Desde 2010, la mayor
parte de los dirigentes políticos en los países más fuertes de la zona
euro, apoyados por los medios dominantes, alaban los méritos de su
supuesta generosidad con respecto al pueblo griego y a otros países
fragilizados de la zona euro que están en la primera plana de la
actualidad (Irlanda, Portugal, España…). En este contexto, los llamados
«planes de rescate» originan medidas que continúan hundiendo cada vez
más la economía de los países receptores y que propugnan retrocesos
sociales inéditos durante los últimos 65 años en Europa. A esto se
agrega la estafa del plan de reducción de la deuda griega adoptado en
marzo de 2012, que implica una reducción de las acreencias debidas por
Grecia a los bancos privados del orden del 50 % /1 mientras que estas
mismas acreencias ya habían perdido entre el 65 y el 75 % de su valor en
el mercado secundario. La reducción de las acreencias de los bancos
privados está compensada por un aumento de las acreencias públicas en
manos de la Troika y lleva a nuevas medidas de una brutalidad y de una
injusticia fenomenal. Este acuerdo de reducción de la deuda tiene por
fin encadenar definitivamente al pueblo griego a una austeridad
permanente, pero también constituye un insulto y una amenaza para todos
los pueblos de Europa y del mundo. Según los servicios de estudios del
FMI, en 2013 la deuda pública griega representará el 164 % del Producto
Interior Bruto, es decir que la reducción anunciada en marzo de 2012 no
llevará a un alivio real y durable de la carga de la deuda que pesa
sobre el pueblo griego. Dada esta situación, Alexis Tsipras, en una
visita al Parlamento Europeo el 27 de septiembre de 2012, señaló la
necesidad de una verdadera iniciativa de reducción de la deuda griega y
se refirió a la anulación de una gran parte de la deuda alemana en el
marco del acuerdo de Londres de febrero de 1953. Recordemos este
acuerdo.
El acuerdo de Londres de 1953 sobre la deuda alemana
El
radical alivio de la deuda de la República Federal Alemana (RFA) y su
rápida reconstrucción después de la segunda guerra mundial fueron
posibles gracias a la voluntad política de sus acreedores, es decir,
Estados Unidos y sus principales aliados occidentales (Reino Unido y
Francia) dentro del marco de la guerra fría. En octubre de 1950, estos
tres aliados formularon un proyecto en el que el gobierno federal alemán
reconocía la existencia de deudas de los períodos anterior y posterior a
la guerra. Además agregaban una declaración que estipulaba que "los
tres países están de acuerdo en que el plan prevea una liquidación
adecuada para Alemania de las exigencias, cuyo efecto final no debe
desequilibrar la situación financiera de la economía alemana por
repercusiones indeseables ni afectar excesivamente las reservas
potenciales de divisas. Los tres países están convencidos de que el
gobierno federal alemán comparte su posición y que la restauración de la
solvencia alemana irá acompañada de un reembolso adecuado de la deuda
alemana que asegure a todos los participantes una negociación justa que
tenga en cuenta los problemas económicos de Alemania". /2
La
deuda reclamada a Alemania correspondiente al período anterior a la
guerra se elevaba a 22.600 millones de marcos incluidos los intereses.
La deuda de la posguerra se estimaba en 16.200 millones de marcos. Por
un acuerdo alcanzado en Londres el 27 de febrero de 1953 /3, estos
montos se redujeron a 7.500 millones y 7.000 millones de marcos,
respectivamente. /4 Lo que representó una reducción del 62,6 %.
El
acuerdo establecía la posibilidad de suspender los pagos y renegociar
las condiciones de éstos si se presentaba un cambio substancial que
limitara la disponibilidad de recursos. /5
Para garantizar que la
economía de Alemania occidental realmente se relanzara y constituyera
un elemento estable y central en el bloque atlántico frente al bloque
del Este, los aliados acreedores hicieron grandes concesiones a las
autoridades y empresas alemanas, que fueron mucho más allá de la
reducción de la deuda. Se partía del principio de que Alemania debía
estar en condiciones de reembolsar la deuda manteniendo un alto nivel de
crecimiento y una mejora de las condiciones de vida de la población.
