrial para las periferias: Asia, América Latina e incluso algunos
países del África Subsahariana.
JU – Las políticas
propuestas por los dos grandes de la Unión Europea para superar la
crisis repiten las fórmulas neoliberales. Los mercados intimidan los
gobiernos; Sarkozy y Merkel exigen más y más recortes presupuestarios.
¿Por qué insisten en una política que, para muchos observadores, está en
el origen de la crisis? ¿Qué resultado puede producir la aplicación de
tales políticas?
Gérard Duménil – Yo de ninguna manera pienso
que la falta de rigor presupuestario haya sido una de las causas de la
crisis. Eso se la expresión de una creencia keynesiana ingenua, tan
ingenua como la creencia en la capacidad de esas políticas para permitir
la salida de la crisis sin tener en cuenta las necesarias
transformaciones antineoliberales. Incluso, en este contexto, las
políticas que buscan erradicar los déficit no impidieron una nueva caída
en la producción.
JU – Muchos analistas han destacado
que los partidos, sean de derecha o de izquierda, no se diferencian
demasiado en sus propuestas para enfrentar la crisis. Además, en varios
países europeos, como Inglaterra, España y Portugal, la derecha fue
electoralmente favorecida por la crisis económica. ¿Los movimientos
sociales podrían construir una alternativa de poder? ¿Cuál podría ser un
programa popular para enfrentar la crisis actual?
Gérard
Duménil – Aún no hemos hablado de los aspectos políticos del
neoliberalismo. La alianza de la cúpula de las jerarquías sociales entre
la clase capitalista y la de los gerentes (cuadros) logró, por diversos
mecanismos, apartar a las clases populares de la política. Quiero
decir: las apartó del juego de los partidos y los grupos de presión.
Para las clases populares sólo quedó la lucha en la calle.
Es
preciso hacer entrar en escena a los grupos sociales que se encuentran
en la “periferia” de las clases de los gerentes (cuadros): los
intelectuales y los políticos profesionales. En el compromiso social de
pos Segunda Guerra, fracciones relativamente importantes de esos grupos
eran partidarias de la alianza con las clases populares (a las cuales no
pertenecían). En el contexto del colapso del movimiento obrero mundial,
las clases capitalistas lograron, en el neoliberalismo, sellar una
alianza con las clases de los gerentes, utilizando el recurso de la
remuneración principalmente, conduciendo gradualmente esos grupos
periféricos (la universidad aporta ejemplos ilustrativos sobre este
fenómeno) en el emprendimiento de conquista social del neoliberalismo.
La proporción de grupos sociales motivados por una alianza con las
clases populares se redujo considerablemente, quedando reducida a
algunos grupos de “iluminados”, grupos a los cuales yo mismo pertenezco.
El sufrimiento de las clases populares no llega al grupo de
los gerentes y, en el plano político, ya no existe ningún gran partido
de izquierda. En Francia, ya sabemos en lo que se convirtió el Partido
Socialista, completamente ganado por la “globalización”, un término
usado para ocultar el neoliberalismo. Algo semejante podríamos decir de
los demócratas en los EE.UU. y dejo para ustedes juzgar la situación de
Brasil al respecto.
La vida política se reduce a la alternancia
entre dos partidos no equivalentes; pero el partido que se dice de
izquierda es incapaz de proponer una alternativa, por no hablar de su
capacidad para implementarla. El voto se reduce a aquello que nosotros
en Francia llamamos “voto castigo”. La derecha sucede a la izquierda en
España, por ejemplo, porque la izquierda estaba en el poder durante la
crisis; la derecha no tiene, evidentemente, ninguna capacidad superior
para gestionar la crisis.
JU – Muchos observadores han
planteado la posibilidad de que el euro se extinga. ¿Usted cree que eso
podría ocurrir? De acuerdo a su análisis, ¿cuáles serían los resultados
más probables de la crisis actual?
Gérard Duménil – Es
posible que algunos países salgan de la zona euro. Eso no resolverá el
problema de sus deudas, la cual se tornaría impagable luego de la
desvalorización de la nueva moneda sustituta del euro. El problema es el
del cancelamiento de la deuda o de su adopción por el banco central. La
crisis de la deuda afectó ahora los países del centro de Europa, será
necesario que éstos tomen conciencia de la amplitud y de la verdadera
naturaleza del problema.
Esto nos remite a las características
de aquello que llamamos la “tercera fase de la crisis”. ¿Cuáles
políticas serán adoptadas frente a la nueva recesión? ¿Cómo será
digerida la crisis en Italia y luego en Francia? ¿Cómo Alemania
responderá a la presión de los “mercados” (las instituciones financieras
internacionales)? Una cosa sabemos: esas deudas no deben ser pagadas,
lo que exige su transferencia fuera de los bancos o una fuerte
intervención en su gestión.
Ahora, ¿el punto fundamental es la
voluntad de los gobiernos de los países más poderosos de Europa,
principalmente Alemania, de reforzar la integración europea (en vez de
acabar con la zona euro), que se opone a la voluntad de
“desglobalización” de algunos? Ese debate oculta la cuestión central:
¿Cuál Europa? ¿Una Europa de las clases superiores o la de un nuevo
compromiso de izquierda?
Fuente:
http://www.unicamp.br/unicamp/unicamp_hoje/ju/dezembro2011/ju516_pag67.php#
Gérard
Duménil, economista marxista francés y miembro de ATTAC, es autor de
varios libros y ensayos sobre el capitalismo contemporáneo. Esta año
publicó, en colaboración con Dominique Lévy, el libro The crisis of
neoliberalism (Harvard University Press, 2011).