Pagar sin empobrecerse. Con este fin, los acreedores acordaron:
1.-
Que Alemania reembolsara en su moneda nacional, el deutshe mark, lo
esencial de la parte que se le reclamada. En forma marginal, reembolsara
en divisas fuertes (dólares, francos suizos, libras esterlinas…).
2.-
Que al comienzo de los años cincuenta, mientras el país todavía tenía
una balanza comercial negativa (el valor de las importaciones es mayor
que el de las exportaciones), las potencias acreedoras aceptaban que
Alemania redujera sus importaciones puesto que podía producir muchos
bienes que antes importaba. Al permitir que Alemania sustituyera
importaciones por bienes de producción propia, los acreedores aceptaban
reducir sus exportaciones hacia este país. En el período 1950-1951, el
41 % de las importaciones alemanas provenían del Reino Unido, de Francia
y de Estados Unidos. Si se suma a esta cifra la parte de las
importaciones provenientes de otros países acreedores participantes de
la conferencia (Bélgica, Países Bajos, Suecia y Suiza), la suma total
llegaba hasta el 66 %.
3.- Que los acreedores autorizaban que
Alemania vendiera sus productos en el extranjero, estimulando incluso
sus exportaciones, con el fin de conseguir una balanza comercial
positiva. Estos diferentes elementos estaban consignados en la
declaración antes mencionada. "La capacidad de pago de Alemania, a sus
deudores privados y públicos, no significa sólo la capacidad de efectuar
los pagos regularmente en marcos alemanes sin consecuencias
inflacionarias, sino también que la economía del país pueda cubrir sus
deudas teniendo en cuenta su balanza de pagos actual.
El
establecimiento de la capacidad de pago de Alemania requería hacer
frente a ciertos problemas que eran: 1) la futura capacidad productiva
con una consideración particular sobre la capacidad productiva de bienes
exportables y la capacidad para la sustitución de importaciones; 2) la
posibilidad de vender mercaderías alemanas en el exterior; 3) las
probables condiciones de comercio en el futuro; 4) las medidas fiscales y
económicas internas necesarias para asegurar un superávit para
exportar. "/6
Además, en caso de litigio con los acreedores, en
general, los tribunales alemanes eran competentes. Se dice,
explícitamente, que, en ciertos casos, "los tribunales alemanes podrán
rechazar la ejecución […] la decisión de un tribunal extranjero o de una
instancia arbitral." Es el caso, cuando «la ejecución de la decisión
sería contraria al orden público», (p.12 del Acuerdo de Londres).
Otro
elemento muy importante: el servicio de la deuda se fijaba en función
de la capacidad de pago de la economía alemana, teniendo en cuenta los
adelantos en la reconstrucción del país y los ingresos por exportación.
Así, la relación entre servicio de la deuda e ingresos por exportación
no debía superar el 5 %. Esto quiere decir que Alemania occidental no
debía dedicar más de una vigésima parte de sus ingresos por exportación
al pago de su deuda. En la práctica, Alemania no destinó jamás más del
4,2 % de estos ingresos al pago de la deuda (cifra alcanzada en 1959).
Y otra medida excepcional fue la aplicación de una reducción drástica del tipo de interés, que osciló entre 0 % y 5 %.
Las
potencias occidentales le brindaron a Alemania del Oeste una ofrenda de
un enorme valor económico: el artículo 5 del acuerdo firmado en Londres
postergaba el pago de las reparaciones y de las deudas de guerra -tanto
de la primera como de la segunda guerra mundial- que la República
Federal Alemana debía a los países ocupados, anexados o agredidos, así
como a sus poblaciones.
Finalmente, hay que tener en cuenta las
donaciones en dólares de Estados Unidos a Alemania occidental: 1.173, 7
millones de dólares en el marco del Plan Marshall, entre el 3 de abril
de 1948 y el 30 de junio de 1952 (o sea, cerca de 10.000 millones de
dólares actuales). A los cuales se agregaban, por lo menos, 200 millones
de dólares (cerca de 2.000 millones de dólares actuales), entre 1954 y
1961, principalmente a través de la Agencia Internacional de Desarrollo
de Estados Unidos (USAID).
Gracias a esas condiciones
excepcionales, Alemania occidental se recuperó económicamente en forma
muy rápida y terminó por absorber a Alemania del Este a comienzos de
1990. Y ahora, es por lejos, la economía más fuerte de Europa.
Alemania 1953/Grecia 2010-2012
Si
nos arriesgamos a hacer una comparación entre el tratamiento al que es
sometida Grecia y el que se le reservó a Alemania después de la segunda
guerra mundial, las diferencias y la injusticia son asombrosas.
Presentamos aquí una lista no exhaustiva en 11 puntos:
1.-
Proporcionalmente, la reducción de la deuda concedida a Grecia en marzo
de 2012 es infinitamente menor que la otorgada a Alemania.
2.-
Las condiciones sociales y económicas que se incluyen en este plan (y en
los precedentes) no favorecen en absoluto el relanzamiento de la
economía griega mientras que los concedidos a Alemania contribuyeron
ampliamente en el relanzamiento de su economía.
3.- A Grecia se
le imponen privatizaciones a favor de los inversores extranjeros,
principalmente, mientras que a Alemania se la alentaba a reforzar su
control sobre los sectores económicos estratégicos, con un sector
público en pleno crecimiento.
4.- Las deudas bilaterales de
Grecia (respecto a los países que participaron en el plan de la Troika)
no se han reducido (solamente fueron las deudas con respecto a los
bancos privados) mientras que las deudas bilaterales de Alemania se
redujeron en un 60 % o más.
5.- Grecia debe reembolsar en euros a
pesar de que está en déficit comercial -y por lo tanto con una penuria
de euros- con sus socios europeos (especialmente Alemania y Francia),
mientras que Alemania reembolsaría lo esencial de sus deudas en su
propia moneda fuertemente devaluada.
6.- El Banco Central griego
no puede prestar dinero al gobierno griego mientras que el Deutsche Bank
prestaba a las autoridades alemanas y hacía funcionar (por cierto, con
moderación) la máquina de fabricar billetes.
7.- Alemania estaba
autorizada a no disponer más del 5 % de sus ingresos por exportación al
pago de la deuda mientras que ningún límite se le ha fijado a Grecia.
8.-
Los nuevos títulos de la deuda griega, que reemplazan a los antiguos
debidos a los bancos, no responden más a la competencia de los
tribunales griegos, sino que son competencia de las jurisdicciones de
Luxemburgo y del Reino Unido –y bien sabemos cómo son favorables a los
acreedores privados–, mientras que los tribunales de Alemania (la
antigua potencia agresora) tenían esa competencia.
9.- En materia
de reembolsos de la deuda exterior, los tribunales alemanes podían
rechazar la ejecución de las sentencias de los tribunales extranjeros o
de los tribunales arbitrales en el caso en que su aplicación amenazara
el orden público. En Grecia, la Troika rechazó, por supuesto, que los
tribunales griegos pudieran invocar razones de orden público para
suspender el reembolso de la deuda. Ahora bien las enormes protestas
sociales y el surgimiento pujante de las fuerzas neo-nazis son directa
consecuencia de las medidas dictadas por la Troika y por el pago de la
deuda. De hecho, las autoridades griegas podrían perfectamente invocar
el estado de necesidad y razones de orden público para suspender el pago
de la deuda y abrogar las medidas antisociales impuestas por la Troika,
a pesar de las protestas de Bruselas, del FMI y de los «mercados
financieros» que dichos actos provocarían.
10.-En el caso de
Alemania, el acuerdo establecía la posibilidad de suspender los pagos
para poder renegociar las condiciones si se producía un cambio
substancial que limitase la disponibilidad de recursos. Nada de eso está
previsto para Grecia.
11.-En el acuerdo sobre la deuda alemana,
está explícitamente previsto que el país pudiera producir en su
territorio lo que antes importaba con el fin de alcanzar un superávit
comercial y de reforzar así a sus productores locales. En cambio, la
filosofía de los acuerdos impuestos a Grecia y las reglas de la Unión
Europea prohíben a las autoridades griegas ayudar, subvencionar y
proteger a sus productores locales, ya sea en agricultura, industria, o
servicios frente a la competencia de los otros países de la UE (que son
los principales socios comerciales de Grecia).
Se podría agregar
que Alemania, después de la segunda guerra mundial, recibió donaciones
en una cantidad considerable, especialmente, como ya vimos, en el marco
del Plan Marshall.
Se puede comprender por qué el líder de
Syriza, Alexis Tsipras, hace referencia al acuerdo de Londres de 1953
cuando se dirige a la opinión pública europea. La injusticia con la que
es tratado el pueblo griego (así como los otros pueblos cuyas
autoridades siguen las recomendaciones de la Troika) debe despertar la
conciencia de una parte de la opinión pública. Pero no alberguemos
ilusiones, las razones que empujaron a las potencias occidentales a
tratar Alemania del Oeste de la manera que lo hicieron después de la
segunda guerra mundial no son de recibo en el caso griego.
Para
conseguir una verdadera solución al drama de la deuda y de la
austeridad, serán necesarias más y más potentes movilizaciones sociales
en Grecia y en el resto de la Unión Europea así como el ascenso al poder
de un gobierno popular en Atenas. Las autoridades griegas (apoyadas por
el pueblo) deberán realizar un acto unilateral de desobediencia como es
la suspensión del reembolso de la deuda y abrogación de las medidas
antisociales. Esto forzaría a los acreedores a hacer concesiones de
envergadura y finalmente se podría imponer la anulación de la deuda
ilegítima. La realización, a escala popular, de una auditoría ciudadana
de la deuda griega debe servir a preparar el terreno.
Eric
Toussaint es doctor en ciencias políticas, presidente del Comité para
la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo –CADTM- de Bélgica, www.cadtm.org,
miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia). Damien Millet y Eric
Toussaint han dirigido el libro colectivo La Deuda o la Vida (Editorial
Icaria, Economía, ISBN: 9788498883848, Año Publicación: 2011, páginas:
336, que recibió el Prix du livre politique à la Foire du livre
politique de Liège en 2011).
Notas:
1/
Las acreencias de los bancos privados sobre Grecia pasaron, más o
menos, de 200.000 a 100.000 millones de euros. La deuda pública total de
Grecia sobrepasa los 305.000 millones de euros.
2/ «Deutsche Auslandsschulden», 1951, pp. 7 y sig., in Philipp Hersel, El acuerdo de Londres de 1953 (III),
http://www.lainsignia.org/2003/ener...
3/ Véase el texto completo en francés del Acuerdo de Londres 27 de febrero de 1953:
http://www.admin.ch/ch/f/rs/i9/0.94...
4/
El dólar US valía en esa época 4,2 DM. La deuda de Alemania occidental
después de la reducción (o sea, 14.500 millones de DM) equivalía a 3.450
millones de dólares.
5/ Los acreedores se negaron siempre a
incluir cláusulas de este tipo en los contratos con países en desarrollo
o países como Grecia, Portugal, Irlanda, y los de Europe centrale y
oriental.
6/ «Deutsche Auslandsschulden», 1951, pp. 64 y sig., in Philipp Hersel, El acuerdo de Londres de 1953 (IV), 8 de enero de 2003,
http://www.lainsignia.org/2003/ener...
Fuente:
http://cadtm.org/Grecia-Alemania-Quien-debe-a-quien,8390
Traducción: Griselda Piñero